Columnas
9 de Marzo de 2011
El rechazo a Piñera
El caso del Presidente Piñera, y los resultados que obtiene en las encuestas, es realmente digno de análisis. Cualquier gobernante anterior tendría una alta evaluación considerando, solamente, la excelente situación económica del país y el crecimiento del empleo; aunque ello no sea producto de acciones de gobierno sino que, fundamentalmente, del alto precio del cobre y de políticas del gobierno anterior. A ello debería sumarse el efecto de los anuncios de reformas positivas en Educación y Vivienda más el mediático rescate de los mineros.
No obstante está demostrado que las personas evalúan basándose en percepciones más que en realidades. Y aunque el contexto de los meses que lleva Piñera administrando es promisorio, la percepción, obviamente no lo es. Un 49% de rechazo es una cifra altísima; en comparación, el ministro de su gabinete con mayor rechazo alcanza el 40%.
Es claro entonces que el problema se encuentra en las características de personalidad del Presidente. Tanto así que el gobierno en general está mejor evaluado, en las encuestas, que el Presidente; con la excepción de la última de Adimark de febrero.
¿Donde falla? Muy simple: No posee, en absoluto, inteligencia emocional. Ello implica, fundamentalmente, escasez de las llamadas habilidades blandas: liderazgo, conocimiento de sí mismo, voluntad de autoevaluación, capacidad de motivar a sus colaboradores, saber relacionarse con sus pares y colaboradores, saber escuchar, formar equipos y, fundamental, poseer empatía y generar confianza.
Ahora si vamos a las cualidades de Piñera nos encontramos con que es un hombre muy inteligente, trabajador, estudioso, constante y de excelente memoria. ¿Donde falla? Muy simple: No posee, en absoluto, inteligencia emocional. Ello implica, fundamentalmente, escasez de las llamadas habilidades blandas: liderazgo, conocimiento de sí mismo, voluntad de autoevaluación, capacidad de motivar a sus colaboradores, saber relacionarse con sus pares y colaboradores, saber escuchar, formar equipos y, fundamental, poseer empatía y generar confianza. En todas ellas Piñera falla pero las que no posee ni en la más mínima cantidad son las dos últimas: empatía y generar confianza. Por mucho que haga lo inimaginable para ser simpático no lo logra. Sus esfuerzos comunicacionales no permiten que aparezca amable. Más parece un mal humorista que se sobre expone y provoca molestia, que una persona amable. Es, francamente, antipático. Y sus discursos no son malos; pero suenan falsos. En estos fallidos intentos de conectarse con los ciudadanos, de pasada, pierde la prestancia que esperamos de un Jefe de Estado.
Allí se encuentra la razón de su decreciente apoyo popular y el subsecuente aumento de los rechazos. Mientras no logré superar estas carencias de inteligencia emocional no repuntará… haga lo que haga.
El primer paso, como siempre, es que él reconozca su problema. Que realice un auto-diagnóstico, o una autoevaluación correcta.
Afortunadamente su baja popularidad no va a ser impedimento para que sea elegido un derechista como próximo Presidente de la República; tal como la alta popularidad de Bachelet no aseguró la elección de Frei.
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