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Columnas

26 de abril de 2011

¿Qué se ama cuando se ama?

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Profesor del Departamento de Estudios Humanísticos, Universidad Técnica Federico Santa María.

¿Qué se ama cuando se ama?, debe estar preguntando Gonzalo Rojas golpeando con fuerza y rudeza de voz y calma de gestos. Golpeando está las puertas de la trascendencia, y debe estar junto con otros poetas y escritores. De seguro que junto a él se encuentra Cervantes, y de pie está también don Quijote, todos emiten un grito ahogado, proferido desde lo más profundo de los seres, todos emiten la pregunta universal.

Gonzalo Rojas cambió de estado, desde ahora deberemos verlo de otra manera, otearlo de soslayo, mirarlo a lontananza. A lo raso del paisaje de la vida lo veremos caminando a paso lento, lleno de fuerza y cantando sus poemas, porque: os digo y os anuncio, el arte vence a la muerte.

El poeta de Lebu se durmió a los 93 años de edad. De seguro su trance, el de la ensoñación, fue pleno, tal vez en la quietud de su cama de hospital mientras su familia lo visitaba, iba entonando sus himnos amorosos, preparándose para que le respondieran su eterna pregunta, que viene a ser la pregunta de las artes y de la literatura.

Sí, así es. Escribimos para los otros, incluso aquel que escondido esgrafia palabras y frases, y que luego las guarda en un cajón con llaves, o las encripta en su computador con clave secreta. Ese escritor silente se flagela cuando el mismo destruye sus creaciones, quien destruye lo que ha creado, se destruye a sí mismo; abortar la creación es castrarse.

Nos instala Gonzalo Rojas frente a un trascendental, nos deja ante preguntas. Como buen humanista cumple su función de que nos hagamos preguntas, que seamos inquietos, que no nos dobleguemos ante lo que parece ser cierto.

Gonzalo Rojas no fue un castrado, su canto fue potente y definido, cantó al amor con pasión, su poesía sensual y erótica es de las más destacadas en lengua castellana,  traducida y ampliamente premiada, coronándose con el Premio Miguel de Cervantes, entregado por el Rey Juan Carlos de Borbón en 2003.

Gonzalo Rojas dictó clases en las escuelas de verano de la Universidad Técnica Federico Santa María, y cantó al primer puerto de la república diciendo con fuerza: “Perdí mi juventud en los burdeles,/ pero daría mi alma/ por besarte a la luz de los espejos/ de aquel salón, sepulcro de la carne,/ el cigarro y el vino.”

Bien dice la directora del Instituto Cervantes, Carmen Caffarel, que el vate representaba el “inconformismo, la valentía y la búsqueda de nuevos lenguajes que lo convirtieron en uno de los más reconocidos poetas chilenos del último siglo”. Bien hace el supremo gobierno declarando dos días de duelo nacional, y rindiendo homenaje a sus restos en el Palacio de Bellas Artes, pero mejor haremos nosotros cuando nos preguntemos como Gonzalo Rojas: ¿Qué se ama cuando se ama, mi Dios: la luz/ terrible de la vida/ o la luz de la muerte? ¿Qué se busca, qué se/ halla, qué/ es eso: amor? … Leamos y cantemos sin miedo su poesía.

Dice de Valparaíso: “Todo es estrecho y hondo/ en este suelo ingrávido, las flores/ crecen sobre cuchillos, boca abajo en la arena/ … /y allí sentado el Dios de los relámpagos/ como en un monte de nieve envejecido./ … Entonces corro hasta las olas, me hundo/ … en el nombre del viento, las estrellas azules,/ Valparaíso, el viento.”

Nos instala Gonzalo Rojas frente a un trascendental, nos deja ante preguntas. Como buen humanista cumple su función de que nos hagamos preguntas, que seamos inquietos, que no nos dobleguemos ante lo que parece ser cierto. El creador nos insta a no creer en las certezas, nos llama a vivir en la incertidumbre, vocación de humanista. Valparaíso es una pregunta eterna y una siempre posible respuesta. El arte vence a la muerte y desde Valparaíso Gonzalo Rojas la trasciende.


 

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