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Posteos del Día

25 de abril de 2012

Nuevos liderazgos para un nuevo Chile

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Periodista. Presidente de la Corporación para el Desarrollo de Aysén.

Uno de los chistes más iluminadores sobre la idiosincrasia nacional nos habla de la común práctica de acribillar a todo aquél que sobresalga de la media.

Cuenta la historia que un típico chileno, luego de fallecer, cae en las garras de Satanás, quien en un improvisado tour le pasea por las remozadas instalaciones infernales. Remozadas, porque a partir de un proceso de reestructuración, Belcebú y Co. han decidido agrupar a los pecadores por nacionalidad, cavando unos dos centenares de agujeros en el candente suelo y hasta donde lanzan las castigadas almas de los fallecidos. El hoyo de los chinos, el de los estadounidenses, el de los peruanos y los de todas las nacionalidades del orbe es posible encontrar desperdigados por doquier en tan humorístico Averno.

“¿Y por qué a la orilla de cada uno hay un gigante con un gran mazo en actitud vigilante?” pregunta nuestro incauto compatriota, al darse cuenta de la extraña situación. “Muy sencillo- dice Satán- como nadie en su sano juicio quiere permanecer en un agujero de tortura, es necesario tener un celador que le dé con el matillo en la cabeza a todo aquél que pretenda escapar”.

Es así que, dudas aclaradas, se dirigen hasta el agujero de los chilenos, donde contrariamente a lo explicado, no hay ni gigante ni martillo para devolver a quienes osen fugarse. “¿Y por qué acá no hay nadie?” inquiere el recién llegado. La respuesta es simple: “En vuestro agujero no se requiere. Cuando alguien trata de escapar del infierno chileno, son sus propios compatriotas que quedan atrapados quienes se encargan de tirar hacia abajo al que intenta escapar y salir a la superficie”.

Probablemente esta historia del chaqueteo no represente sólo a nuestra cultura. La crítica destemplada y a todo evento quien sobresale es posible que se dé en muchos pueblos. El problema es que en nuestros pagos le reconocemos casi como deporte nacional.

Aludo a tal impronta identitaria a propósito de la discusión sobre los efectos del Movimiento Social por Aysén. Uno claro y concreto es el nacimiento de liderazgos locales y regionales hasta ahora desconocidos. Sea por presencia mediática, capacidad organizativa, valentía demostrada en momentos de incertidumbre o capacidad de unir a muchos que piensan distinto, la cosa es que ya se está cosechando una amplia diversidad de protagonistas de la historia de Aysén.

Y el efecto asociado de tal primavera social es el argumento del chiste con el que inicio estas líneas. Ciertos príncipes de nuestro muy criollo establishment político y dirigencial (aliados a la galucha encapuchada de alias que se jura asistiendo a un circo romano) han optado directamente por el chaqueteo, el cual ejercen a través de los medios o poniendo barricadas al objetivo superior de lograr el éxito de las demandas por las que se unió la región. No vaya a ser que los nuevos líderes ocupen su lugar. Se convierten así en el caudillo que no quiere abdicar.

Desde su origen el movimiento se planteó con mesas de negociación. Con el gobierno y el Parlamento, avanzando en cada uno de los 11 puntos de manera diferenciada. En unos un 70 %, en otros un 80 %, en algunos incluso un 100 %. Y en plazos diversos también: inmediato, corto, mediano. Lo que sí está claro es que todos los temas se abordarán y por todos se irá hasta el final. De eso tratan las negociaciones, donde se requiere dialogar con aquél que tiene la llave que abre la puerta a lo que yo demando. No entenderlo así deviene en la imposición. Y tal postura corre por otro carril. El de agarrar la metralleta e irse al monte, en un ejemplo extremo y opción legítima cuando no hay vías institucionales que den cauce a las demandas ciudadanas. Pero no se puede exigir que todos hagan igual. Ahora, si muchos sintonizan conmigo, capaz que tampoco sea necesaria la metralleta aunque sí la movilización y la legítima protesta social.

Tal discusión se ha abierto durante las últimas semanas en cada comunidad de nuestro Aysén.

Quienes logren encausar esta lógica y legítima controversia en pos del beneficio de los ciudadanos y pensando en el bien general, serán, en definitiva, los fogoneros del necesario proceso de transformación que se avecina. Porque para colaborar y convocar exitosamente a todos quienes estamos dispuestos a luchar por cambios estructurales en Chile se requieren estos nuevos liderazgos –que deberán asumir indefectiblemente ciertos costos personales- y donde la unidad y la transversalidad no sólo sean un procedimiento sino el fundamento que nos permita avanzar.


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