Columnas
3 de Mayo de 2012
Los fantasmas del príncipe Ignacio
Finalmente, aún en medio de una controversia desproporcionada y difícil de comprender, la Concertación ha logrado cuadrar el círculo, al menos en temas de cupos municipales, e irá con candidato único a Alcalde de la mayoría de la oposición y con dos listas a Concejales que reflejan, también allí, la unidad del espectro opositor.
Es decir, la Concertación ha logrado un acuerdo que le permitirá seguramente recuperar municipios, donde la división producida en la elección anterior permitió que se instalaran alcaldes de derecha en comunas donde ella es minoría y ,a la vez, evitar dispersión de votos y asegurar en concejales —que es donde se mide el porcentaje de voto de cada partido y de cada bloque—, que la oposición gane a la derecha las próximas elecciones municipales con todo el impacto que ello implica para los gobiernos comunales y para la disputa parlamentaria y presidencial del 2013.
Esto, desde el punto de vista de la arquitectura electoral, es virtuoso y si a ello se sumara la elaboración de una propuesta programática y de un proyecto de cambios progresistas que convoque a la mayoría de los chilenos, podría colocar a la oposición como una clara alternativa hacia el próximo futuro.
Justamente porque se trata de un muy buen acuerdo opositor, es que resulta incomprensible, sobretodo para el chileno que observa desde fuera el accionar de los partidos, las destempladas reacciones de algunos líderes de la Concertación y los fantasmas que se han convocado.
Es negativo y claramente se transformará en una innecesaria camisa de fuerza tanto para la DC como para el propio PS, el reactivo acuerdo presidencial y parlamentario entre los dos partidos. Lo mejor que puede hacer el PS es liberar a la DC de un acuerdo que nadie entiende, que se interpreta de manera contradictoria por quienes lo suscribieron, y permitir que un candidato democratacristiano compita, en la primaria de toda la oposición, con Michelle Bachelet.
Si existe acuerdo a Alcaldes con el PC era completamente natural que ello se diera también en concejales y dado que había dos listas de la Concertación a concejales el acuerdo debía darse con una de ellas. El primero en tentarlo fue el PS para ir en un pacto junto a la DC y la respuesta comunista fue positiva y ello no se concretó, porque Walker no quiso abrir un nuevo debate interno que tensionara a la DC y diera una señal compleja al elector moderado de la DC. Es decir, no fue posible el propuesto pacto PS-DC-PC no por razones de principios, sino simplemente de oportunidad.
No se puede acusar (primer fantasma), por tanto al PPD y al PR que al pactar en concejales con el PC esté abandonando la Concertación, ni al PC de ser parte de una maniobra para aislar a la DC, ya que fue perfectamente posible que el PC participara del otro pacto de la Concertación.
Tampoco se puede alegar que el PC sea un recién llegado en materia de acuerdos electorales con la Concertación (segundo fantasma). Tres de los cuatro presidentes de la Concertación requirieron de los votos comunistas para ser elegidos. Un pacto por omisión entre la Concertación y el PC, en las últimas parlamentarias, permitió romper la exclusión del binominal, que la derecha ha impedido modificar, y que el PC accediera al Parlamento.
Nada se le regaló al PC, tenía los votos para volver a ser un partido parlamentario y el gesto político de la Concertación permitió sobrepasar simplemente la camisa de fuerza impuesta por el sistema electoral heredado de la dictadura. Por lo demás, el PC nace como partido parlamentario. Mucho antes de fundar el Partido Obrero Socialista y posteriormente el Partido Comunista el año 1922, Luis Emilio Recabarren era ya, desde 1906, Diputado de la República y su inspiración fue siempre un partido obrero que estuviera inserto en las instituciones. Al momento del Golpe de Estado el PC era un partido parlamentario con una alta representación en la Cámara y en el Senado.
Alguien ha dicho que el problema reside en que el PC quiere ser partido de gobierno (tercer fantasma). Esto es una obviedad. Todo partido se constituye en la expectativa de ser gobierno. En el caso del PC, fue partido de gobierno antes que se fundara la propia Democracia Cristiana: el 38 con Pedro Aguirre Cerda, el 46 con González Videla y el 70 con Salvador Allende. Desde el gobierno y desde el parlamento jamás el PC cometió acto alguno que pudiera ser condenado en materia de derechos humanos (cuarto fantasma). Por el contrario, contribuyó a instalarlos especialmente en el ámbito social y fue víctima, en medio de un gobierno que contribuyó a elegir y ser parte de él, de una cruda represión que envió a Pisagua a sus principales líderes y obligó a Pablo Neruda a huir al exilio a caballo por un paso cordillerano.
Ignacio Walker debiera recordar siempre que fue su abuelo, el Senador Horacio Walker quien denunció, en un discurso de gran contenido doctrinario, la instalación de un ”Estado Policial” a propósito de la dictación de la llamada Ley de Defensa de la Democracia, que Neruda estigmatizó como la “Ley Maldita”, y que puso al PC fuera de la ley.
Horacio Walker formó parte del Bloque de Saneamiento Democrático que logró derogar esta ley al fin del gobierno de Ibáñez. Es decir, los acuerdos electorales, políticos y de gobierno con el PC han sido múltiples en la historia de Chile (quinto fantasma) y hoy, en un mundo sin bloques contrapuestos y sin proyectos prometeicos creíbles, un entendimiento con el PC para que este forme parte de un acuerdo programático y de futuro gobierno progresista no debiera despertar tantas reticencias ideológicas y menos constituirse en un obstáculo que obstruya la conformación de una alianza democrática más amplia.
Otra de las recriminaciones repetidas hasta el cansancio por el Senador Ignacio Walker en estos días, es la acusación al PPD, PR y PC de querer instalar un Frente de Izquierda que reemplace a la Concertación (sexto fantasma). Quiero creer que el Senador Walker es solo víctima de una enorme confusión. El pacto con el PC para la elección de concejales no constituye un bloque político. Sería insensato reemplazar a la Concertación, cuyo eje es una alianza de centroizquierda, por un bloque minoritario de izquierda. Por el contrario, lo planteado en el debate abierto en la propia Concertación es ir más allá de ella —porque su ciclo político y su marca se extinguen— y, a partir de una reformulación del proyecto de la alianza histórica de la centroizquierda, ampliarla a toda la izquierda, tal como esta se configura hoy, y a formas nuevas de relación con la ciudadanía y los movimientos sociales. Es decir, a partir de la alianza entre la DC y la Izquierda, construir una nueva mayoría política y social, ampliar la base de sustentación de la opción presidencial de Michelle Bachelet que deberá ser elegida, frente a otras opciones que legítimamente se levantan, en una primaria democrática y vinculante.
Por ello, es negativo y claramente se transformará en una innecesaria camisa de fuerza tanto para la DC como para el propio PS, el reactivo acuerdo presidencial y parlamentario entre los dos partidos. Lo mejor que puede hacer el PS es liberar a la DC de un acuerdo que nadie entiende, que se interpreta de manera contradictoria por quienes lo suscribieron, y permitir que un candidato democratacristiano compita, en la primaria de toda la oposición, con Michelle Bachelet. La DC lo quiere, probablemente lo necesita por un problema de identidad y, al menos en mi opinión, es la única candidatura que tiene sentido en una competencia con la ex Presidenta, que como día a día confirma la ciudadanía, goza de un enorme apoyo.
Más que intentar “amarrar” burocráticamente la candidatura de Michelle Bachelet, cosa que la ex Presidenta ciertamente jamás desearía ni necesita, hay que movilizarse para obtener un gran resultado municipal, hay que ampliar nuestro pacto de centroizquierda, superando cualquier fetichismo y concentrarse en las ideas, en las propuestas que hacemos y discutimos con el país para construir un Chile más equitativo, democrático y sustentable.
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