Columnas
7 de Mayo de 2012
Nueva mayoría de minorías
Muchos segmentos sociales, culturales y territoriales, llamémoslas “minorías”, abandonaron la Concertación. Son los grupos relevantes a considerar, más allá de las ingenierías en la construcción de la siempre anunciada y luego postergada nueva coalición, ya que no se trata de imagología, sino de la capacidad de construir nuevos programas, enriquecida por las agendas de dichas minorías para, construir un nuevo sentido común (justicia, fraternidad, medio ambiente, regionalismo). Por cierto, hay que saber dar poder e integrar.
Así ha sido la historia: la coalición liberal desde 1870 incluyó al naciente Partido Radical y grupos de artesanos; el bloque alessandrista del León de Tarapacá incluyó a demócratas y sindicalistas, el Frente Popular con Aguirre Cerda logró el apoyo de la Falange para derrotar el 38 al conservador Ross; Allende triunfó con la Unidad Popular al ampliar la izquierda con el radicalismo y el catolicismo de izquierda escindido de la DC (el MAPU y luego la Izquierda Cristiana), la Concertación en 1987 agrupó 17 partidos, a la DC, la mayoría de la izquierda y segmentos liberales demócratas.
En los sistemas electorales parlamentarios con regímenes proporcionales es más amigable y explícita la valoración de las minorías para construir mayorías por la vía de la negociación de compromisos programáticos explícitos e incorporación al Gobierno. En el caso alemán, el Gobierno rojo-verde (SPD, Los Verdes), implicó que socialdemócratas aceptaran fuertes políticas ambientales y cedieran la política exterior a Golska Fischer. En la actualidad el gobierno CDU-Liberal, ha significado que la Democracia Cristiana acepte la exigencia de Estado acotado que piden sus socios.
Cuadrar el círculo no es una mera primaria entre miembros de una coalición importante, pero desde hace una década “minoritaria”. La construcción de un bloque por los cambios implica desatar una mirada social profunda y no temer a las minorías relevantes; requiere una apertura de paradigma, una coalición que no sean sólo partidos (consejo de líderes sociales y movimientos) y un programa que integra sustancialmente sus agendas.
En los sistemas presidencialistas con modelos electorales mayoritarios el juego es más mediático y banal. USA es el paradigma. Obama hace gestos a los emigrantes hispanos, pero no dicta ley para no asustar al voto demócrata conservador del sur. Habla de regular las armas, pero no se atreve contra la influencia del lobby de la Asociación del Rifle. Quiere más apertura con Cuba, pero no da los pasos, ya que el voto cubano en Florida puede decidir una elección presidencial (como le ocurrió a Al Gore). No obstante, los votantes demócratas son claramente un mosaico de minorías; afroamericanos, hispanos, comunidad judía de la Costa Este, los sindicalistas de la AFLCIO, pequeños agricultores que desean mantener subsidios, zonas de universidades, empresarios liberales de California.
En Chile se ha seguido dicho patrón. Se hacen gestos a las minorías, pero no se asumió con fuerza sus demandas, sus agendas, ni se les otorgó protagonismo para hacer reformas y producir políticas públicas. A veces producto de la falta de mayoría parlamentaria o del maximalismo de las demandas, pero muchas por falta de voluntad política, concentración y por el cinismo estructural que promueve el sistema binominal-presicrático (presidencialismo centralista), donde gana la idea de que “al final de todas maneras me tienen que apoyar como mal menor”. Es decir, les hago guiños, pero no los incorporo. Aunque las derrotas electorales y la movilización de las minorías en la calle —estudiantes, regionalistas, mapuches, trabajadores—, parecen abrir los diques. Las siguientes son minorías claves:
- Votantes regionalistas en zonas rojas que no vieron cambios relevantes. Calama, Magallanes, Rancagua, fueron lugares donde el NO y Aylwin obtuvieron el 65% de los votos, pero donde la Concertación bajó al 50%. Pasó la cuenta la ausencia de niveles de autonomía, fondos de convergencia regional, regalías mínimas territoriales (la vieja ley del 5% para las provincias mineras, derogada por la dictadura y nunca repuesta). Es sabido que Calama y Rancagua no tienen universidad pública (“el pago del Chile al sueldo de Chile”). En la zona del Carbón no ha sido tan fuerte la pérdida, pero sí significativa.
-Nuevas generaciones estudiantiles que reclaman por defender el espacio de la educación pública, la fraternidad social y la revolución democratizadora.
-Los mapuches movilizados que esperan una negociación que implique poder real, siguiendo modelos de inclusión y reconocimiento alto. Ellos no votan y así gana la oferta conservadora.
-Sindicalistas y grupos de izquierda que esperan mejores salarios mínimos, repartición de las rentas y reapropiación de recursos naturales.
-Campesinos que han esperado un nuevo trato (las organizaciones existen).
-Mundo popular que quiere viviendas y barrios dignos (la zona de mayor crecimiento de la UDI).
-Ambientalistas que esperan una política fuerte en ahorro, energías alternativas y control de la expansión urbana.
-Partidarios de libertades culturales y minorías sexuales, que reclaman fin a la discriminación.
Cuadrar el círculo no es una mera primaria entre miembros de una coalición importante, pero desde hace una década “minoritaria”. La construcción de un bloque por los cambios implica desatar una mirada social profunda y no temer a las minorías relevantes; requiere una apertura de paradigma, una coalición que no sean sólo partidos (consejo de líderes sociales y movimientos) y un programa que integra sustancialmente sus agendas. La mayoría mediática tiene sus límites, y con el nuevo sistema de voto voluntario, si no se movilizan las minorías relevantes, no habrá nueva mayoría social.
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