Columnas
10 de Mayo de 2012
El error de Andrade
Se equivoca Osvaldo Andrade. Sostuvo hace muy pocos días que entre el PS y el PDC existía un acuerdo para utilizar un mecanismo democrático para escoger a la futura candidata o candidato presidencial. Pero agregó el dirigente socialista: “en consecuencia, puede ser una encuesta o un acuerdo que discutiremos en su momento. Sin embargo, nuestra percepción es que en algún momento tendrá que operar un cierto sentido común en esto” (Radio Cooperativa, 7/05/2012).
Se equivoca básicamente, porque las encuestas no son instrumentos democráticos. Nunca lo han sido y nunca lo serán. Una encuesta es un instrumento que permite evaluar las percepciones y actitudes de la población en una variedad de temas. Se aplica a un segmento de la población objetivo (una muestra) y a partir de los resultados se realizan inferencias que buscan ser representativas del grupo encuestado. Con este tipo de instrumentos se corren riesgos de sesgo en las preguntas y errores en la definición de la muestra. En este ejercicio el encuestado es un sujeto pasivo, que responde a preguntas prediseñadas.
Se han equivocado todos aquellos partidos y dirigentes que han convertido el fetiche de las encuestas en el mecanismo exclusivo para dirimir candidaturas en sus tiendas políticas y coaliciones. Como una encuesta mide la temperatura del momento, entonces ese instrumento favorecerá siempre el statu quo, a quienes son en ese momento más conocidos, que tienen mayor exposición. El uso de las encuestas desalienta la renovación, el cambio y el debate de ideas.
La democracia es otra cosa. La democracia en primer lugar implica contar con sujetos activos, capaces de deliberar, de debatir, de discutir y tomar decisiones basados en una serie de argumentos y contraargumentos. La democracia en su expresión más básica implica un ejercicio de confrontación de ideas, de deliberación y convencimiento. Es aquello lo que se espera del foro público —sea en un Concejo, en un Congreso o en una plaza pública—. En el mundo contemporáneo, el demos (el pueblo) concurre a las urnas para votar, para dirimir un conflicto de poder luego de escuchar la contraposición de ideas.
Existe entonces una diferencia sustantiva entre dar una opinión a un encuestador quien te interroga sobre tu candidato o candidata preferida y el proceso democrático que implica elegir una autoridad.
No sólo Andrade se equivoca. Se han equivocado todos aquellos partidos y dirigentes que han convertido el fetiche de las encuestas en el mecanismo exclusivo para dirimir candidaturas en sus tiendas políticas y coaliciones. Como una encuesta mide la temperatura del momento, entonces ese instrumento favorecerá siempre el statu quo, a quienes son en ese momento más conocidos, que tienen mayor exposición. El uso de las encuestas desalienta la renovación, el cambio y el debate de ideas.
Quienes propugnan mayores niveles de democracia en sus partidos y en el país debiesen promover mecanismos verdaderamente democráticos para dirimir problemas de competencia. Debiesen organizar buenos padrones electorales en sus partidos; promover debates públicos entre candidatos y candidatas; debiesen estimular la confrontación de ideas; debiesen estimular que la ciudadanía se enfrente con la oportunidad de votar. Si se quiere ser democrático, hay que confiar más en los mecanismos verdaderamente democráticos.
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