Columnas
15 de Mayo de 2012
Canal 13: de cámaras y delantales
¿Qué era más importante en el reportaje del programa Contacto de canal 13 que desató el vendaval? ¿La forma de presentarlo, o el fondo que buscaba denunciar?
Las dos son relevantes. La discriminación en la sociedad chilena es como el amanecer, cada día alumbra el camino porque la noche jamás será eterna.
Miramos con aire sobrador al que tiene menos sintiéndonos superiores; tratamos con distancia de emperador al moreno sur o centro americano o al integrante de pueblos originarios; y consideramos poca cosa a aquel que desempeña una tarea humilde para subsistir.
Pero nos convertimos en genuflexos admiradores del gringo que transpira dólares o euros; agitamos como perrito la cola envidiosa al que enciende el motor de un verdadero tanque con ruedas; y como fiera que va husmeando la presa para el gran banquete, corremos para buscar la migaja cuando olemos el poder.
En Chile todos sabemos que somos discriminadores, porque más de una vez hemos vivido su representación como víctima o victimario. La abominable conducta ha sido reiteradamente tratada en los medios de comunicación. Entonces, nadie podría argumentar que el programa sobre la discriminación a las asesoras del hogar estaba develando lo desconocido. Fue un leño más en la hoguera maldita.
Sin embargo, la realización del programa incurrió en serios errores que lo hirieron gravemente en su calidad. Desde ya, utilizar actores para representar lo buscado ensució la verdad. Es infantil que alguien vaya a matricular a sus hijos a colegios carísimos de elite vistiendo el uniforme de asesora del hogar. Los realizadores cayeron así en una innecesaria y absurda provocación. Quedó claro que cuando la falsa nana fue a pedir matrícula, el tiempo de inscripción estaba de verdad vencido y no podían darle otra respuesta, aunque obviamente con las matrículas abiertas tampoco iban a aceptar la admisión.
A pesar de ello, cada vez atendieron al fingido matrimonio entregándoles información. Igualmente, nadie va a cenar a un restaurant caro vistiendo el delantal de hogar, sabiendo que será discriminado. Otra provocación innecesaria.
Pero lo más condenable es el uso de la cámara oculta. Ese es un recurso penado por el artículo 161-A del Código Penal. Por otro lado, la Ley de Prensa que debemos observar los periodistas protege la vida privada. Pero además de ser ilegal, el uso de la cámara oculta es ilegítimo. Los periodistas no tenemos licencia para matar. En nuestra profesión, el fin jamás debe justificar los medios.
Aquella secretaria filmada a escondida que dijo, a mi juicio honestamente, que no pondría a sus hijas en ese colegio porque, además de no contar con el dinero sus hijas se sentirían discriminadas por su estrato social, tal vez nunca lo había conversado con ellas. Quizás sus palabras aparecidas públicamente causaron dolor a sus hijas. Quizás alguna vez se lo pidieron y ella les dio otra explicación menos cruda. El derecho a la privacidad de esa mujer fue violado por el canal. Tal como lo fue el del juez Daniel Calvo en el episodio Spiniak, por lo que Chilevisión fue condenado a indemnizar al actualmente fiscal.
El reportaje pudo hacerse entrevistando verdaderas víctimas, acudiendo luego a los colegios discriminadores para pedir explicaciones con la cámara a la vista.
De todas maneras, la segunda parte no debió ser censurada por el canal, aunque se debe reconocer el derecho de cada medio a tener su línea editorial. Debemos solidarizar con los colegas renunciados a causa del episodio, porque a pesar de los errores en que pudieron incurrir, demostraron una actitud digna y valiente.
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