Columnas
16 de Mayo de 2012
Lecciones de la historia del desarrollo económico
En el reciente artículo “Lecciones de la Historia”, publicado el domingo 06 de Mayo en La Tercera, Lüders y Haindl señalan que el alto precio del cobre inhibe la diversificación productiva, y que esto se traducirá en una baja en el crecimiento económico de no mediar políticas que estimulen un tipo de cambio real alto. Este dólar real alto asignaría —según esta visión— eficientemente los recursos en la economía hacia sectores transables, reduciendo así la importancia relativa del sector minero en la economía. Sin embargo, asignan a la política económica un rol de neutralidad de incentivos para conseguir tal objetivo, excepto en lo que la autoridad puede hacer para lograr un tipo de cambio real alto (disminuir gasto público, “no repetir” el Estado de Bienestar Europeo, flexibilizar el mercado laboral, entre otros).
Algunos supuestos hechos estilizados que ellos señalan:
-“Estamos en pleno empleo y las grúas están por doquier”. A renglón seguido señalan que “los chilenos creemos que estamos a punto de alcanzar el desarrollo, lo que se traduciría en demandas sociales permanentes y exageradas de la clase media”. El pleno empleo es controversial, dada la nueva metodología de medición de empleo de la OCDE la que “captura más empleo en relación a la anterior encuesta. Respecto al tan ansiado desarrollo”, vociferado desde Frei, Lagos, Velasco, hasta Piñera, la realidad de la distribución de ingreso y la segregación socio-económica están a la vista (no vale la pena ilustrar este punto).
-“Corremos el riesgo de repetir los errores de Europa”. Los autores, se refieren a Europa como a una bolsa de gatos y confunden al lector. Hay una Europa con menos problemas (menor déficit fiscal, más sofisticación en las exportaciones, y Estados Sociales fuertes) y otra Europa (Sur de Europa principalmente) que producto de la gula bancaria y el mal manejo fiscal, están más en la segunda división europea. Aunque existen ciertos consensos básicos en la población, los que forman parte del sentido colectivo de nación, deben ciertamente revisarse a la luz de estos nuevos desafíos. Sin embargo, nada parecido a generar una estructura distributiva de ingresos chilensis. Tampoco poseen en sus economías un “initial endowment” tan generoso como el que aporta el cobre a la economía chilena. Esta nos permite tener Fondos Soberanos (15 mil millones de dólares) los cuales amortiguan la caída del tipo de cambio real, pero que no tienen utilidad directa en diversificar la producción de la economía (excepto que parte de los intereses se usan en la Pensión Básica Universal, definida por Bachelet)
Lo anterior significó cuadruplicar el ingreso per cápita en 30 años, y en algunos casos se produjo crecimiento económico acelerado con mejorías significativas en el patrón de distribución de ingresos (Corea del Sur, Taiwán). Estos países han sabido emplear las herramientas de política económica en función de objetivos nacionales de largo plazo, y no han quedado atados a la ortodoxia libremercadista por la que ha transitado Chile en los últimos 30 años.
-“La alta tasa de crecimiento —que compartimos con otros países de la región— se explica por el alto precio de las materias primas, y en nuestro caso por el precio del cobre y bajo tipo de cambio real”. Lo interesante aquí es analizar los tipos de cambio reales sectoriales. Efectivamente, los sectores “no cobre” (agroindustria, frutas y otros) se han visto afectados por la “enfermedad holandesa”. El precio del cobre ha crecido 350% en la última década y esto es básicamente por la apertura de China al comercio global y su rápida industrialización. La importancia de la minería en la oferta exportadora chilena (60%), provoca efectos indeseados en términos de apreciación cambiaria para el resto de los sectores, afectando solamente una de las dimensiones de la competitividad exportadora (la variable dólar). Se requiere más innovación en toda la oferta exportadora, lo que depende críticamente de la calidad de la mano de obra, y por ende finalmente del sistema educativo. También la innovación realizada por pequeños y medianos productores en el sector agrícola depende de la forma en que se articulan los contratos con las grandes empresas exportadoras. Contratos que no son del todo justos, lo que inhibe una corriente de innovaciones más sostenida.
-“Se observa una baja en la tasa de crecimiento del quantum de exportaciones y de las producciones agrícolas e industriales, junto con una enorme inversión en minería y construcción. La diversificación lograda en la canasta exportada se perderá y el segundo salto hacia productos de mayor valor agregado no pasara de ser mas que un sueño”. En el párrafo anterior me referí a que la variable cambiaria real (dólar real) es sólo una de las dimensiones de la competitividad exportadora. Ciertamente la apertura comercial en los ochenta y la crisis internacional, sumado a que era una economía que se abría al mundo, provocó un tipo de cambio real alto que estimuló las exportaciones, principalmente de grandes grupos empresariales (habían incentivos tributarios y de subsidio específicos del Estado para lograr tal objetivo). También la apertura comercial, aunque potenció las ganancias de eficiencia de la economía, empeoró el patrón distributivo.
Los autores se refieren a esos años de fuerte desarrollo exportador y de un alto tipo de cambio real como los años dorados. De no mediar un tipo de cambio real alto, ellos señalan que quedaremos como país minero y desperdiciaremos las ventajas comparativas que en abundancia tiene la economía. Aunque no lo mencionan, pero esta semiexplícito, para Luders-Haindl reducir el gasto público es uno de los ejes para obtener un tipo de cambio real alto (habría menor presión sobre los bienes no transables). También otras medidas de índole microeconómicas aplicadas al mercado del trabajo, especialmente flexibilizaciones. Sin embargo, nada mencionan de la reforma tributaria emprendida por el actual gobierno para saber si están de acuerdo con que la calidad e inclusividad social en la educación son importantes para sofisticar la actual oferta exportadora a mediano plazo. Y ciertamente, aunque es una reforma tributaria moderada (y en algún sentido podría exacerbar el mal patrón distributivo como la rebaja en los tramos marginales de impuesto a la renta así como en el descuento tributario por pago de colegios), la inyección de recursos neta debería contribuir a reducir esas brechas de financiamiento —calidad y acceso que tiene la educación en Chile—. El llamado salto a la segunda fase exportadora con una canasta de mayor valor agregado no ocurrirá, claro está, sólo por las fuerzas del mercado.
Una economía pequeña como la chilena, requiere ciertamente de un tipo de cambio real alto para el desarrollo de su economía, tal como lo señalan Lüders y Haindl. Pero esto por si solo no es suficiente. Exceptuando el cobre, Chile exporta aproximadamente un 19% de su PIB. Estas tienen asociadas inversiones de largo plazo, empleos, y una corriente de pequeñas innovaciones que han contribuido a la extensión del empleo y a la calidad de este, incluso en los sectores de recursos naturales.
El “upgrade industrial” de los recursos naturales en la economía chilena se ha ido produciendo, aunque la participación de empresas PYMEs en las cadenas exportadoras locales sea disímil, y ocurra a través de una variedad de contratos con grandes empresas exportadoras. Contratos en los que el riesgo es traspasado a las empresas más pequeñas. El upgrade industrial del sector exportador chileno debe considerar el uso de instrumentos del Estado orientados principalmente a empresas pequeñas y medianas (operando en estas cadenas globales de producción) y considerarlas explícitamente en las definiciones de Clusters. Lüders y Haindl no hacen mención a políticas diferentes al estímulo de un tipo de cambio real de modo de generar un desarrollo menos dependiente del ciclo internacional de materias primas.
El gobierno actual ha decidido poner fin a la política de Clusters impulsada por el gobierno de Bachelet en términos de asignar preferentemente recursos a empresas insertas en estas agrupaciones industriales. El fin de esta política selectiva de Clusters contribuye a poner más presión sobre el tipo de cambio casi como única medida para impulsar la competitividad de la oferta exportadora. De esta forma una política industrial vertical (estimulando afirmativamente determinados sectores productivos, intensivos en empleo) que abarque más allá de las típicas fallas de mercado (como el racionamiento de crédito), parece ser una condición necesaria para obtener un desarrollo más equilibrado de las regiones en cuanto a empleo y calidad de vida.
Ciertamente un dólar más alto (y tipo de cambio real más alto) es una condición necesaria para agregar valor en el sector exportador y así apropiar las rentas del riesgo de la inversión. Pero no es suficiente la existencia de un tipo de cambio real alto. Se requieren recursos tributarios transformados en bienes públicos (educación) que demanda esta nueva fase de desarrollo de la economía (oferta exportadora de más calidad y sofisticación), retomar en forma afirmativa la política de Clusters para buscar nuevos nichos de exportación (mas allá de los tradicionales), y una agencia estatal que vele por la transparencia de los contratos en el mundo agro-industrial (entre exportadoras y productoras) de modo de generar una distribución más equitativa del excedente económico. Ninguna de estas propuestas son mencionadas por Lüders- Haindl para atenuar la concentración productiva originada en el cobre.
“Una buena lección de historia” es como países asiáticos (particularmente Sudeste Asiático como Corea del Sur, Taiwán, Singapur) en escaso periodo de tiempo industrializaron sus economías. La discusión del Banco Mundial, por ejemplo, acerca de que habían sido sólo factores de mercado, ha ido quedando superada por las teorías que contienen elementos complejos en tecnología, innovación, aprendizaje, una educada fuerza laboral, y todo esto insertos en crecientes exportaciones y productos más sofisticados. Incluso han desarrollado productos tecnológicamente complejos que compiten con los de Europa y Estados Unidos. Lo anterior significó cuadruplicar el ingreso per cápita en 30 años, y en algunos casos se produjo crecimiento económico acelerado con mejorías significativas en el patrón de distribución de ingresos (Corea del Sur, Taiwán). Estos países han sabido emplear las herramientas de política económica en función de objetivos nacionales de largo plazo, y no han quedado atados a la ortodoxia libremercadista por la que ha transitado Chile en los últimos 30 años.
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