Columnas
17 de Mayo de 2012
Europa: fracasó la vieja receta
El resultado de la violenta contracción de la política fiscal en Grecia, el apretón financiero al que fuera sometido ese país y las durísimas secuelas sociales que recayeron sobre la población, han tenido, al final, el resultado previsible e inevitable de hacia dónde lleva esa conducción económica: una crisis que colapsó el sistema político, que no pudo soportar la rabia y el descontento social que sus agudas incapacidades provocaron y que arruinaron a su propia nación, a la cual debía proteger y no diezmar.
Hoy, Grecia está sin gobierno y a punto de abandonar la Zona del Euro, precipitando una crisis europea que repercutirá a escala global.
Es decir, fracasó la vieja receta de hacer lo que, presuntamente, “quieren” los mercados, aquella que se ha aplicado ya tantas veces: que paguen la cuenta los sectores productivos y los trabajadores, para que los especuladores salven el pellejo.
En Alemania, Merkel se ha debilitado y los socialdemócratas resurgen porque el telón de fondo es el mismo, la sociedad no quiere que todo se haga para que los controladores de las finanzas retomen el control de la situación, sino que aspiran a una nueva conducción. El crecimiento y no la recesión es la motivación que se ha instalado en millones de personas.
Grecia, exprimida como limón, ya no tiene más jugo que dar y se está desplomando. España va por un camino similar y empieza a vivir las mismas penurias. Los indignados vuelven a movilizarse y los trabajadores salen a las calles, desesperados ante las durísimas medidas de ajuste del gobierno de la derecha. El cambio de autoridades no fue más que un paréntesis previo a la tormenta.
Francia no quiere caminar hacia la bancarrota, a la que conducen inevitablemente las decisiones de austeridad, es decir, recorte fiscal, disminución del gasto social y desaceleración de la inversión y ha procedido a elegir a Francois Hollande con la esperanza que cumpla un solo gran propósito: retomar el crecimiento que, a su vez, permita frenar el aumento de las consecuencias sociales.
En Alemania, Merkel se ha debilitado y los socialdemócratas resurgen porque el telón de fondo es el mismo, la sociedad no quiere que todo se haga para que los controladores de las finanzas retomen el control de la situación, sino que aspiran a una nueva conducción. El crecimiento y no la recesión es la motivación que se ha instalado en millones de personas.
La derecha detuvo la economía y la izquierda debe reactivarla. ¿Por qué se llegó a tan singular situación? Porque la derecha se asoció a las recomendaciones de los que causaron la crisis, a la gestión irresponsable de los consorcios financieros que, gracias al uso especulativo de las tasas de interés, de las “burbujas” financieras que comprometen masas de capital equivalentes a lo que producen países durante años, el manejo de volúmenes incontrolables de préstamos que se vuelven impagables, han llevado la economía global a severas dificultades, en realidad, sin precedentes.
La ambición del mundo de las finanzas rompió el saco y hoy el planeta empieza a pagar la cuenta. ¿Hasta cuándo? Es la pregunta. ¿Por qué se debe trabajar para los especuladores y no para los que producen? Una “nueva vía”, como ha señalado el nuevo Presidente de Francia. Ese es el desafío de la civilización humana del próximo periodo.
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