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Columnas

22 de mayo de 2012

Por qué pidió perdón el Presidente

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Periodista

No es fácil pedir perdón. Hacerlo conlleva un acto de reflexión previa, de arrepentimiento y de corrección. Pedir perdón es un acto profundo y mayor, dirigido a quienes se ha ofendido o dañado. Desgraciadamente, el perdón que pidió el Presidente Piñera en su cuenta a la Nación pasó con más pena que gloria. “Sé que hemos cometido errores y pido perdón por ellos”, dijo el mandatario a poco de iniciar su discurso, en una frase que no se ancló en ningún pensamiento previo o posterior.

Fue dicha a la rápida, como si alguien la hubiese sugerido porque sonaba bien. El problema es que pedir perdón al voleo suele resultar contraproducente, ya que puede entenderse como burla o humillación cuando lo que se busca es reparar.

Si el Presidente evaluó que los errores cometidos por su gobierno merecían la comprensión de los ciudadanos para eximirlo de culpa, era indispensable que explicitara a qué errores se refería.

El 4 de marzo de 1991, cuando Patricio Aylwin dio a conocer el Informe Rettig, pidió perdón a nombre de la Nación con lágrimas en los ojos. Cuando un Presidente pide perdón es un asunto serio, no se puede hacer a la ligera.

No cabe duda que la primera mitad de su mandato ha sido agitada. “Nos ha tocado particularmente difícil”, dijo, reconociendo en todo caso que gobernar nunca ha sido fácil. Y, claro, cuando la tormenta es grande y cuesta ver con claridad, se actúa torpemente y se comenten faltas.

No nos queda más que aventurar cuáles son los errores que más le pesan. Lo cierto es que la lista es amplia. Puede ser que el Presidente quiso pedir perdón a los damnificados por el terremoto del 27/F que aún siguen en campamentos y a quienes el subsidio de un arriendo poco les soluciona. O quizás se refería a los habitantes de Aysén que tuvieron que ser reprimidos antes que se escucharan sus demandas para llegar a un acuerdo. O puede haber pensado en los habitantes de Pelequén o de Freirina que, además de sufrir una contaminación invivible tuvieron que soportar la violencia propia de las Fuerzas Especiales, preparadas para conflictos graves. O quizás tenía en mente la crisis estudiantil, con su endeudamiento millonario, sus egresados que no entienden lo que leen y la debacle de la educación pública de la que nadie se hace cargo. También puede que el Presidente —con más experiencia que la que tenía al llegar a La Moneda— haya pensado en la soberbia que lo embargaba cuando se atrevió a sostener que su gobierno había hecho más en 20 días que lo que otros habían hecho en 20 años.

Cada uno de quienes lo escucharon este 21 mayo habrá recordado el error que más lo afectó para ponerle imagen a la frase del mandatario.

El 4 de marzo de 1991, cuando Patricio Aylwin dio a conocer el Informe Rettig, pidió perdón a nombre de la Nación con lágrimas en los ojos. Cuando un Presidente pide perdón es un asunto serio, no se puede hacer a la ligera.

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