Posteos del Día
23 de Mayo de 2012
El profundo libreto del Mensaje Presidencial
Si algo se debe destacar del Mensaje Presidencial es que cada palabra, cada coma, cada pausa, tiene un significado. Es un discurso leído que, más allá de espontáneas (o quizás no tanto) salidas de libreto, plasma el ideario de quien lo pronuncia.
Por eso cualquier análisis de fondo debe escrutar su contenido profundo, y no evaluarlo sólo como una lista de bonos, subsidios y obras de distinto tipo y pelaje, bien para un gerente pero no para quien dirige los destinos de un país.
Sintomáticas son en este sentido algunas de las frases alusivas a la educación (“uno de los factores esenciales para construir el Chile de oportunidades al cual aspiramos” Presidente dixit), que traslucen el matiz altamente vertical y mercantil con el cual Sebastián Piñera concibe el proceso formativo institucional.
Ejemplo de ello es su insistencia en garantizar “a todos nuestros niños y jóvenes acceso a una educación de calidad… creando un sistema más justo y eficaz de becas y créditos, que no discrimine a ningún estudiante por falta de recursos”. Fue este un gran portazo a lo que durante meses exigieron en la calle los estudiantes universitarios, ciudadanos en plenitud que no deben ser tratados como niños malcriados, como cuando valoró “a los jóvenes idealistas y rebeldes que quieren construir un mundo mejor que el que heredaron de sus padres. Pero deben recordar que también tienen deberes. Con sus estudios, con sus familias, con su país y sobre todo con ustedes mismos”. La frase huele a moralina autoritaria y desvencijada. De ahí lo vertical.
Pero ¿qué de malo tienen las becas? Nada en sí mismas, en la medida en que sean vistas como un mecanismo de emergencia, un simple paradero en nuestro tránsito hacia una verdadera educación pública y de calidad. Al igual que el bono y el subsidio, sólo se justifican hoy mientras realizamos los cambios estructurales para avanzar hacia una sociedad en la que ya no sean necesarios.
Que se entienda: aunque ayuda a los que más necesitan, la beca fiscal –con ese eterno olorcillo a fallida meritocracia, dado que los más meritorios casi siempre son los que han tenido mayores oportunidades- le saca plata al Estado para abultar las utilidades de instituciones de educación privada o semi privada. Igual que el crédito con aval del Estado, que beneficia, con la plata de todos los chilenos, a la banca privada. De ahí lo mercantil.
Por eso justo es el reclamo de la Confech, que tiene claridad sobre la sociedad que anhela construir. Educación pública y gratuita significa que es el Estado quien debe garantizar este derecho de todos, con un piso de calidad y excelencia. Porque los derechos no pueden estar supeditados a determinada condición económica, social, territorial, sexual o cultural, de otra forma dejan de serlo y pasan a ser privilegios. Tal es la lucha simbólica y bastante realista que han dado los estudiantes.
Esto es coherente con otra frase presidencial: “El Gobierno de Chile está profundamente comprometido con respetar y proteger la libertad de los padres para elegir la educación de sus hijos y de los ciudadanos para emprender y aportar en el mundo de la educación”. En aquello estamos todos de acuerdo. La libertad para que los padres elijan la educación de sus hijos y para que cualquiera haga negocios con ella (o para impartir determinada ideología como el catolicismo, una cultura extranjera, etcétera) es un legítimo derecho, pero con claras condiciones. Primero, que sean tales conocimientos y valores un extra, y no a costa de principios de interés colectivo a los cuales el Estado de Chile ha adherido, algo así como los contenidos mínimos obligatorios para formar ciudadanos. Y, segundo, que no sea con dineros públicos.
Qué gran diferencia con Francia. El recién asumido Presidente François Hollande dijo en su primer discurso al país que será el “garante de la escuela pública, de la educación nacional, de la trasmisión del conocimiento”. ¿En qué momento traspasamos en Chile tal responsabilidad al mercado? Perdón, lo tenemos claro. Lo que debemos hoy responder es si estamos disponibles para mantener las cosas tal cual.
Como corolario de este baño del ideario gubernamental aún resuenan sus palabras: “Yo sé que los niños no marchan ni protestan. Pero su voz se escucha siempre fuerte y clara en La Moneda”.
Surge la pregunta inmediata: ¿Es malo protestar, Presidente? ¿Es malo marchar?
Desafortunadamente para conocer la respuesta no era necesario posar este 21 de mayo la vista en Valparaíso. Había que haberlo hecho ayer en Aysén. Y hoy, me duele decirlo, en Freirina.
(*) Texto publicado en El Quinto Poder.cl
º







La Tercera
Las Últimas Noticias
Diario Estrategia
El País
Términos & Condiciones
Ver Comentarios
Las opiniones vertidas en esta sección comentarios son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente la línea editorial de El Mostrador.
Quienes entran a revisar y leer estos comentarios deben tener presente que, no obstante el esfuerzo permanente que realiza El Mostrador para que no ocurra, pueden encontrar expresiones ofensivas o groseras, proferidas por personas que no han respetado el ambiente de respeto y tolerancia que es consustancial a la línea editorial de El Mostrador.