Columnas
23 de Mayo de 2012
La Central Castilla quiere asustar (mientras se cae a pedazos)
Luego de que hace algunas semanas un sospechoso “coro” de académicos, dirigentes empresariales y políticos saliera a defender a Castilla con una increíble coincidencia en sus argumentaciones y textos, todo indica que la empresa ha seguido realizando acciones desesperadas para que su proyecto no se vaya al tacho de la basura. Para ello —y para decirlo en bonito— han recurrido a una Campaña del Terror que parece advertir el inminente revés judicial en la Corte Suprema, lugar donde se decidirá la suerte de este prospecto termoeléctrico.
Una de las principales e infundadas amenazas que por estos días se oyen tiene que ver con la supuesta inminencia de un apagón energético, si este proyecto e HidroAysén no se llevan a cabo, cuya principal víctima es la minería. Y, por analogía, quienes dependemos de ella para que Chile no se vuelva un país pobre sin crecimiento ni inversiones.
A este argumento contribuyen algunos centros de estudios, representantes de los gremios empresariales y, por cierto, autoridades de Gobierno que violan la institucionalidad medioambiental al pronunciarse antes de esperar la decisión de las instancias previas del Estado. Para ello minimizan con falacias la capacidad, potencialidad y competitividad en precios de las Energías Renovables no Convencionales y ocultan que estos proyectos, de construirse, solo estarán operativos en el mediano plazo, por lo que mal podrían contribuir a resolver los problemas energéticos de hoy.
Un tercer elemento de esta oscura campaña, que ya ni siquiera busca limpiar la imagen de Castilla sino que se conforma sólo con hacerla necesaria, es el modo en que sectores muy poderosos del país —la Gran Minería, la Sofofa y los “expertos” que aplauden al ritmo del compás— han amenazado con el apocalipsis para generar un clima de presión, inaceptable en un Estado democrático, sobre las decisiones soberanas del Poder Judicial.
Otra gran falacia es decir que Castilla debe construirse para satisfacer la demanda energética de Chile, la que crece a un ritmo enorme. Falaz. Impreciso a lo menos. Ya escuchamos al Presidente y a las principales autoridades corregirse en sus declaraciones, por lo que la vieja idea de que “Chile debe duplicar su matriz en una década” ha dejado de sonar frente a la evidencia de cientos de expertos que rebatieron la idea y argumentaron que un crecimiento equivalente es imposible.
Por esto importa entender quienes realmente necesitan esta energía, no para condenarlos, sino para invitarlos en tal condición a la discusión; las grandes empresas mineras, cuyos representantes han sido de los más activos en defender comunicacionalmente este armatoste que es Castilla. Estas empresas presionan para la aprobación express porque les permite conseguir energía barata, mientras las comunas del Norte se han rebelado contra el Gobierno, porque la Minería no aporta al desarrollo del país e, incluso, han mostrado su convicción de que el Cobre debe ser renacionalizado. Vaya paradoja.
Con ello pretenden un manto de impunidad para aquella aprobación ambiental que consiguieron ilegalmente el año 2011. Hay que recordar que la Corte Suprema ya había fallado de manera unánime para declarar ilegal el cambio de calificación ambiental del proyecto de “contaminante” a “molesto” realizada por el Seremi de Salud, Raúl Martínez, quien luego renunció al cargo. Justo. Las casualidades por aquí abundan.
Sin embargo y a pesar de todas las presiones, el lobby y las campañas del terror, hoy el futuro de Castilla se ve especialmente negro. La incesante lucha de las comunidades locales y de organizaciones como el Observatorio Latinoamericano de Conflictos Ambientales ha llevado lentamente al proyecto contra las cuerdas. Y hay que apoyarlos, es lo justo.
Y frente a las amenazas de apagones y desgracias peores, sólo nos cabe responder que están engañando a la población. Y que mientras mas megaproyectos se aprueben, menos opción queda para explorar de manera activa e intensiva la eficiencia energética y las ERNC, cuyo potencial en Chile es enorme, pero aún inexplorado por la falta de voluntad política para avanzar y facilitar inversiones al respecto. He ahí el punto central.
Mientras el Gobierno no decida una política de Estado que permita retomar el control y la planificación sobre el mercado de generación eléctrica, las ventanas de oportunidad de las energías renovables de bajo impacto estarán cerradas.
Desde los fundamentos técnicos avalados por la academia y con la esperanza en respuesta al terror, decimos No a Castilla y creemos que éste puede ser un enorme punto de inflexión. Uno que propicie políticas energéticas realmente beneficiosas para todos, poniendo como Norte el Bien Común y no el tremendo negocio que hoy es aprovechado por unas pocas manos, con la complicidad de las autoridades.
Esto es, con su propia jerga, justamente lo que dijo la Corte cuando consideró que Castilla era ilegal. Por mucho que no les guste.
º







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