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    Editorial

    28 de Mayo de 2012

    Editorial: El sistema binominal y la elite autocomplaciente

    La sintonía entre lo que piensa la ciudadanía y lo que efectivamente hacen los gobernantes es, en todas partes, un requisito esencial de la legitimidad democrática y de la estabilidad. Ello no significa menospreciar la incidencia del liderazgo y la capacidad de propuestas que se espera tenga la política, sino señalar que el gobierno y la oposición son acciones de representación, que si no consideran la opinión de la gente, solo representan a los que ejercen el poder, sembrando la ingobernabilidad del sistema y su propio desprestigio.

    Chile en su historia ha cultivado como caso prístino la acción de una elite que actúa según sus propias creencias o intereses, racionalista, que se eleva por sobre la sociedad como una contramayoría oligárquica que la considera como algo invisible o ideal. Pese a que la mayoría de la población deseaba divorcio vincular, la igualdad legal de todos los hijos, el reconocimiento de las uniones de hecho, derechos para las minorías sexuales, la distribución en consultorios públicos de píldora del día después, la educación sexual o el aborto terapéutico, solo con fórceps el país ha avanzado en esos temas. Algo parecido ocurre con los bienes públicos como la educación, la salud o el medioambiente.

    Tal atavismo oligárquico es una roca agresiva que limita el acceso a la negociación colectiva, el término del centralismo político, o el acceso a una constitución votada por toda la gente, que conlleve cambios políticos que efectivamente potencien la representación democrática.

    La primera encuesta realizada entre la Universidad Mayor y El Mostrador confirma estas aseveraciones. Enfocada a medir la opinión de la ciudadanía frente al tema del sistema electoral binominal, demuestra que la gente quiere su cambio. Lo relevante, es que lo desea en un momento en que hay consenso sobre el fin de un ciclo político, con fuertes movimientos sociales contra el centralismo y la auorreferencia del poder político, mientras este se concentra en el juego de la sucesión presidencial.

    Una encuesta política como la realizada por la Universidad Mayor y El Mostrador, enfocada a temas políticos y no personajes, pone una perspectiva de cultura política ciudadana a la coyuntura. En este caso resulta claro que el sistema binominal es un mecanismo totalmente desprestigiado entre la ciudadanía, que arrastra la imagen de los políticos y sus partidos, y pone una enorme brecha entre lo que la gente piensa y hace y las preocupaciones que muestra la elite política.

    Hasta ahora, el gran argumento del oficialismo en este tema ha sido que a la población no le interesan los cambios políticos y no ven en ello nada que la beneficie. La oposición contra argumenta —incluso cuando era gobierno— que la derecha nunca dará las mayorías constitucionales para el cambio del sistema electoral.

    La encuesta revela que la mayoría de la población está de acuerdo con cambiar el binominal, y que la representación, la participación y la calidad de la democracia mejorarían si ello ocurriera.

    La mayoría de la población también piensa que el sistema binominal ha contribuido de manera significativa a deslegitimar la imagen de los parlamentarios, y solo la mitad de los encuestados que se definen de derecha piensa que tal mecanismo ha ayudado a estabilizar la democracia en el país. Por el contrario, sostienen, el sistema binominal ha contribuido a debilitar la soberanía popular y a excluir a otros sectores políticos, lo que indica preocupación por la estabilidad futura del país.

    En este ámbito, la posibilidad del surgimiento de conflictos es el aspecto que muestra los criterios más divididos en la encuesta. De una manera bastante pareja la mitad de los encuestados indicaron que un cambio al sistema electoral aumentaría los conflictos, frente a otra mitad que, aceptando el hecho, no le atribuye mayor importancia. Hay ahí un rasgo de acostumbramiento a la pluralidad de intereses y al ejercicio de las libertades civiles propio de una sociedad democrática afianzada, y al mismo tiempo, una valoración clara de la paz social, lo que es congruente con una preocupación por la estabilidad futura.

    Si tales apreciaciones se juntan con la relevante y mayoritaria opinión de que se debe cambiar o, al menos atenuar, el presidencialismo actual, se está frente a una clara demanda ciudadana sobre cambios políticos.

    El cambio del régimen presidencial, ya sea a un presidencialismo atenuado o con cambios importantes al actual, a un semipresidencialismo o, derechamente, a un régimen parlamentario, suma una amplia mayoría transversal en la encuesta. Más de un 60% de los encuestados, de manera pareja, se manifestó favorable en ese sentido.

    Una encuesta política como la realizada por la Universidad Mayor y El Mostrador, enfocada a temas políticos y no personajes, pone una perspectiva de cultura política ciudadana a la coyuntura. En este caso resulta claro que el sistema binominal es un mecanismo totalmente desprestigiado entre la ciudadanía, que arrastra la imagen de los políticos y sus partidos, y pone una enorme brecha entre lo que la gente piensa y hace y las preocupaciones que muestra la elite política. Además de representación hay un problema de legitimidad democrática y torna evidente la necesidad de un cambio de Constitución Política como una tarea ineludible en el próximo período.

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