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    Columnas

    1 de Agosto de 2012

    Y los muchachos del barrio la llamaban loca…

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    Licenciada en Filosofía @tere_marinovic
    http://teremarinovic.blogspot.com

    Quizá sea por lo que hace o simplemente por su forma de mirar, pero Cristina no goza de popularidad entre los taxistas de su país. Y la verdad es que hasta ahora no encuentro a ningún partidario suyo en Buenos Aires; sus detractores me informan que viven en provincia.

    El hecho es que cuando le pregunté a uno de oposición cómo fue que la mujer de mirada profunda obtuvo más del 50% de los votos, la respuesta fue tajante: “Porque uno de cada dos argentinos es descerebrado”. Y aunque en cinco días no encontrara yo a ninguno que cayera bajo esa descripción, debo rendirme a la evidencia de que Cristina fue elegida democráticamente.

    Sí, la misma que tiene al rugby argentino sin pelotas, porque las que se debían usar están retenidas en la aduana… fue elegida democráticamente. La que decidió promover la industria nacional al precio de que adquirir ciertos productos importados fuera prácticamente imposible… fue votada por más de la mitad de los electores argentinos.

    Cristina es ¿cómo decirlo? de los políticos que creen en la libertad y en el derecho de propiedad tanto como en su facultad de hacer excepciones (prudencialmente, por cierto), cuando hay un fin que lo justifica. Y si me pidieran que la definiera en una sola palabra, diría que es ¡una optimista! una convencida de que puede triunfar lo que ya fracasó, y funcionar lo que nunca resultó.

    Ella, Cristina, es también la responsable de que los argentinos tengan un límite para el retiro de sus dineros del banco, límite sobre dineros que les pertenecen; y la que hace pocos días fijó una restricción en el monto para la compra de dólares. El Gobierno de Cristina es el que tiene subejecutado el presupuesto para salud y seguridad, mientras el proyecto llamado “Fútbol para todos”, recibe recursos extraordinarios. Y el Gobierno de Cristina fue también el que echó mano del ahorro de los pensionados para resolver problemas financieros del Estado. Cristina es además la que hace un par de días llevó de paseo a los presos, a dos eventos kirchneristas.

    Cristina es ¿cómo decirlo? de los políticos que creen en la libertad y en el derecho de propiedad tanto como en su facultad de hacer excepciones (prudencialmente, por cierto), cuando hay un fin que lo justifica. Y si me pidieran que la definiera en una sola palabra, diría que es ¡una optimista! una convencida de que puede triunfar lo que ya fracasó, y funcionar lo que nunca resultó.

    Pese a todo, Cristina no es popular entre los taxistas de Buenos Aires. Todos ellos empiezan hablando de sus políticas y terminan mirándome fijo y con los ojos bien abiertos, para decirme en voz baja: “¿Y sabe qué, señora? ¡Es loca!”.

    Pero yo defiendo a Cristina, ella no tiene la culpa de existir. Son las riquezas naturales de su país, la desidia de la clase alta y la falta de educación de la mitad de sus electores, los que han inflado a la muñeca de plástico. Y aunque en el último tiempo se haya hablado mucho en nuestro país de la educación como un derecho humano, lo que este viaje me hizo entender es que el subsidio a la educación de otros no es un acto generoso, sino que responde al instinto más básico de supervivencia… si uno no quiere terminar siendo gobernado por alguien que peina la muñeca.

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