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    Columnas

    13 de Septiembre de 2012

    No votarás: la tragedia de nuestra democracia

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    Director del Instituto de Investigación en Ciencias Sociales, ICSO Universidad Diego Portales.
    http://www.icso.cl

    Mucho antes que Eloísa González llamara a funar las elecciones municipales, los jóvenes ya habían expresado su poco interés en concurrir a votar. Diversos estudios de opinión han demostrado sistemáticamente que ellos tienen una predisposición mucho menor de participar en elecciones que los mayores de 30 años. En el año 2011 el 63,4 % de las personas entre 18 y 29 años decía que sí concurriría a votar si el proceso fuese voluntario. Este año, en ese mismo segmento de edad la cifra cayó a un 43,1 % (Encuesta UDP 2011 y 2012).

    Tres son las variables más relevantes que definen la concurrencia a votar. La primera es la clase social: mientras mayor es el nivel socioeconómico de las personas, mayor es su interés en participar de las elecciones municipales. En la encuesta UDP 2012, el sector ABC1 declara en un 71,2 % su interés por votar, mientras los sectores D y E lo hacen en poco más del 60 %. La segunda es la edad: el 82,1 % de los mayores de 61 años declara su interés por votar, en tanto los menores de 29 lo hacen en un 43,1 %.

    Primero, es muy probable que se produzca una “elitización” de los procesos electorales, en la medida en que serán los sectores medios y medio-altos los que con mayor intensidad concurrirán a votar. Segundo, como tampoco la oferta política variará significativamente en el corto plazo, es muy probable que los jóvenes no participen masivamente en el proceso político de octubre.

    La tercera determinante del voto es la posición ideológica. Aquellos que se autoidentifican con la izquierda y la derecha son más propensos a declarar su interés por concurrir a votar. Las personas de centro y los que no se identifican en la escala izquierda-derecha tienden a mostrar una menor inclinación por participar de las municipales 2012.

    ¿Qué significa todo esto? Primero, es muy probable que se produzca una “elitización” de los procesos electorales, en la medida en que serán los sectores medios y medio-altos los que con mayor intensidad concurrirán a votar. Segundo, como tampoco la oferta política variará significativamente en el corto plazo, es muy probable que los jóvenes no participen masivamente en el proceso político de octubre. De hecho, del 63,3 % de los entrevistados que indicó que concurrirá a votar, el 86 % señaló que estaba inscrito en el padrón antiguo, mientras solo el 14 % corresponde a “nuevos inscritos” (registrados automáticamente).

    Tercero, al existir un interés mayor de los segmentos “politizados” (de izquierda y derecha) por concurrir a votar, es muy probable que observemos una polarización del debate político con la intención de precisamente atraer a estos votantes. Finalmente, las dificultades para atraer a los segmentos no identificados, pobres y jóvenes, incentivarán a los candidatos a incrementar sus gastos de campaña.

    En síntesis, el voto voluntario perjudicará la calidad de la democracia en Chile. Elitizará la participación electoral, polarizará el debate político, incrementará los gastos de campaña y no necesariamente favorecerá una mayor participación electoral. Esto es la tragedia del voto voluntario: una mal concebida promesa de “libertad de decidir” que terminará perjudicando a las instituciones democráticas.

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