Grupo El Mostrador: | El Mostrador | El Mostrador TV | El Mostrador Mercados | Avisos Legales

Búsqueda
  • Sábado, 19 de abril de 2014
  • Actualizado a las 19:20

Columnas

9 de noviembre de 2012

La fallida encuesta de Adimark

avatar
Gerente de Asuntos Públicos Imaginacción Consultores

Al Presidente Sebastián Piñera le viene como anillo al dedo el verso del grupo cubano de hip hop los Orishas, respecto a que la mala suerte lo persigue hasta durmiendo.

Sólo en el gobierno de Piñera pueden ocurrir las elecciones más enredadas y con más problemas que recuerde la historia de Chile, y sólo a Adimark, una empresa encabezada por Roberto Méndez —a quien los medios suelen sindicar como muy cercano al mandatario—, se le puede echar a perder una encuesta.

Convengamos que Adimark es una empresa privada y que Méndez no tiene ninguna obligación de mostrar sus resultados, que es donde se centraron las principales críticas en las redes sociales. Y que también dichas críticas tienen implícito un reconocimiento a una encuesta que posee la particularidad de tener una periodicidad mensual y que por tanto permite configurar tendencias respecto a cómo los ciudadanos evalúan el gobierno.

También que la notoriedad pública que ha alcanzado Adimark, su encuesta y Roberto Méndez es porque el Presidente es un reconocido adicto a las encuestas, como señalé en una columna en este medio de hace casi dos años. Su adicción puede haber llevado al propio Méndez a un dilema complejo, como el que probablemente tuvo cuando sus resultados diferían de manera notoria con la encuesta CEP.

El problema claramente no es Roberto Méndez, profesional destacado con una larga trayectoria en el mercado, que incluye, por cierto, una gran cantidad de contratos para el Estado durante el gobierno de Piñera. En el portal Chilecompra se pueden encontrar más de 25 contratos con Adimark de diversos organismos fiscales. También la Municipalidad de Providencia, cuando era dirigida por el ex agente de la DINA, Cristián Labbé, contrató en su momento los servicios de Adimark. En el mundo privado es uno de los líderes del mercado, y las propias apreciaciones de Méndez, quien en seminarios privados suele ser más crítico del gobierno que lo que lo muestran los medios, lo hacen un referente en el tema.

El problema es el Presidente, que ha convertido a Adimark en un instrumento de políticas públicas. Hay que recordar que en los inicios de su gobierno le dijo a los ministros que los iba a medir por el nivel de conocimiento en dicha encuesta, a lo que le daba más importancia que al cumplimiento de metas institucionales o la aplicación del programa de gobierno. Más aún, según trascendió en los medios escritos, en una reunión de gabinete, el Presidente se burló de un ministro por su bajo conocimiento en la opinión pública.

Incluso el Presidente, enceguecido por el peak de popularidad asociado al éxito de la operación de búsqueda de los 33 mineros en la mina San José, y para no perder esos preciosos puntos, echó abajo con un golpe de su blackberry el proyecto Barrancones después de una serie de protestas y reclamos en las redes sociales. La institucionalidad ambiental, que había aprobado dicho proyecto, y a la que le quedaban instancias donde reclamar, valió poco en ese momento. Ser el Capitán Verde que salva al mundo y a los pingüinos de una malévola central termoeléctrica y mantiene una alta popularidad según la Adimark, valió más en ese momento. Muchos de los que aplaudieron al Presidente entonces, lamentan ahora haberle permitido que pasara sobre la institucionalidad. Probablemente ese sea el punto de partida de muchos de los problemas que han ocurrido durante su gestión.

Por otro lado, la participación del Presidente en el escándalo de la Casen —que incluyó una reunión con Juan Carlos Feres de la que se ha hablado poco—, y el juego lingüístico con el error estadístico, hace razonablemente dudar sobre los resultados de octubre y si hubo o no presiones sobre Adimark para que no los publicara. Es algo que no podemos saber, salvo que en algún momento el propio Roberto Méndez lo diga, que no tiene obligación de hacerlo.

La explicación oficial respecto a que la encuesta no fue publicada debido a que tuvo una “inusualmente alta  tasa de no respuesta por parte de los entrevistados”, abre más interrogantes en vez de aclarar la situación, entre otras cosas, porque como Adimark no publica cual es la tasa de no respuesta que tiene, es imposible determinar a que llama ‘inusualmente alta’.

La explicación oficial respecto a que la encuesta no fue publicada debido a que tuvo una “inusualmente alta tasa de no respuesta por parte de los entrevistados”, abre más interrogantes en vez de aclarar la situación, entre otras cosas, porque como Adimark no publica cual es la tasa de no respuesta que tiene, es imposible determinar a que llama ‘inusualmente alta’.

Es normal en las encuestas telefónicas, como las que hace Adimark, que la tasa de no respuesta —que son aquellos usuarios que no responden la encuesta, cuelgan el teléfono, mandan saludos a los progenitores o similares—, sea alta.

También es cierto que las encuestas telefónicas tienen críticos, pues tienden a sobre representar a aquellos sectores con teléfono domiciliario, siendo que los segmentos populares y las personas más jóvenes ocupan la telefonía móvil como reemplazo de la red. Pero por otro lado, son fáciles de hacer y muestran una cierta tendencia que vale la pena evaluar. En todas partes son ocupadas y con buenas metodologías son grandes predictores de situaciones puntuales. La propia encuesta Adimark mostró en su momento el deterioro de la popularidad del Presidente, lo que fue ratificado por la encuesta CEP y otros instrumentos que se han conocido por la opinión pública.

Por otro lado, octubre en particular era muy interesante de medir. Los resultados de las municipales, y en especial los de Santiago, donde el triunfalismo de La Moneda que trascendía en los medios escritos era pan de todos los días y mostró al derrotado candidato oficialista Pablo Zalaquett, convirtiendo la elección en un plebiscito sobre la gestión del Ejecutivo.

Probablemente la obsesión del entorno del Presidente por dar golpes comunicacionales a la ex Presidenta Bachelet, y esta vez en la forma de una derrota de su ex vocera Carolina Tohá —una de sus ministras más cercanas—, les jugó una mala pasada, pues como es normal en democracia, Tohá podía ganar, que fue lo que hizo con una diferencia sustantiva.

Además de ello, en septiembre el gobierno había evidenciado una baja en su popularidad que se había estabilizado en los cuatro anteriores, por lo que dicha medición podría haber mostrado qué ocurría con la tendencia. Si bien la polémica de la Casen culminó en septiembre, también era importante ver si había afectado finalmente la credibilidad del Presidente. Aunque le moleste a muchos cercanos al gobierno reconocerlo, los malos resultados de la selección de fútbol, que también fueron en este mes, afectan a la figura del Presidente, pues nunca se han aclarado las dudas de si hubo participación de éste o del subsecretario de Deportes en la operación que cambió a la dirigencia del fútbol y terminó con Marcelo Bielsa fuera de la selección. El hecho que ni el Presidente ni el Subsecretario se hayan desprendido de sus acciones de Blanco y Negro, concesionario de Colo-Colo, quien encabezó las embestidas contra Harold Mayne Nicholl’s y Marcelo Bielsa, y las reconocidas diferencias de éstos con La Moneda, hace que dichas dudas sean razonables.

Por otro lado, durante el mes de octubre también fue el escándalo de los sobreprecios que afectó al Ministerio del Interior, donde estuvo implicado el ex Fiscal Peña, reconocidamente cercano al ex titular de la cartera, Rodrigo Hinzpeter. Las explicaciones de Méndez, respecto a que es un problema sistémico de la industria de las encuestas, agravan la situación y en verdad no corresponden a la realidad. Un descrédito de los políticos no necesariamente es un descrédito en las encuestas. Si bien estas no fueron capaces de predecir el alto nivel de abstención, de la misma manera que ahora no hay una explicación convincente de sus causas, esto no implica que hayan perdido su validez como instrumento.

Prueba de esto son las encuestas en EE.UU., que predijeron con bastante precisión la situación en los estados bisagra, incluyendo la victoria amplia de Obama en Ohio y la fotográfica decisión en La Florida. También las que se hicieron a boca de urna y que fueron transmitidas con por los medios internacionales, pues mostraron números similares a los resultados de último momento de la jornada.

En Chile, quienes se equivocaron fueron las encuestas asociadas a los medios de comunicación, con la excepción de La Tercera en Providencia, y también fueron los propios medios quienes compraron el triunfalismo de La Moneda y no chequearon con otras fuentes si eran ciertos dichos rumores.  De la misma manera que ahora no han chequeado la serie de rumores que han esparcidos abogados de Renovación Nacional sobre la elección de Ñuñoa, que ha hecho que se muestre como un conteo no terminado, lo que no es efectivo, pues hay un fallo del Colegio Escrutador que declara a Maya Fernández alcaldesa electa. En ambos casos queda la sensación de que prima un criterio editorial sobre un periodismo más riguroso.

Por la propia reputación de Adimark y Roberto Méndez, que es amplia y reconocida, sería recomendable que una vez que publique los resultados de noviembre, de una explicación clara de lo que observó en octubre. Eso permitirá que sigamos observando con atención su encuesta mensual.

  • Términos & Condiciones

  • Ver Comentarios

Las opiniones vertidas en esta sección comentarios son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente la línea editorial de El Mostrador.


Quienes entran a revisar y leer estos comentarios deben tener presente que, no obstante el esfuerzo permanente que realiza El Mostrador para que no ocurra, pueden encontrar expresiones ofensivas o groseras, proferidas por personas que no han respetado el ambiente de respeto y tolerancia que es consustancial a la línea editorial de El Mostrador.