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Columnas

22 de enero de 2013

Golborne, escucha…

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Profesor investigador de la Escuela de Gobierno de la UAI

Golborne, sabes que la única gracia que le encuentro a tu trayectoria es que hiciste lo que había que hacer con las oportunidades que tuviste. También partí en escuela pública de barrio, seguí por el Instituto unos años después que tú, luego en universidad de región y después en un doctorado en Alemania, lo que al menos para mi fue como sentarme en el sillón de gerente de Cencosud. ¿Y? ¿Tendría que esperar que por eso los colegas de las universidades en las que he trabajado me dieran la medalla al mérito?, ¿o que propusieran mi nombre para ponerle a la Sala de Reuniones? ¿Qué tiene de raro hacer lo que hiciste? Lo único raro es que presentes como un mérito tener un buen pasar cuando tuviste la oportunidad de vivir en un excelente barrio y estudiar en un colegio top.

Te creo si hubiésemos sido los últimos descendientes de onas, o si hubiésemos nacido en las cercanías de Cañete; te creo si hubiésemos sido mujeres embarazadas a los 15, o si hubiésemos tenido que tomar la lancha una hora y después caminar 5 kilómetros para llegar a una escuela en la que, además, no hablaban nuestro idioma. Pero Golborne, ¡te fuiste al Instituto en metro! Eras de los pocos que tenía ese ‘privilegio’. Y claro, no en el sardineo de ahora, sino en el metro que no tenía hora peak. Y a la vuelta seguro te ibas mirando los árboles de la calle Pajaritos, una de las cosas bonitas que aún quedan en Santiago. Y más encima, si querías rezar tenías la tremenda iglesia al lado de tu casa.

Golborne, escucha, el cuento del mérito es una semántica de elites para incluir en su grupo a los que nunca serán de su grupo, porque cuando te tratan de meritocrático, te están precisamente diciendo que eres un extranjero en el reino cordillerano. Si aún se vendieran títulos nobiliarios tendrías alguna oportunidad. Podrías ser el Conde de Pajaritos, el Marqués de Rinconada, el Barón de Peñaflor; pero ya los dueños los compraron todos. No te dejaron ninguno. Por eso te proponen para Presidente. Golborne, el primer deber de clase media es no mirar para arriba a los que se creen más arriba, y el segundo es no creerle a los que te dicen que lo lograste.

¿Cuál es el mérito entonces? ¿Aprovechar las oportunidades que tuviste? A lo más el mérito fue de tus padres por haberte puesto en el ‘primer foco de luz de la nación’. Buen ojo. Votaría por ellos. Tú hiciste lo que tenías que hacer no más; como yo y como tantas otras personas que mueven este país día a día sin andar pidiendo que los feliciten o que los nominen para Presidente por hacer lo que tienen que hacer. Lo que pasa es que te creíste el cuento del mérito. Golborne, escucha, el cuento del mérito es una semántica de elites para incluir en su grupo a los que nunca serán de su grupo, porque cuando te tratan de meritocrático, te están precisamente diciendo que eres un extranjero en el reino cordillerano. Si aún se vendieran títulos nobiliarios tendrías alguna oportunidad. Podrías ser el Conde de Pajaritos, el Marqués de Rinconada, el Barón de Peñaflor; pero ya los dueños los compraron todos. No te dejaron ninguno. Por eso te proponen para Presidente. Golborne, el primer deber de clase media es no mirar para arriba a los que se creen más arriba, y el segundo es no creerle a los que te dicen que lo lograste.

Seguro que fuiste responsable, porque no desperdiciaste lo que te ofrecieron. Y seguro te esforzaste, qué duda cabe, incluso en el Gobierno, diría yo, al menos. Pero, si recuerdo bien, casi la totalidad de mis 44 compañeros de curso del Instituto eran también responsables y esforzados. Y varios venían de Maipú, de la entonces emergente La Florida, de la populosa La Cisterna, de la elegante Ñuñoa o de la verde La Reina, aunque todos teníamos un domicilio trucho en Santiago para que nos dejaran entrar. ¿Cuál domicilio diste tú Golborne?

¿No nos estarás haciendo creer que es un mérito esforzarse cuando tienes las oportunidades, no? ¿No estarás diciendo que la mayoría de los chilenos no aprovecha las posibilidades que se le presentan y que por eso tú eres la excepción cuyo ejemplo tendríamos que seguir? Porque si así fuese, pucha que te perdiste. Aunque en realidad, esto de perderse tanto me sería coherente con eso otro de querer ponerle balas de verdad a las pistolas disuasivas.

Bueno Golborne, si prometes extender el metro al menos hasta Melipeuco por el sur y Pozo Almonte por el norte, y en una segunda etapa por túnel minero hasta Rapa Nui, pensaría que hablas en serio con esto de que ‘es posible’. Por mientras, de institutano a institutano, sigamos haciendo lo que hay que hacer.

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