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Columnas

19 de junio de 2013

Pablo Longueira: xenofobia, ignorancia y migración

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Universidad de Los Lagos

Pablo Longueira consiguió hablando lo que no logró el censo 2012 que se aplicó bajó su gestión como ministro: visibilizar a los migrantes que residen hoy en Chile. Algo meritorio dada la ignorancia generalizada que existe sobre la realidad de estas  personas, que desde la década de 1990 vienen cambiando la configuración de esta sociedad. Aunque consiguió que hoy al menos se esté hablando de ellos, es necesario, precisar algunos puntos para aportar realidad a la discusión y poder hablar desde los hechos y no desde la ignorancia y el prejuicio.

Partamos por decir que Longueira acierta el punto cuando plantea la necesidad de modernizar la legislación migratoria. Y es que la normativa vigente es de 1975, fue concebida bajo la lógica de la seguridad interior del Estado y es anterior a la actual conformación de Chile como un país receptor de migrantes. Donde yerra el candidato es en ignorar que ya hay un proceso que está en marcha, pues el gobierno del que formó parte hasta hace un mes, envió hace 15 días un proyecto de ley migratoria con el que se busca reemplazar el documento de 1975. Digamos de paso que este proyecto más que modernizar la legislación, la convierte en un instrumento para el reclutamiento en el extranjero de mano de obra barata y con precarias garantías en cuanto a los derechos. El proyecto promete además, incrementar la migración irregular en virtud de restricciones que chocan con la realidad. Es sabido que legislar desde la ignorancia genera siempre consecuencias no buscadas. Y es que igual que Longueira quienes redactaron el documento tienen que estudiar un poco, o al menos informarse.

Lo que hace Longueira es poner en práctica algo que la ultra derecha europea viene haciendo desde hace décadas: convertir a los migrantes en un “chivo expiatorio”. Normalmente los migrantes se utilizan para justificar la decadencia en la calidad de los servicios públicos en función de promover su privatización. Longueira sin embargo no es tan sofisticado, busca como mucho asegurar que no se le sigan escapando los votos en la derecha profunda de este país.

La imagen de los migrantes que proyectó el candidato se basa en el prejuicio, muy extendido en la sociedad por cierto, de que los migrantes constituyen una carga para la sociedad, y que perjudican a ciudadanos chilenos en el empleo y los servicios públicos. Longueira planteó directamente que los migrantes copan empleos que podrían ser para chilenos, ocupan los servicios públicos de salud y saturan el sistema educativo. Es cierto, que hizo la precisión y se refirió a los migrantes “ilegales”, refiriéndose en realidad a aquellos trabajadores extranjeros cuyos empleadores no han tenido el buen gusto de hacerles un contrato de trabajo para que puedan optar a un permiso de trabajo.

Y es que en Chile cualquier persona que entre como turista puede optar a acceder a un permiso de trabajo temporal si consigue un contrato. Si consideramos además que Chile no exige visado para el ingreso de turistas, al menos para ningún país de la región, es bien probable que la cantidad de migrantes en condición irregular sea mínima. Chile entrega facilidades como pocos países del planeta para que los ciudadanos extranjeros puedan acceder a permisos de trabajo. Que lo hagan o no depende exclusivamente de la  voluntad de quienes los emplean. Ahora, claro está que si contáramos con el “mejor censo de la historia”, podríamos saber con exactitud cuantos migrantes están en esta situación, con una simple resta.

Lo que hace Longueira es poner en práctica algo que la ultraderecha europea viene haciendo desde hace décadas: convertir a los migrantes en un “chivo expiatorio”. Normalmente los migrantes se utilizan para justificar la decadencia en la calidad de los servicios públicos en función de promover su privatización. Longueira sin embargo no es tan sofisticado, busca como mucho asegurar que no se le sigan escapando los votos en la derecha profunda de este país. Cabe precisar que el efecto que tiene este tipo de operación en países como Francia o España es significativo pues cuentan con tasas de migración que superan el 10 %, sin embargo en Chile, es poco probable que tenga algún efecto si consideramos que la tasa de migrantes llega como mucho al 2 % de la población. Para ser precisos el dato oficial generado por el ministerio del Interior estima para 2011 poco menos de 350 mil migrantes.

Sería bueno que el candidato explicara cómo es que los 350 mil migrantes que residen y que cuentan con una tasa de actividad superior a la de chilenos, o sea que van menos al colegio, se enferman menos (por su edad) y trabajan más, van a saturar los servicios públicos, que con su trabajo y los impuestos que pagan contribuyen a sostener. O cómo es que los empleos de los chilenos en las regiones del norte del país se van a ver afectados por esta masa desbordante, si más del 70 % de esos 350 mil trabajadores extranjeros reside de la Región Metropolitana hacia sur. Y que en cualquier caso, el único estudio realizado en Chile al respecto, por D. Contreras, J. Ruiz-Tagle y P. Sepúlveda del Departamento de Economía de la Universidad de Chile, muestra que la concentración de migrantes en determinados sectores y empleos no solo no reduce el salario de los chilenos sino lo incrementa. Como va a explicar también Longueira que su ex colega y compañera de partido, la ministra del Trabajo Evelyn Matthei (a la que seguramente si invitaron a la discusión de la ley migratoria) viene defendiendo la necesidad de traer trabajadores temporeros desde el extranjero porque los chilenos ya no quieren ser explotados en el campo. Una idea que está a punto convertirse en ley, para el pesar de la población migrante que llegue a Chile en los próximos años y sea empleada en el campo por periodos acotados, sin contar con la posibilidad de acceder a una ciudadanía digna.

Pero Longueira ni de esto se entera. A cambio, ofrece el siguiente dato: están llegando migrantes no solo de Perú y Bolivia sino que han empezado a llegar de Ecuador y Colombia, algo que según sus palabras puede constituir una amenaza para que los chilenos puedan disfrutar de los beneficios del desarrollo. Que le explique al candidato a otro de sus ex colegas, el ministro de salud Jaime Mañalich, por qué se le ocurrió decir, citando un estudio del Banco Mundial que solo entre 2014 y 1015 Chile necesitará 2 mil médicos para que los servicios de atención primaria municipal puedan seguir funcionando. Situación que en regiones es sustantivamente más crítica que en la capital. Actualmente la atención primaria en Chile es cubierta en un 30 % por médicos extranjeros, la mayoría ecuatorianos y colombianos. A lo mejor, Longueira piensa que ahí está el problema de la salud en Chile. Podría proponer expulsarlos y obligar a los médicos chilenos a trabajar en los municipios pobres de Chile, en una de esas mejora la atención y bajan nuestras tasas de mortalidad.

Tampoco se entera Longueira que muchas mujeres y hombres chilenos pueden acceder al mercado de trabajo, gracias a que una mujer peruana o boliviana está cuidando, alimentando y criando a sus hijos en la casa. El candidato no parece entender que los migrantes que viven con nosotros ya son parte de nosotros. Ya no están más afuera, y que el desarrollo del que habla, depende en una porción cada vez más importante del sacrificio que estos trabajadores y trabajadoras realizan cotidianamente. Es más, si miramos los niveles de educación los migrantes latinoamericanos contribuyen más que los chilenos al desarrollo de los chilenos. Según la encuesta Casen de 2009 la escolaridad de los migrantes ecuatorianos es de 13,1 años, la de argentinos (sorpresa: segundo colectivo de migrantes en Chile) de 12,5; la de peruanos de 11,7 y la de chilenos de 11,1. ¿Pero cómo, no que los migrantes eran una masa de ilegales que nos quitan el trabajo y limitan nuestro desarrollo? No, lo migrantes latinoamericanos que residen en Chile son más educados que los chilenos. Son más capital humano que nosotros, ergo, más funcionales al desarrollo. Y es que para información del candidato los migrantes que llegan a Chile y a cualquier parte del mundo son personas que están por sobre la media de sus países, no son ni los más pobres, ni son los más miserables, aunque en las sociedades de destino se los trate como tales. Así que ya se sabe, si queremos aumentar el nivel medio de educación en Chile (un dato que podría lucir bonito en un informe de la OCDE) traer migrantes de los países andinos es una buena estrategia.

Mucha ignorancia mostró el candidato de la situación en Chile y desinformación del resultado que han tenido las políticas migratorias restrictivas en otros países. Basta con mirar lo que ha ocurrido en Europa o Estados Unidos en los últimos años en que se han endurecido las políticas de acceso y dificultado las de integración. Para sintetizar este tipo de políticas ha traído cuatro consecuencias: una reducción de los migrantes que ingresan; un aumento en el número de migrantes muertos en el intento; un encarecimiento de los costos del desplazamiento; y al contrario de lo que se espera, un incremento de la tasa de irregularidad. Es decir entran menos, mueren más, se mejora el negocio del tráfico, y los que entran lo hacen en peores condiciones. Si este es el camino que tiene en la cabeza Longueira más barato y más eficiente es poner directamente cañones y metralletas en los pasos fronterizos y dispararle a todo lo que se mueva.

No es casual que Estados Unidos luego de décadas de políticas restrictivas esté ad portas de regularizar (“amnistiar” se dice en Chile, igual que se dice de los violadores de derechos humanos), a 12 millones de migrantes. O que en España según datos de la Guardia Civil, pasaran de morir en 1 de cada 7 migrantes que llegaba por mar en 1997 a morir 1 de cada 3. Y es que la intensificación de los controles en el Estrecho de Gibraltar  llevó a los migrantes (a los traficantes) a buscar una nueva ruta, desde Mauritania a la Islas Canarias, lo que implicó viajar en bote ya no 60 kms. sino 800 kms. Este es el gran logro de la política migratoria europea de los últimos años. Ahora, más allá de los muertos, que nunca llegaron a ser un problema para la salud o el empleo en España o Italia, los vivos que lograron llegar lo hicieron mayoritariamente en condiciones de irregularidad, y es que está escrito en el destino de las políticas migratorias restrictivas: reducen la migración pero aumentan el trafico, la muerte y la irregularidad.

En fin, en un mundo donde el capital y las mercancías se globalizan, y los Estados incentivan con histeria su fluidez, resulta paradojal que se busque reprimir con la misma ansiedad la circulación de trabajadores. Me parece que hay que detenerse un poco a reflexionar  y a discutir. Porque el fondo del asunto es que la migración no tiene que ver primeramente ni con del desarrollo, ni con el empleo, ni con la seguridad interior de Estado, sino con los derechos que tienen las personas de migrar y de acceder a la ciudadanía en igualdad de condiciones una vez que residen en la sociedad. Es de esperar que en la discusión parlamentaria en torno a la nueva ley migratoria esté presente el principio de los derechos humanos, antes que el interés superior del Estado, la voluntad de la industria agrícola, o los temores infundados que desde la ignorancia han venido en buena hora a hacer explícitos.

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