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7 de septiembre de 2012

Aprobación de reforma tributaria y crítica a asamblea constituyente lo cuestionan en el PS

La semana en que a Escalona se le apareció el cuco

En menos de siete días el presidente del Senado jugó dos cartas audaces en la defensa del statu quo: desechar un mecanismo popular para generar otra Constitución y dar su voto al ajuste impositivo que se convirtió en triunfo para La Moneda, a contrapelo de la mayoría de su partido. Él apuesta a generar una plataforma de gobernabilidad para Bachelet ante el empresariado y la derecha, pero ya empieza a pagar costos internos por eso.

Todo sea por Michelle Bachelet. Esa parece ser la consigna de buena parte del núcleo más duro de la ex Presidenta. Un pragmatismo que el último tiempo ha quedado de manifiesto en las acciones y declaraciones del presidente del Senado, Camilo Escalona (PS). Su respaldo —a contrapelo de la mitad de la oposición— a la polémica reforma tributaria del Gobierno aprobada esta semana en el Congreso y la forma categórica en que desahució cualquier debate sobre una posible asamblea constituyente —como mecanismo para destrabar el círculo vicioso en que se encuentran los esfuerzos por reformar la Constitución—, apuntarían a querer dar señales, una vez más, de gobernabilidad a sectores que temen un giro hacia la izquierda en un segundo gobierno de la ex mandataria.

Hace rato que los detractores de Escalona en el seno de la Concertación y del propio PS, le critican su excesivo apego a lo que muchos han llamado “el partido del orden”, una forma de graficar la defensa excesiva del statu quo en el sistema político, con el fin de garantizar las cuotas de poder. El punto es que cuando el bloque del arcoiris estaba en el gobierno, la responsabilidad de Estado ameritaba dicha tesis, pero ahora desde la oposición sólo ha incrementado la distancia, rechazo y crítica de la opinión pública con los parlamentarios, dirigentes y partidos de la política tradicional.

Que se quiere consagrar como el futuro ministro del Interior en un próximo gobierno de Bachelet, que le gustó el cartel del hombre “republicano”, del gestor del diálogo y los consensos políticos, como trató hace unos meses de ungirlo La Moneda. Es más, que buena parte de su agenda apunta a, desde la testera del Senado, dar garantías de gobernabilidad a sectores empresariales y de la propia derecha, que temen un giro brusco a la izquierda: “Quiere demostrar que Bachelet no viene con la boina puesta”, resaltan.

Pero el costo de ello no es menor. En el socialismo no gustó la declaración que hizo Escalona el fin de semana sobre la asamblea constituyente. “Yo no quisiera que el tema de la Asamblea Constituyente fuera una especie de droga que nos haga olvidar los problemas políticos, que son los decisivos. O sea, que nos pongamos a fumar opio en un escenario ficticio, inexistente, de una crisis institucional que no existe, de una Asamblea Constituyente que no se va a constituir nunca, y que sigamos perdiendo parlamentarios, que continuemos desunidos, y que la derecha continúe haciendo un eficientísimo trabajo electoral”, sentenció en una entrevista, el fin de semana pasado en La Tercera.

No hay que olvidar que en el propio congreso ideológico que el PS realizó en julio del 2011, el tema de la asamblea constituyente fue uno de sus acuerdos al momento de fijar líneas políticas futuras: “El PS propone cambiar la Constitución Política de 1980, a través de una Asamblea Nacional Constituyente para Chile. Este será el ejercicio democrático que le dará legitimidad a una nueva Constitución y base institucional a la sociedad chilena”.

Desde distintos sectores del PS precisan que este pragmatismo de Escalona tiene como objetivo asegurar el orden, porque está convencido que una asamblea constituyente sólo generará expectativas en un segundo mandato de Bachelet que no se podrían cumplir y, por tanto, seguir con dicho debate, abre gratuitamente un foco de futuro conflicto para la ex mandataria. “Teme que se transforme en un boomerang”, afirman en el partido.

Parte del rechazo tajante también pasaría por no dar crédito ni avalar el discurso de sectores de la Concertación —encabezados por los senadores y timoneles del PR, José Antonio Gómez, y del PPD Jaime Quintana— que han levantado hace meses la tesis de la asamblea constituyente, cuando son los mismos que han decretado públicamente la muerte del conglomerado del arcoiris.

Lo irónico es que muchos critican que con ello se está desdibujando el discurso y el sello del PS, ya que en este debate de la asamblea, incluso otras voces fuera del socialismo —como varios DC— se abren, al menos, a discutir esta alternativa, un paso más allá que el propio Escalona, quien otrora levantó las banderas más duras del PS. Hace rato que el senador DC, Andrés Zaldívar, impulsa la idea de una comisión bicameral para reformar la Constitución: “Se puede escuchar a todos los sectores sociales, a todos los actores interesados sobre el tema, y a los expertos en materias constitucionales, porque es acá en el Parlamento donde se tiene que hacer la reforma, ya sea para instalar una asamblea constituyente o para hacer una nueva Constitución”.

Parte del rechazo tajante también pasaría por no dar crédito ni avalar el discurso de sectores de la Concertación —encabezados por los senadores y timoneles del PR, José Antonio Gómez, y del PPD Jaime Quintana— que han levantado hace meses la tesis de la asamblea constituyente, cuando son los mismos que han decretado públicamente la muerte del conglomerado del arcoiris.

Por sobre todo, estaría el temor del bacheletismo a que la ex Presidenta resuelva no volver al país ni liderar una campaña presidencial para que la Concertación recupere el gobierno. Ese miedo a que la secretaria general de la ONU-Mujer resuelva quedarse en Nueva York ante un escenario de desorden, llevaría a Escalona a tratar de imponer ciertos grados de estabilidad y con “garantías” de que tendrá neutralizado varios de los focos de conflicto.

“Hace una lectura equivocada Escalona, porque se preocupa de las formas, pero no del fondo del problema, que es el descontento de la ciudadanía, la falta de programa, de ideas”, precisan en el PS.

Huele a descontento

Ese descontento del cual se habla, es un síntoma que quedó reflejado con la toma la sede partidaria de calle Londres que, desde el martes en la noche hasta el miércoles en la tarde, protagonizaron unos 30 jóvenes de la Juventud Socialista, como una forma de mostrar su descontento con la línea política de la colectividad. “Que diría Almeyda, qué diría Allende”, rezaba uno de los carteles que colgaron de las ventanas del partido aludiendo a la aprobación del ajuste tributario de La Moneda, que respaldaron los senadores del PS, salvo Pedro Muñoz.

En una declaración, la JS habló de sentir “vergüenza” y emplazaron a su partido ante temas que están ad portas en la agenda, como la ley Hinzpeter y la asamblea constituyente. “Lamentablemente todo repercute en nuestros espacios locales y finalmente somos los militantes de base los que, a pesar de estar en contra de estas situaciones, debemos dar la cara ante la ciudadanía y su comprensible malestar”, advirtieron.

El senador Muñoz y la bancada de diputados del PS, rechazaron en la sala la reforma tributaria. “Claramente hubo dos opiniones, no se puede desconocer eso”, reconocen en el partido, aunque ocurrieron dos hechos que llamaron la atención y de los que muchos en el PS tomaron nota. Que dos representantes tradicionales de la “nueva izquierda”, Muñoz y el timonel del partido, Osvaldo Andrade, no se alinearan con Escalona y el acuerdo que habían alcanzado.

Una de las características del senador Muñoz es su disciplina, tanto que en el Senado más de una vez se ha dicho que “el voto de Escalona vale por dos”, en el entendido que el parlamentario por Magallanes siempre se alinea con el líder de la Nueva Izquierda.

En el caso de Andrade, se insiste que se trata de instalar un conflicto artificial entre él y Escalona, que no existe quiebre ni distancia, que las diferencias son legítimas como en el caso de la reforma tributaria. Pero también se dice en el PS que el diputado “más de una vez tiene que poner la cara por los dichos de Escalona” y que las diferencias pasan por visiones diferentes en los estilos de conducción.

En ese sentido, se comenta que el senador Escalona siempre criticó que el actual timonel le diera espacio a la disidencia interna —encabezada por Fulvio Rossi y Marcelo Díaz— y que actuara con mano blanda, ello ante el hecho que Andrade ha mostrado un estilo más inclusivo que su antecesor, bajo cuya dirección varias figuras históricas del PS —por distintas razones— como Jorge Arrate y Alejandro Navarro, renunciaron a sus militancias, algo que aún pesa en el partido.

“Prefiere un partido chico, pero bien ordenado, que uno más grande pero con una disidencia que haga ruido”, aseguran en el PS sobre el presidente del Senado.

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