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17 de septiembre de 2012

Senador Juan Pablo Letelier (PS) respalda Asamblea Constituyente:

“Chile requiere algún grado de ruptura institucional para que mande la mayoría”

Para el parlamentario, que apoya la candidatura de Bachelet, el problema es que en el país no gobiernan las mayorías por el miedo histórico que siente la elite hacia la gente. Califica de ofensivos los dichos de Escalona de que estar a favor de la constituyente es “como fumar opio” y afirma que el programa de gobierno de la ex mandataria debe contemplar una forma de avanzar hacia una nueva Constitución.

El senador Juan Pablo Letelier (PS) es uno más de quienes ve con esperanza la posibilidad de que en Chile se produzca un escenario propicio para implementar una asamblea constituyente con el objeto de cambiar la Constitución. Al igual que otros senadores de la Concertación, como el radical José Antonio Gómez, y que muchos de sus compañeros de partido, salvo Camilo Escalona, estima que en Chile “no hay consenso constitucional” y que para lograrlo se requiere de una Carta Fundamental que permita que las mayorías tomen las decisiones de cambio que se necesitan para el futuro. De ahí que se sume a la defensa de este mecanismo. Incluso asevera que la constituyente debiera ser una “condición sine qua non” del programa de la oposición en las próximas presidenciales, que espera encabece la ex Presidenta Michelle Bachelet.

-¿Qué le parece el debate por la asamblea constituyente?
-En términos generales, el gran problema en Chile es que no manda la mayoría. Y yo respaldo todo lo que ayude a generar conciencia de eso. Se va a cerrar un ciclo histórico cuando en Chile mande la mayoría. Este es el tema que nos va a atravesar para la administración de los recursos naturales; para enfrentar los problemas de distribución de ingresos; para crear servicios públicos, bienes públicos, educación, salud y medio ambiente, adecuados. Estos son los ejes que sólo se resuelven cuando manda la mayoría y para que eso ocurra se tiene que cambiar la Constitución. Porque estos son los tres ejes que están contenidos en el modelo del orden público-económico que está consagrado en la Constitución.

-¿Y que están amarrados de alguna manera en la Constitución?
-Más que amarrados están contenidos y para cambiarlos se requiere de modificaciones constitucionales. El problema es que en Chile no existe consenso constitucional y no existe, en particular, por estas tres áreas: recursos naturales, calidad de los servicios públicos, la concentración que genera el modelo económico. Y esto se resuelve modificando el sistema político de representación, por uno donde mande la mayoría. Una dimensión de eso es el sistema binominal, pero no la única. En ese sentido, todo lo que empuje a generar conciencia: plebiscito, reforma constitucional o la cuarta urna… todas estas iniciativas apuntan a resolver el problema para que mande la mayoría. Que los ciudadanos sean consultados y, por tanto, lo que hay que hacer es apoyar todas estas iniciativas.

-¿Qué le parece que el presidente del Senado, Camilo Escalona, de su partido, no respalde la asamblea constituyente y haya insinuado que los que sí lo hacen hayan fumado “opio”?
-Independiente que sea de mi partido, o no, para tener una convivencia armónica, con estabilidad en el tiempo, Chile requiere de un consenso constitucional nuevo y para llegar a eso el camino más sabio es una asamblea constituyente. El que una nueva Constitución se escriba entre iluminados y después sea consultada a la gente, que puede ser un segundo camino, tendría un problema de legitimidad. De la legitimidad que Chile está demandando; que los ciudadanos más empoderados demandan; porque quieren ser parte de este debate. En ese sentido soy partidario de una asamblea constituyente. Chile es el único país de América del Sur que nunca ha tenido una. Y tenemos una actitud de superioridad bastante vergonzosa, cuando se compara con la realidad de Ecuador, Perú, Bolivia, Argentina, Uruguay, Brasil, Venezuela, Colombia… Todos países con diferentes signos políticos en su momento y todos han tenido asamblea constituyente.

-¿Y a qué atribuye eso?
-Este es un problema muy de fondo, porque Chile es un país que siempre le ha tenido miedo a las mayorías. Las elites siempre le han tenido miedo a las mayorías, que en nuestro país —a mi juicio— son tremendamente enriquecedoras del debate público. En ese contexto, que Camilo —más allá de que la frase es, por un lado, poco afortunada y, por otro lado, muy ofensiva, y quiero pensar que no era su intención ser ofensivo, pero fue una frase muy poco afortunada— pueda tener otra opinión es legítimo. Pero lo que no puede no estar en debate es que no hay consenso constitucional. Chile requiere necesariamente algún grado de ruptura institucional para que mande la mayoría.

-¿A qué se refiere exactamente con ruptura institucional?
-El problema es que el oficialismo no quiere una Constitución consensuada. Permítame hacer un paralelo: por qué salen a la calle los estudiantes, porque las instituciones no son capaces de asumir, procesar y encausar sus demandas. Hoy la mayoría de Chile quiere una reforma educacional; quiere un modelo educacional en el que la educación superior no esté basada en el autofinanciamiento; desmunicipalización; educación superior gratuita para la clase media y la familias de trabajo; educación pública escolar fortalecida y quiere poner fin al lucro. Esos son los temas básicos y todo eso pasa por una reforma constitucional, creación de nueva institucionalidad. Los jóvenes siguen en la calle porque las instituciones no encauzan el debate donde corresponde; porque el Parlamento no encauza el debate, porque hay un cerrojo que ha puesto una minoría para que eso ocurra. ¡En el debate constitucional es lo mismo, no nos engañemos! No es que no haya partes de la Constitución que compartamos, por cierto hay mucho que uno comparte. En estos años hubo varias reformas constitucionales que fueron un avance respecto de lo que teníamos. Sin duda, poner fin al rol del Consejo de Seguridad Nacional, que se autoconvocaba; terminar con los senadores designados y muchas otras cosas que eran propias de una Constitución muy autoritaria y antidemocrática, pero quedan otras. Y creo que la única forma de avanzar, dado que no creo que la derecha quiera una asamblea constituyente, es en algún momento crear un hecho político que signifique un quiebre institucional que permita generar una constituyente o darle mandato constituyente al Parlamento. Pero de otra forma, no con esta composición que hay actualmente.

 En el gobierno de Bachelet

Las elites siempre le han tenido miedo a las mayorías, que en nuestro país —a mi juicio— son tremendamente enriquecedoras del debate público. En ese contexto, que Camilo —más allá de que la frase es, por un lado, poco afortunada y, por otro lado, muy ofensiva, y quiero pensar que no era su intención ser ofensivo, pero fue una frase muy poco afortunada— pueda tener otra opinión es legítimo. Pero lo que no puede no estar en debate es que no hay consenso constitucional. Necesitamos que mande la mayoría y para lograrlo se requiere necesariamente algún grado de ruptura institucional.

 -¿Y la comisión bicameral que usted suscribió?
-Por eso hablo de un grado de ruptura, porque una comisión bicameral es necesaria, pero el mismo hecho que no se constituya está demostrando que la derecha no está dispuesta a avanzar ni en eso que es bastante menos que una constituyente. Una comisión bicameral que revise la Constitución, que abra un debate, sería útil. Pero hemos visto incluso cómo Renovación Nacional se separó del dialogo que tenía con la Democracia Cristiana. Por eso, la idea de una cuarta urna o, lo que creo que debe ocurrir, es que en la próxima campaña presidencial la candidata, que espero sea Michelle Bachelet la que encabece a la oposición, debería tener como uno de sus compromisos llamar a una constituyente. Eso significa buscar un momento de quiebre institucional, de inflexión, de ruptura institucional, usen el concepto que quieran; pero si no se aborda el actual orden de cosas, si no se entiende que es un problema, va a llevar a otro tipo de rupturas. En un año más, en 10, aquí va a haber un estallido social, porque las instituciones no están logrando encausar las demandas ciudadanas. Entonces, esto es lo razonable, porque si no va a ocurrir lo que ha pasado en otros contextos históricos y políticos: va a ocurrir un desplome del sistema político.

-¿Qué opina de que la derecha trate de descalificar a aquellos países donde se ha aplicado esta fórmula?
-Me parece muy ofensivo con todos los países. Eso demuestra una actitud displicente, que no se valora a la gente. Pero se lo voy a poner en su terreno: qué Colombia no avanzó ¡Por favor! ¿Están diciendo que la Constitución uruguaya es cuestionable? ¿Que Brasil, que es una potencia mundial, uno de los G-8, una de las economías y sociedades más destacadas y que está enfrentando desafíos, que es un punto de referencia en el continente y en el mundo, no avanzó?

-Más bien se refieren a países como Ecuador, Venezuela o Bolivia.
-Aaaah. Su juicio tiene que ver con un problema ideológico, probablemente más nutrido por la ignorancia o sus prejuicios, porque no creen mucho en la autodeterminación de los pueblos, que es un principio del derecho internacional. Y tratar de igualar el fenómeno ecuatoriano con el venezolano es sólo producto de la ignorancia. Es no entender que son dos procesos muy distintos, no tiene nada que ver el sistema social y político ecuatoriano con el venezolano. Menos con la realidad de Bolivia, que en su gran mayoría es un pueblo originario, indígena, que fue sistemáticamente excluido de la institucionalidad. Es decir, estamos hablando de realidades constitucionales de los tres países absolutamente distintas. La experiencia colombiana puede ser muy útil para nosotros. Porque es una sociedad que ha vivido traumas, distintos a los nuestros, pero que logró a través de una Asamblea Constituyente y una nueva Constitución, generar un encauzamiento que hoy está dando frutos. La derecha, por su naturaleza conservadora, le tiene miedo, porque la Constitución resguarda intereses pequeños, de minorías, de ciertos sectores, y no es representativa ni inclusiva. Los países pueden vivir sin consenso constitucional, pero cuando estalla las consecuencias son mayores.

-¿No será mucho tiempo esperar al próximo periodo presidencial para avanzar hacia una constituyente?
-El tema de una nueva Constitución ha estado presente desde el año ’88. Recuerdo perfectamente las elecciones del ’89 que fue pactado después de la derrota de la dictadura en el plebiscito. Hubo compromisos políticos que Renovación Nacional y la derecha liberal nunca cumplieron. Que era avanzar hacia una constituyente o hacer reformas constitucionales para modificar el sistema político, con el objeto de que mande la mayoría. Y en Chile lo que va a ocurrir es que se va a hacer cada vez más evidente que hay algunos que creemos en que en la democracia manda la mayoría y otros que van a parapetarse en la Constitución para defender sus intereses. Si es mucho tiempo esperar, yo lo pondría de otra forma: tenemos que acumular una nueva fuerza política, cultural y social en Chile. Es evidente que se tiene que construir una nueva mayoría política y social para tareas del próximo ciclo histórico. La Concertación cumplió una función extraordinaria, en el ciclo histórico anterior: hizo la transición sin derramar ni una gota de sangre; restableció las instituciones de convivencia; reinsertó el país en el mundo; sentó las bases de un sistema de protección social, pero lo que está claro es que no se puede avanzar más sin abordar este tema. Y este es el tema de la época, esta es la contradicción principal que existe y para hacerlo se necesita una nueva mayoría política y social. Y creo que junto con este proceso, lo que vamos a ir viendo es la articulación de una nueva coalición política y social para abordar esta tarea que va a ser tanto la elección de un nuevo gobierno como un nuevo programa donde este tema va a ser una condición sine qua non si se quiere tener una nueva mayoría.

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