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3 de febrero de 2013

Opinión

Las primarias versus el binominal

"Por su culpa no doblamos" o "le hicieron el juego a la derecha", pueden ser varias de las frases que se me ocurren para describir la actitud que tendrían los partidos, en el caso que no se logren los doblajes, producto de la dispersión de listas en la oposición.

Existen dos hechos políticos ocurridos en estas últimas semanas que merecen la pena ser revisados minuciosamente con el objeto de generar aprendizajes y posibles conclusiones para los procesos que se avecinan. Estos hacen referencia a distintas aristas de la discusión sobre la “crisis de representatividad” y por la búsqueda de una democracia más participativa.

Hace menos de dos semanas más de 50 mil personas votaron en las primarias para elegir el precandidato presidencial del Partido Demócrata Cristiano. Tras este proceso de elección partidaria —resistido por muchos— los liderazgos internos del PDC han anunciado que “no hay vuelta atrás” con respecto al mecanismo de primarias como forma de escoger los mejores y más representativos candidatos. A ellos se les suman muchos actores que valoraron el mecanismo como forma de validar la selección de candidatos.

Por otro lado, los chilenos fuimos testigos de una vergonzosa votación en la que se buscaba terminar con el sistema de representación binominal. Sin embargo, ésta terminó una vez más desechada por parlamentarios de la Alianza. Independiente de la ofuscación que despertó el hecho en los parlamentarios de la Concertación, el hecho es que existe un porcentaje del parlamento que durante más de 20 años no ha estado dispuesto a reformar el sistema que impide tener una mejor representación de los intereses del pueblo. Y seguirá sin hacerlo porque, además de la carencia de una convicción democrática, simplemente les perjudica.

Entonces una pregunta importante a hacerse sería, ¿cuál es la estrategia que se pretende impulsar desde los partidos de la oposición para que en este, un año de elecciones parlamentarias, se pueda romper con una de las principales trabas democráticas que nos legó Jaime Guzmán? Hasta el momento no se ve este como un objetivo central para este año. El centro de la discusión parece estar en la disputa y apoyos presidenciales, mientras todos sabemos que sin las supra mayorías parlamentarias necesarias, será una historia similar la que veremos en un par de años, independiente de quién esté a cargo del Poder Ejecutivo. Por un lado vemos que ante una gran abstención electoral, el 91 % de los parlamentarios piensa ir a la reelección. A eso se le suma, el hecho que la mayoría de esas candidaturas serán inscritas bajo la —ya tradicional— práctica de “el que tiene mantiene”.

Donde muchos actores ven riesgos de perder espacios de representación, nosotros vemos posibilidades de mostrar —después de mucho tiempo— una unidad en torno a una idea que permita a los ciudadanos volver a creer que la política no se trata solo de basurear a los otros o cobrar grandes sueldos.

¿Dónde queda entonces, la demanda por una mejor representación y la inclusión de nuevas prácticas para la política chilena? ¿Cómo podemos, los distintos sectores políticos de oposición, aceptar que el binominal nos rija, en vez de rebelarnos frente a él?

Estamos en un momento histórico que —tras las últimas elecciones municipales— muestra buenas posibilidades para poder generar los doblajes necesarios y así, facilitar los cambios que durante tanto tiempo se han demandado, pero han sido bloqueados por los partidos de la Alianza. El mismo secretario general de Renovación Nacional predice que podrían haber 20 doblajes por parte de la oposición en estas elecciones. Por lo mismo, se hace urgente una conversación más interesada en el futuro del país y menos interesada en las cuotas históricas de participación política, ya que si seguimos en la lógica de las disputas de egos, llegarán las elecciones de noviembre y nuevamente tendremos un empate en el Parlamento y todos de vuelta a quejarnos.

“Por su culpa no doblamos” o “le hicieron el juego a la derecha”, pueden ser varias de las frases que se me ocurren para describir la actitud que tendrían los partidos, en el caso que no se logren los doblajes, producto de la dispersión de listas en la oposición.

Oposición compuesta por muchas fuerzas diversas. Demasiado diversas, a decir verdad. Algunas, tradicionales, con gran presencia en el parlamento, otras emergentes y pequeñas, como lo somos en Revolución Democrática. Sin embargo, creemos que dentro de esa diversidad pueden encontrarse varios aspectos en común, siendo uno de los principales el término del binominal. Pero, ¿estar de acuerdo con una agenda contra el binominal, nos hace parte de una coalición gobernante? No necesariamente, de hecho las diferencias en otras materias pueden ser bastantes, y legítimas por cierto.

¿Puede una sola agenda determinar un pacto electoral, sin “amarrar” a un apoyo al programa de gobierno? Si ha sido la piedra de tope para poder avanzar en los temas más importantes de nuestro país, por supuesto que sí. Ahora, esto no impide que se impulse una discusión programática que logre más agendas comunes que sólo el binominal, pero es un necesario punto de partida.

¿Es “quererlo todo” o soberbio, el que fuerzas emergentes —como lo somos en Revolución Democrática u otras— queramos competir por el derecho a ir a una papeleta sin ser castigados por el sistema binominal y sin ser automáticamente arrastrados a una coalición de gobierno? Discutible. Nosotros —”los arrogantes”— estamos apostando a competir en tres distritos de cara a la ciudadanía, lo que significa apostar —en el mejor de los casos— a tener cerca del 1,5 % de representación parlamentaria. Los partidos tradicionales -con todo derecho, pero con un 12 % de aprobación en la última CERC- plantean apostar a tener el 50 %-55 %, mediante una negociación política, en alguna oficina de Santiago.

Esta oportunidad histórica probablemente será recordada por toda una generación que se movilizó por alterar el curso natural de las desigualdades e injusticias, recibiendo más de un 75 % de constante apoyo ciudadano. Existen muchas otras agendas que llevan años esperando, y esa discusión programática también debe tenerse de cara a la ciudadanía. Por lo mismo, depende de todos los actores que aspiramos a disputar un espacio de representación popular, el que podamos ponernos de acuerdo en puntos que impliquen romper con la primera barrera de la exclusión política, reconociendo que eso puede darse en el marco de diversos proyectos políticos. Aquí, donde muchos actores ven riesgos de perder espacios de representación, nosotros vemos posibilidades de mostrar —después de mucho tiempo— una unidad en torno a una idea que permita a los ciudadanos volver a creer que la política no se trata solo de basurear a los otros o cobrar grandes sueldos.

Ojalá los candidatos presidenciales de toda la oposición puedan ejercer su liderazgo en pos de primarias parlamentarias abiertas que permitan tener a los dos mejores candidatos compitiendo frente a quienes, en la otra vereda, han bloqueado —y seguirán bloqueando— las grandes reformas que Chile demanda. No queremos que haya actores que se amparen en el binominal como método de exclusión para —posteriormente— usar como justificación la falta de quórums al momento de no conseguir las transformaciones que se prometieron en campaña. Acá, lamentablemente, el que calla otorga.

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