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31 de mayo de 2013

Director de América Solidaria entra a la polémica sobre la Iglesia y el conflicto social

Baranda respalda a Berríos: “Es irracional en un mundo católico que tengamos esta desigualdad que tratamos de suplir con subsidios y bonos”

El ex director social del Hogar de Cristo concuerda plenamente con las quejas que el sacerdote jesuita ha lanzado y que han generado urticaria en parte de la iglesia chilena. No sólo suma críticas a la gestión de Juan Pablo II y a la iglesia, que no tiene control sobre los colegios del sector alto de la capital, sino que también advierte sobre una verdad: las mayores desigualdades ocurren en países católicos, como éste.

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“No solamente Felipe Berríos, sino muchas personas entre las cuales me incluyo, que participamos activamente de la iglesia, que somos la iglesia también, hacemos las mismas críticas y las hemos hecho en diversas oportunidades”, dice Benito Baranda ante el sinnúmero de repercusiones que ha tenido la entrevista que el sacerdote Felipe Berríos dio al programa de TVN “El Informante”.

“Hacer esas críticas desde dentro de la iglesia es justamente para poder acercarnos mucho más al Evangelio de Jesucristo y no para escondernos ni defendernos de cosas que la misma comunidad ha descubierto entre nosotros ya que son incongruencias gigantescas que nos impiden evangelizar de verdad”, dice el ex director social del Hogar de Cristo.

-¿Cuáles son los pecados de la Iglesia Católica chilena ahora?
-El mayor desafío de lo que no tenemos es la cercanía con la gente en situación de pobreza. Hay que ver nomás lo que ocurre en las poblaciones, en los lugares de mayor marginación. Uno no puede generalizar, porque hay mucha gente que trabaja donde hay mucha pobreza y exclusión social, sería muy injusto generalizar, pero es insuficiente. Estamos en un continente esencialmente católico y es el más injusto del mundo. Si no vemos eso, si no nos cuestionamos cada uno de nosotros cómo  contribuimos a terminar con esta falta de solidaridad e injusticia, no nos podemos llamar católicos y esa revisión la tenemos que hacer, aunque eso implique modificar parte importante de nuestro estilo de vida.

También nos ha costado trabajar por la efectiva integración social; cuesta mucho en la estructura de la iglesia integrar a comunidades populares con las de sectores medios y sectores altos. De hecho, la iglesia tiene muy poco control sobre los colegios católicos del barrio alto y hay una gran dificultad para que la iglesia jerárquica contribuya para que esta integración ocurra, porque de repente somos observadores de las desigualdades sociales y no actores que estamos cuestionando nuestro estilo de vida. A mí me gusta que me cuestionen mi estilo de vida, me gusta que me pinchen y me digan ‘Benito, no corresponde vivir así, desde el punto de vista de mi fe’. Porque eso no me hace sentir culpable ni llenarme de rabia, sino al contrario, activarme para poder transformar. Y la iglesia es un puente en estos mundos y en Latinoamérica no ha sido así… ¿Quién quiere vivir al lado de las personas en situación de pobreza? Muchas personas efectivamente quieren donar algo, pero no quieren tener proximidad con ellos.

Comparto con Felipe Berríos que no hemos logrado sacarnos ese clasismo tan arraigado que está en Chile, clasismo del que claramente habló Darwin cuando visitó Chile, cuando dijo que había un hermoso campo, muchos productos, pero que los sistemas de administración eran feudales. Mucho de ese feudalismo que había en Chile todavía sigue muy presente en la estructura eclesiástica chilena.

-¿Qué más ha afectado a la Iglesia?
-El diálogo profundo con grupos que se sienten marginados y excluidos, entre los cuales están personas que han tenido otras opciones sexuales o situaciones de vida de mayor complejidad que no son aceptados dentro de la Iglesia. Hay muchos grupos que no se sienten acogidos.

-¿Quizás la Iglesia está más cerca de la elite, que por cierto es la que le dona importantes sumas de dinero?
-La iglesia estaba más cerca de la elite en la Colonia que ahora, entonces no creo que ahora esté más cerca de lo que estaba en el pasado. Lo que yo sí creo es que el discurso de la jerarquía de la iglesia lo hemos aguado, no lo hemos hecho con la vitalidad y la pasión que merece el Evangelio de Jesucristo y que lo está reactivando ahora este Papa. Uno echa de menos que haya una verdadera lucha por esta búsqueda de mayor justicia social y hay temor a tener que hablar de esto. Temor de tener que luchar por esto. Si los obispos vienen viendo hace tiempo cómo se han construido las ciudades: con una alta segregación, discriminación. Si no se lucha contra eso, para qué estamos en este mundo, si el anuncio del Evangelio está basado justamente en la búsqueda de esa justicia, en la construcción de ese reino. Comparto con Felipe Berríos que no hemos logrado sacarnos ese clasismo tan arraigado que está en Chile, clasismo del que claramente habló Darwin cuando visitó Chile, cuando dijo que había un hermoso campo, muchos productos, pero que los sistemas de administración eran feudales. Mucho de ese feudalismo que había en Chile todavía sigue muy presente en la estructura eclesiástica chilena.

-Berríos también se refería al pontificado de Juan Pablo II. ¿Cuáles son tus críticas hacia ese período?
-Creo que Juan Pablo II tiene dos períodos en su pontificado. Yo estuve cercano en su primer período por mis estudios en Roma con mi esposa y creo que en el primer período tiene la gran gracia de abrir la iglesia al mundo. Entonces uno tendrá que hacer una evaluación global. En ese primer periodo provoca un impacto fuerte en el mundo, porque atrae una gran cantidad de personas, pero hay dos elementos que Felipe comenta que son altamente preocupantes. Y es que se tira en picada contra las comunidades de base. Lo que a mí personalmente me tocó discutir en un seminario en Roma –porque por supuesto que era absurdo tirarse en picada contra las comunidades de base– era como tirarse al corazón de la iglesia, donde funcionaban las comunidades. Eso fue absurdo, porque se tendió a ideologizarlas, a decir que eran todos grupos de izquierda vinculados a la iglesia, ignorando lo que ocurría adentro de las comunidades de base. Todo el esfuerzo que estábamos haciendo los cristianos para vivir en la vida ordinaria nuestra fe. Lo segundo es que al nombrar a los obispos, la tendencia es a nombrar personas que manejan muy bien la doctrina, pero que no necesariamente se manejan bien en la pastoral. Un obispo es un pastor, no un enunciador ni un custodio de doctrinas. Y ese pastor tiene que guiar desde el punto de la vida práctica a todo un pueblo. Muchas personas de las que nombró Juan Pablo II no tenían habilidad para ser pastores y si se les hiciera una evaluación sicológica, lo más probable es que varios de ellos no deberían estar en los cargos que están.

-¿Qué piensas de las declaraciones del obispo de San Bernardo que dijo que Berríos no conoce la realidad?
-Yo creo que tanto el obispo de San Bernardo, como el vocero de la Iglesia dijeron dos cosas incorrectas. Una es que no conoce la realidad y la otra es que está mirando la realidad desde la vereda de enfrente. Yo diría que lo que menos se puede decir de Felipe Berríos es esto. Al contrario. Lleva poquito tiempo en África y conoce muy bien la realidad chilena y no la ha mirado nunca desde la vereda del frente. Ha sido de los pocos sacerdotes que ha estado listo para todas las acciones que se puedan hacer. Los que estamos cercanos a él sabemos que es así. Entonces yo diría que es una persona extremadamente implicada en la realidad. Y eso lo hace ser polémico porque nos confronta a todos los católicos permanentemente. La realidad es bastante más compleja de lo que la pueda ver el vocero de la Iglesia o el obispo de San Bernardo. Y sobre todo cuando ocurre discriminación y exclusión social; sobre todo en la diócesis donde es obispo y donde yo soy un feligrés, porque vivo en La Pintana. La realidad sigue siendo extremadamente injusta y se levanta muy poco la voz de nuestro obispo para señalar las injusticias de esa realidad, que si bien la conoce y la vive, debería alzar la voz con mucha mayor fuerza.

-Hablaste de los colegios, un tema que también tocó Berríos. ¿Crees que la Iglesia, con esa falta de control que tiene en los colegios del sector alto de la capital, definitivamente ha ayudado a hacer crecer esa exclusión y discriminación?
-Por supuesto. Porque la mayor cantidad de recursos o sacerdotes y religiosos estaban vinculados a esta red escolar. Si uno va a ver cuántos sacerdotes están disponibles para esta red y después ve las mismas escuelas populares de estas mismas congregaciones las diferencias son muy grandes. Donde tú pones tu corazón pones tu tesoro. Y si no modificamos desde la Iglesia esa estructura, es muy difícil. Hay que recordar que la Reforma Agraria la partió el cardenal Silva Henríquez y dijo: “La propiedad de la tierra no puede tener la concentración que tenía”. Bueno, si no damos la señal de que en la estructura escolar tenemos que modificar lo que estamos haciendo va a ser muy difícil exigirle al Estado. Por supuesto que la iglesia tiene acciones maravillosas en sectores populares; no se puede desconocer, pero como los mismos estudios lo han demostrado –y no hace mucho un estudio publicado en la Revista Mensaje– la presencia de la iglesia en esos sectores ha disminuido. Y si ha disminuido, eso nos tiene que cuestionar, porque ha aumentado en los otros estratos.

-¿Por qué le duele tanto a la Iglesia este tipo de críticas?
-Yo no sé si le duele a la Iglesia. Les duele a algunas personas de la Iglesia. De lo que yo he escuchado es que hay mucha gente que le encuentra razón al padre Berríos. A los que les duele, es porque les molesta. Pero a los que nos duele también nos pasa porque implica cuestionar la propia vida, ese dolor es producto de que tocas heridas que aún están sangrantes en el pueblo chileno y que son deudas que ya Gabriela Mistral dijo cuando mandó palabras por la muerte del padre Hurtado. Son deudas que no hemos logrado sanar con el pueblo chileno. No puede ser que la desigualdad salarial sea tan grande. No puede ser. Es irracional en un mundo católico que tengamos esa desigualdad e implica una gran desigualdad en los ingresos de las personas, que tratamos de suplir hipócritamente a través de subsidios del Estado o bonos. Y eso se da en un mundo católico. Y ese cuestionamiento muy pocos profesionales se lo hacen hoy. Cuando te pinchan en eso duele. Cuando te pinchan en el efecto que ha tenido el mercado en la educación y la salud, también duele. Y a la gente le ha tocado sufrirlo. Entonces cuando tú pinchas esos ámbitos donde algunas personas han tenido beneficios económicos a partir de servicios para la ciudadanía, por su puesto que eso provoca dolor. A otros nos duele porque vemos ahí algo que existe y que hay que modificar.

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