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28 de marzo de 2014

Boric y Jackson quieren rebajarlos a sueldos reguleques

La jugosa dieta parlamentaria que se pelean los ejecutivos financieros

Les ofrecen invertir en instrumentos para rebajar impuestos por la vía del ahorro. Ganan $8,5 millones brutos y con los descuentos $6,2 millones líquidos. Las asignaciones son mucho más gordas que la dieta: $17.192.836 mensuales reciben los senadores y $13.071.066 los diputados para alojamiento, alimentación, bencina, peaje, TAG, secretaria, jefe de gabinete, periodistas, abogados, asesorías técnicas, económicas y de imagen. También hay un ítem para amortizar el desgaste del auto. Todo se rinde, menos $1,1 millones para desplazamiento dentro del territorio nacional.

Casi a fines de diciembre del año pasado, un correo electrónico llegó al computador de un novato parlamentario. Una ejecutiva de una compañía de seguros –además de felicitarlo por el resultado de la elección– le ofrecía distintas posibilidades de inversión para rebajar impuestos.

Los honorables reciben habitualmente correos y visitas de representantes del área de ventas de bancos, aseguradoras y AFP para ofrecerles invertir en APV (Ahorro Previsional Voluntario) o fondos acogidos al artículo 57 bis. Ambos son mecanismos de ahorro que permiten beneficios tributarios. Y tienen topes mensuales: en el APV son $1,1 millones y en el 57 bis $2,6 millones. Si se sumaran podrían descontar $874 mil de la base imponible a la hora de pagar impuestos, porque el Estado premia el ahorro. Las empresas más mencionadas por los parlamentarios son EuroAmerica y Sura, pero debe haber varias más, considerando un mercado de 120 diputados y 38 senadores.

Algunos reciben ofertas de este tipo incluso antes de asumir el cargo. ¿La propuesta es legal? Claro –y la inversión también–, pero pone de manifiesto una vez más el abultado sueldo de los parlamentarios en un país donde la realidad es muy distinta.

La desigualdad es un peñasco en el zapato para cualquier democracia. Como lo señaló un informe de la OCDE hace algunas semanas, Chile es el país con la mayor brecha en ingresos entre ricos y pobres. Y en ese contexto, la dieta de los diputados aparece como un punto más en contra.

Los millones de la dieta

El 11 de marzo, 120 diputados –41 de ellos por primera vez– juraron o prometieron respetar la Constitución y desempeñar fielmente el cargo para el período 2014-2018. Cinco llegaron tarde y tuvieron que repetir la ceremonia. Casi en paralelo hacían lo mismo 38 senadores, incluidos 12 rostros nuevos.

A fin de mes cada uno recibirá su dieta, equivalente a la de un ministro de Estado y que está fijada en la Constitución: $8.605.477 brutos. Con los descuentos son $6.280.000 líquidos, que puede variar un poco dependiendo de la AFP, ya que cobran distintas comisiones.

Es una renta atractiva, similar a la de un gerente gerente general de una empresa mediana (ventas de entre US$25 millones a US$50 millones) o un gerente de área de una compañía grande (ventas superiores a US$100 millones).

Según Gonzalo Durán, economista de la Fundación Sol, el tema central debe ser la discusión por el valor del trabajo en un país donde la mitad de sus trabajadores gana menos de $263 mil –según datos oficiales de la Nueva Encuesta Suplementaria de Ingresos (NESI) del INE– y tiene que vivir altamente endeudada. “Las dietas de los parlamentarios son un reflejo más de la desigualdad de ingresos de nuestro país, y las instituciones de poder no escapan a la lógica dominante. La brecha existente entre el sueldo de los parlamentarios y los sueldos medianos de la economía ($263.000) provocan en algunos casos una completa desconexión con las bases a las cuales supuestamente ellos representan”, dice Durán.

Les ofrecen invertir en instrumentos para rebajar impuestos por la vía del ahorro. Ganan $8,5 millones brutos y con los descuentos $6,2 millones líquidos. Las asignaciones son mucho más gordas que la dieta: $17.192.836 mensuales reciben los senadores y $13.071.066 los diputados para alojamiento, alimentación, bencina, peaje, TAG, secretaria, jefe de gabinete, periodistas, abogados, asesorías técnicas, económicas y de imagen. También hay un ítem para amortizar el desgaste del auto. Todo se rinde, menos $1,1 millones para desplazamiento dentro del territorio nacional.

Para el economista, la vida con $263.000 es muy diferente a la de alguien que gana millones. “Con todo, el debate de fondo debería ser el bajo valor del trabajo y su conexión vis a vis con los enormes márgenes de ganancia que obtiene el alto empresariado en Chile. En ese espacio, las instituciones de poder, como el Parlamento, tienen el rol moral de instalar también un debate abierto donde trabajadores, juntos, puedan construir mecanismos que reviertan el profundo atraso salarial de Chile, como, por ejemplo, la negociación colectiva de amplia cobertura”, agrega Durán.

Boric, Jackson y el límite ético

La próxima semana los diputados Giorgio Jackson y Gabriel Boric presentarán un proyecto de ley para disminuir la dieta de los parlamentarios. La idea es que ésta baje en un 40%, porque –según Gabriel Boric– está desajustado con lo que gana la mayoría del país.

Esa rebaja implicaría una renta líquida de $3.768.000, casi lo mismo que ganaba Ximena Ossandón como vicepresidenta de la Junta Nacional de Jardines Infantiles y que ella calificó de “reguleque”.

“Es un pequeño gesto que sirva para reconocer esta asimetría”. La idea es que el proyecto no toque a las asignaciones parlamentarias, pero que sí se les ponga una lupa: “Está bien que exista un monto destinado a asesorías, pero es importante que se fiscalice con mayor celo este ítem para que no se preste para inconvenientes”.

Jackson suma argumentos: “Queremos disminuir los sueldos solamente, ya que las asignaciones, mientras se avance en más transparencia y no se pueda prestar para abusos, creemos que ayudan y fortalecen el rol parlamentario”. Rebajar las dietas es importante –dice– “porque en el servicio público no podemos avalar desigualdades tan grandes entre sueldos. Debemos poner un límite ético”.

Sin embargo, el tema debe pasar sí o sí por manos del Ejecutivo, ya que los sueldos están consagrados en el artículo 62 de la Constitución, aunque Boric no quiere adelantar qué mecanismo utilizarán para presentar el proyecto que ya tiene detractores.

“Es un proyecto que, en la práctica, tiene un carácter inconstitucional, porque cualquier proyecto de ley que aumente o reduzca el gasto del Estado, cualquier modificación al erario fiscal, debe venir de un Mensaje Presidencial”, dice el diputado socialista Fidel Espinoza. Más allá de la inconstitucionalidad de la idea de Boric y Jackson, defiende el sueldo de los parlamentarios, sobre todo por el trabajo en terreno. “Los salarios para los parlamentarios que hacen bien la pega a veces se tornan dificultosos, porque implica mucho más gasto que un intendente o un ministro. Tenemos que estar con la ciudadanía, en terreno, y los sueldos se ajustan a la realidad”.

Emmanuelle Barozet, directora del Proyecto Desigualdades de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Chile, cree que aunque existe una lógica en el sueldo de los parlamentarios que hace menos tentador “recibir dineros para influenciar sus decisiones”, $7 millones es mucho más de lo que se necesita para vivir bien. “No está mal rebajar los sueldos de los parlamentarios, pero me parece una medida simbólica frente a la problemática de la desigualdad en Chile. Sería más adecuado un aumento programado del sueldo mínimo, de las calificaciones de la población, del promedio de las remuneraciones y una mejora del sistema de protección social. De todas formas, la reducción de los sueldos de los parlamentarios podría ayudar, de paso, a mejorar la imagen de los mismos, que es bastante mala ante la opinión pública”, afirma Barozet.

El viático de $1,1 millón que no se rinde

Los parlamentarios pagan un impuesto de $2.040.112, como si fueran empleados contratados, aunque son independientes. No es el 40%, porque en Chile se aplica ese porcentaje a lo que está por encima de $6,1 millones. La tasa efectiva, por tanto, es un 24,68%.

Existe una diferencia entre los honorables. Por un acuerdo interno, los diputados cotizan previsión y salud, mientras que, en el caso de los senadores, es voluntario. Aquellos que no imponen desembolsan un impuesto mayor –$2.176.655–, porque lo hacen sobre el bruto; no el imponible.

Hay senadores que sólo imponen salud, otros que están en el sistema antiguo o IPS, que es más caro, y están los que imponen en AFP e isapre. Eso explica que casi no haya una dieta igual a la otra en la página web del Senado que publica el monto líquido de cada senador(a), descontando el APV (Ahorro Previsional Voluntario) cuando corresponde, y hay cinco o seis a los que se les resta por planilla la cuota del pago del leasing del auto, explica José Luis Alliende, prosecretario del Senado.

Las asignaciones son mucho más gordas que las dietas. Cada senador recibe por este concepto $17.192.836 mensuales y $13.071.066 los diputados El grueso va a costear los llamados “gastos operacionales” –$8 millones para los primeros; $5,3 millones para los segundos–, donde entran el arriendo de oficinas parlamentarias, teléfonos fijos, celulares, alojamiento en hoteles, alimentación para el congresista y su personal de apoyo, gastos de traslado, bencina, TAG, peaje, reparación del auto, envío de encomiendas y correos.

Todo se respalda con boletas o facturas, excepto el viático de $1.110.815 para “desplazamiento en cualquier período del año calendario dentro del territorio nacional con motivo del ejercicio de su función parlamentaria”. El mismo que podría ir a sus bolsillos, ya que cuentan con asignación para traslados y en febrero no hay sesiones. La duda sobre si debía o no rendirse fue consultada al Consejo Resolutivo de Asignaciones Parlamentarias –la instancia surgida en 2011 para fijar dietas y asignaciones en ambas cámaras que preside el ex senador DC Sergio Páez– y la respuesta fue que no se respalda y sirve para todo el año y en cualquier desplazamiento que realice dentro de su trabajo parlamentario.

Un ítem llamativo son los $217.909 mensuales por amortización por desgaste del vehículo del senador o diputado. No cuentan con auto fiscal y la asignación es sólo para el auto inscrito a su nombre. No sirve si es comprado por leasing, aclara Miguel Landeros, secretario de la Cámara.

También hay gastos de personal de apoyo: secretaria, jefe de gabinete, chofer, periodistas, abogados con contrato si el servicio es permanente. Para los senadores, $6.193.294; diputados, $5.498.719. Todo lo paga directamente el Congreso, que figura como empleador, incluyendo los arriendos. Para asesorías externas permanentes o esporádicas de personas naturales o jurídicas que realicen estudios, informes técnicos, políticos o económicos, incluidas asesorías de imagen y encuestas, hay $2,9 millones para senadores y $2,1 millones para diputados.

Por último, los pasajes aéreos nacionales: 48 anuales para senadores y entre 24 y 36 para diputados y personal de apoyo.

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