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17 de julio de 2014

Tras una semana llegaron a acuerdo y sueldos más bajos subirán en $70 mil

La huelga que incomodó al empingorotado Club de Golf Los Leones

En el exclusivo recinto, donde para entrar no basta sólo el dinero, la semana pasada los socios tuvieron que suspender sus almuerzos y comidas, porque la mitad de sus trabajadores estuvo en huelga. En los últimos tres años el club acumula hechos alejados del glamour y las buenas costumbres: un socio fue suspendido por insultar a su presidente Sergio Urrejola y dos por golpear al padre de un niño involucrado en desórdenes. Y a León Vial le robaron su Porsche.

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No hay mejor terraza en Santiago dicen socios del Club de Golf Los Leones. Con una vista a la cancha de 18 hoyos, salpicada de encinas y liquid ambar, por nombrar algunas especies, almorzar, tomar un trago o comer es un lujo reservado para pocos. No cualquiera puede ser miembro: se requiere el patrocinio de dos socios, pasar por el visto bueno del directorio, pagar una cuota de incorporación de 3.000 UF y comprar tres acciones cuyo valor en la Bolsa de Comercio es de $24 millones cada una. En total, 6 mil UF ($144 millones).

Cuando alguien está interesado, el socio patrocinador se lo hace saber a un director, cosa de saber si es bienvenido. No todos lo son.

Considerado el lugar más emblemático de la derecha tradicional y la llamada aristocracia chilena, vivió la semana pasada un episodio bochornoso: una huelga de trabajadores. Instalados en las afueras del club con carteles pidiendo sueldos dignos y tocando bombos y vuvuzelas desde las siete de la mañana, no hubo automovilista que circulara por Presidente Riesco que no reparara en el bullicioso grupo. Un símbolo de algo más profundo: la porfiada inequidad que se aloja estructuralmente al interior de la sociedad chilena.

Nada más inoportuno, dicho sea de paso, para una elite que intenta vanamente superar su imagen de privilegios.
Fueron 98 trabajadores –de un total de 180– los que, agrupados en dos sindicatos, rechazaron la propuesta del gerente general, Michael Comber, de elevar los sueldos en $20 mil en lugar de los $70 mil que pedían. Una semana exacta duró la huelga, en la que los socios suspendieron almuerzos y comidas por falta de personal. Terminó el jueves 11 en la tarde con una propuesta de los trabajadores en la que medió Sergio Urrejola, presidente del club hasta abril, que fue aceptada por la administración. Los sueldos más bajos, entre $214 mil y $217 mil líquidos, que reciben 40 empleados, subirán a $288 mil líquidos ($360 mil brutos). El resto recibirá un aumento de $30 mil. Los bonos subirán por IPC, como había planteado la gerencia y por término de conflicto obtuvieron $40 mil y no los $225 mil que pedían.

“La reacción mayoritaria de los socios fue de sorpresa. De un 100%, un 80% quedaba espantado por los sueldos. No se imaginaban que en el Club de Golf Los Leones podía haber gente ganando tan poco. Chuta, decían. Cuando volvimos a trabajar nos echaban bromas, está pasado a vuvuzela, a bombo. No tocaron el tema de los sueldos”, cuenta Sergio Tobar, secretario del sindicato N°1 y garzón del club desde 2006, que actualmente gana $217 mil mensuales líquidos y con las propinas puede llegar a $500 mil o $600 mil. En invierno, eso sí, entre sueldo y propina no supera los $300 mil. “La temporada baja es mala, no hay población flotante, es la misma gente que viene todos los días. Los fines de semana se van a la nieve”, explica el garzón.

Calcula que los mozos más antiguos –con 40 o más años de servicio– reciben entre $350 mil y $400 mil líquidos mensuales y el personal que atiende en los camarines, entre $350 mil y $380 mil, sin incluir propinas.

Creado en 1910 por un grupo de personas de apellidos ingleses, llamado en Santiago Golf Club –su actual nombre nace por su segunda ubicación, en la calle Los Leones– no reúne a las mayores fortunas. Entre sus 1.200 socios que, sumando a sus familias, llegan a 4 mil o 4.500 personas, no se cuenta a todos los billonarios chilenos que aparecen en el ranking 2014 de la revista Forbes. No están los sobrinos y herederos de Anacleto Angelini, ni los hermanos Luksic –sólo Guillermo cuando estuvo casado con la socia Virginia Prieto engrosó la lista de miembros– ni Horst Paulmann, ni las hermanas Solari Falabella, ni Julio Ponce, ni Álvaro Saieh, ni Luis Enrique Yarur. Sí hay otros, como los tres hermanos Matte (Patricia, Eliodoro y Bernardo), y Sebastián Piñera, cuyo padre era socio.

El viernes pasado volvieron a sus labores, a despachar churrascos, fricasé de criadillas o de filete, jugo de carne (sopa de la sangre de posta y caldo de pollo) y algunos tragos que rememoran otras épocas como el bitter batido y la vaina.

Creado en 1910 por un grupo de personas de apellidos ingleses, llamado en Santiago Golf Club –su actual nombre nace por su segunda ubicación, en la calle Los Leones– no reúne a las mayores fortunas. Entre sus 1.200 socios que, sumando a sus familias, llegan a 4 mil o 4.500 personas, no se cuenta a todos los billonarios chilenos que aparecen en el ranking 2014 de la revista Forbes. No están los sobrinos y herederos de Anacleto Angelini, ni los hermanos Luksic –sólo Guillermo cuando estuvo casado con la socia Virginia Prieto engrosó la lista de miembros– ni Horst Paulmann, ni las hermanas Solari Falabella, ni Julio Ponce, ni Álvaro Saieh, ni Luis Enrique Yarur. Sí hay otros, como los tres hermanos Matte (Patricia, Eliodoro y Bernardo), y Sebastián Piñera, cuyo padre era socio.

“Es el club más exclusivo de Chile, donde no basta con tener dinero. Tienes que pertenecer a un círculo, a una familia; se aplican las características más rigurosas de un club que, por definición, es excluyente”, sostiene el periodista y escritor Óscar Contardo, autor de Siútico, Raro y Un paseo con los dioses.

Por ejemplo, no hay entre sus miembros personas de origen árabe o judío a menos que estén casados(as) con socios(as). Es una regla no escrita, aunque alguna vez lo estuvo. En una columna escrita por el periodista Rodrigo Guendelman, en La Tercera, en enero de 2011, a raíz de la discriminación sufrida por una niñita con síndrome de Down, a la que pidieron retirar de un campamento de verano en otro club (Sport Francés, que no se menciona en la columna), contó que la colectividad judía creó el Club de Golf La Dehesa, debido a que sus miembros no eran bienvenidos en el club de golf más tradicional y antiguo de Santiago. “¿Saben lo que rezaba un cartel en la entrada de este lugar a fines de los 60? ‘No se permite la entrada a perros ni a… (miembros de una religión históricamente perseguida)’. Se refería al Club de Golf Los Leones y al cartel que vio su tío político Luis Kassman. “Yo vivía muy cerca y una vez paseando con una polola entramos a mirar. Lo primero que vimos fue un letrero pegado en el pasto, a la subida, que decía se prohíbe la entrada a perros y judíos. Era blanco con letras negras. Me dio rabia, incredulidad, vergüenza ajena, odio profundo, muchas sensaciones diferentes. Yo tenía 18 o 19 años. Era 1967, porque muy poco después estalló la Guerra de los Seis Días. Yo creía que ya no era bien mirado ser antisemita, menos a ese punto, porque había pasado casi un cuarto de siglo de la masacre del pueblo judío”, dice el economista de la Universidad de París, que trabajó en The Economist Intelligence Unit en Londres y se encuentra jubilado.

No hizo nada. Hace 15 años fue invitado a una recepción de la embajada británica organizada en el club para los ex alumnos de la London School of Economics, donde estudió un postgrado. No había, por cierto, ningún cartel.

La diferencia de haberse columpiado en el club

En sus 60 hectáreas con más de 6 mil árboles plantados juegan golf y tenis empresarios, abogados y unos pocos políticos. Entre estos últimos, el diputado Pedro Browne, que en enero dejó RN para formar parte de Amplitud; asimismo, su ex correligionario Felipe Bulnes, ex ministro de Justicia, de Educación y ex embajador en Estados de la administración Piñera y actual agente de Chile ante la Corte de La Haya. Felipe Larraín, el ex hombre de las finanzas públicas, prefiere el tenis y juega con sus hijos y con Paul Capdeville, ex singlista de la Copa Davis.

Los viernes ya es famoso el cuarto integrado por Eduardo Negro Fernández (Banmédica, Consorcio, Entel, Inmobiliaria FFV), José Antonio Garcés (Consorcio, Embotelladora Andina, FFV), León Vial (LarrainVial, CIC, FFV) y Carlos Alberto Choclo Délano (Penta y Banmédica). El empresario minero y ex presidente de la Sonami y la CPC, Alfredo Ovalle, combina tenis y golf. Eliodoro Matte (CMPC, Banco Bice) solía paletear con Alex Rossi, jefe del área de tenis del club, mientras su hermano Bernardo antes jugaba todos los jueves con Martín Silva, que arrienda yates y catamaranes, el constructor Sebastián Alemparte, y un invitado. Wolff von Appen, dueño de la naviera del mismo nombre, recorre los 18 hoyos con amigos alemanes como Harold Radjer, Hans Stein y su hijo Richard von Appen.

La atención es más que personalizada en el Club de Golf. A los socios les conocen las mañas, les preparan platos especiales, como el peculiar sandwich de carne seca, a la que le estrujan toda la sangre, que come todas las noches un solitario comensal acompañado de bulls chop (jugo de carne con vodka) o el que se queda hasta pasado el cierre a la medianoche y les deja $50 mil o $100 mil de propina para que se vayan en taxi. En los camarines, a los que los socios llaman lockers, les limpian los zapatos que se ensucian con el pasto y les preparan las duchas con la toalla y la ropa que traía puesta el o la socia, lo que se retribuye con una propina.

Es un trato que se extiende por décadas. Por eso, el despido de Emilio Estuardo, encargado de los camarines de los hombres, a raíz del robo del Porsche Panamera Turbo de León Vial, en abril de 2011, por no haber dado aviso de la presencia de extraños, provocó una batahola. Con 48 años de servicio, la medida adoptada por el gerente general, Michel Comber, y el presidente del club, Sergio Urrejola, generó rechazó, una reunión extraordinaria del directorio un domingo y la mediación de los socios abogados Jorge Carey y Pedro Felipe Vial, para lograr la reincorporación del funcionario, lo que ocurrió.

El episodio dio cuenta de diferencias entre los socios, plasmadas en un mail que uno de sus miembros, Pablo Valdés Aldunate, envió a Pedro Felipe Vial, reproducido por El Mercurio: “Quiero agradecer tu valiosa iniciativa para sumar voluntades y obtener la reincorporación de Emilio Estuardo como empleado del Club (…). Situaciones como esta pueden atenuarse, a veces, con grados de experiencia, conocimiento y afecto. El problema es cuando falta todo lo anterior. Es lo que recomendaba un amigo, socio del Club: ‘El ideal es que estas situaciones sean resueltas por autoridades que conozcan la historia del Club y que hayan usado sus columpios’”.

El asunto no paró ahí: siete meses después, Urrejola interpuso un reclamo ante la comisión de disciplina del club encabezada por Carey, acusando a Valdés de haber proferido expresiones injuriosas en su contra. En un pasillo éste le dijo “eres una m…” ante la presencia de terceros y el comité lo suspendió por seis meses, pero Valdés recurrió a la justicia y la Corte Suprema falló a su favor, alegando que el castigado no pudo presentar sus descargos, y ordenó continuar con el proceso disciplinario con directores no inhabilitados del directorio. Con el abogado José Tomás Errázuriz (Barros & Errázuriz) a la cabeza de la comisión, se analizó el caso y Pablo Valdés, quien es hermano del ministro de la Corte Suprema, Patricio Valdés, fue suspendido por seis meses sin ingresar al club por falta de respeto a su presidente.

La animadversión del socio, al parecer, era anterior. Urrejola, quien era miembro del concejo de la Municipalidad de Zapallar, denunció ante el Servicio de Impuestos Internos una rebaja irregular en los avalúos fiscales de mil viviendas del balneario entre 2006 y 2009, lo que terminó con una querella y la exoneración de un funcionario de la Dirección de Obras del municipio y la encargada de avalúos del SII en la zona. Uno de los que declaró como imputado fue Valdés, concejal de la UDI en Zapallar, parte del directorio del condominio Los Boldos, cuyas casas fueron beneficiadas con la rebaja, incluida la suya, y donde trabajaba en paralelo el empleado despedido de la municipalidad.

Papá y abuelo suspendidos por un año

No siempre es deseable el comportamiento de los socios y sus hijos. En la ceremonia de entrega de premios de 2011, Jorge Claro, que no es el dueño del CDF, retó a unos niños que gritaban y jugaban con rastrillos en la trampa de arena, cosa que está prohibida. Además, molestaban a su hijo, el más pequeño del grupo. Los niños en cuestión subieron a la terraza y le dijeron a su padre que habían sido golpeados y tratados a garabatos, lo que lo enfureció y, mientras Claro disfrutaba la vista junto a un trago, recibió un combo por la espalda. Cuando logró ponerse de pie apareció el abuelo de los niños y le aplicó otro. Martín Figueroa y Javier Echeverría, padre y abuelo de los niños, respectivamente, terminaron en la comisión de disciplina que resolvió suspenderlos por un año.

Como los socios tienen contactos en los medios, todas estas informaciones se han hecho públicas. Hay otras más privadas, como cuando Eduardo Frei Ruiz Tagle fue a jugar golf siendo Presidente de la República y no había agua caliente, porque se acabó el petróleo. O la “plaza del almirante” que existe en la cancha de golf en homenaje a José Toribio Merino, quien jugaba en el club y fue nombrado socio honorario gracias a Mario Balmaceda, el presidente de más larga duración del Club de Golf, con 34 años interrumpidos en el cargo.

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