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	<title>El Mostrador &#187; Presidenciales</title>
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	<description>El primer diario digital de Chile - Noticias, reportajes, multimedia y último minuto</description>
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		<title>THE END</title>
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		<pubDate>Mon, 18 Jan 2010 09:00:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Felipe Saleh</dc:creator>
				<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[Noticias]]></category>
		<category><![CDATA[País]]></category>
		<category><![CDATA[Presidenciales]]></category>
		<category><![CDATA[Camilo Escalona]]></category>
		<category><![CDATA[Concertación]]></category>
		<category><![CDATA[Eduardo Frei Ruiz-Tagle]]></category>
		<category><![CDATA[Ricardo Lagos]]></category>
		<category><![CDATA[Segunda Vuelta]]></category>

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		<description><![CDATA[Una calurosa tarde de verano en un hotel cinco estrellas del centro. Algunos pocos tienen pena, otros rabia pero la mayoría  descansa simplemente en la resignación. No hay épica ni heroísmo para terminar lo que empezó con mística y pasión desbordantes en 1988. A lo más la parquedad republicana del candidato y la declaración implícita de Lagos de que la centro izquierda tiene su papá mono para lo que viene: ocupar la trinchera de la oposición por los próximos cuatro años.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>“En algún momento esto se chacreó, se llenó de rasquerío. Ellos no ganaron, perdimos nosotros”, dice Carlos Figueroa. El ex ministro del Interior de Frei que se desplaza con bastón, pero no pierde agudeza, tiene anotados en un papelito los resultados del primer cómputo que ya es público y se los muestra a Víctor Manuel Rebolledo y el embajador  Pablo Cabrera, que lo acompañan en el lobby del Hotel San Francisco.</p>
<p>El ambiente en la sede del comando de Frei ya no es bueno desde varias horas antes. Los únicos alegres son los camarógrafos y periodistas que se reencuentran con viejos compañeros. Pero más que tristeza hay resignación. Al menos en las caras que son más reconocibles para la gente. Porque el rostro de Diego Méndez, el administrador electoral del comando, de pantalones blancos, zapatos negros y abdomen abultado, luce absolutamente descompuesto. Probablemente esté pensando en el alto de facturas impagas que están pendientes.</p>
<p>Méndez mira los resultados en una de las tres pantallas dispuestas en la carpa climatizada  que funciona como centro de operaciones. Los cómputos se oyen por altoparlantes y a medida que el triunfo de Piñera se va perfilando, escuchar tan fuerte los resultados se convierte en un acto de masoquismo.</p>
<h3><strong>Bomba de tiempo</strong></h3>
<p><strong> </strong><br />
Cuando Patricio Rosende anuncia las regiones en las que ha ganado Frei, muy pocos aplauden. Son como los últimos soldados que mueren disparando en una batalla perdida por paliza, con la diferencia que esta elección sólo se perdió por tres puntos. En cambio la pasión que debe alimentar la política se fue mucho antes. Desde que Frei fue elegido candidato con los viejos métodos y al que todos daban por ganador en público sólo por lealtad.</p>
<div class="news-quote alignleft">  <blockquote> Al lado de Escalona está Belisario Velasco escuchando a Frei y a una distancia prudente de los dos, mira la pantalla Hernán del Canto, ex ministro de Salvador Allende, que asiste al fin de otra era, aunque sin balas ni muertos.</blockquote></div>
<p>En medio del cómputo entra en la carpa Sebastián Bowen, rodeado de camarógrafos. En el contexto de la derrota inminente la escena tiene un aire mesiánico. Hacia el final de la jornada, uno de los “chilenos que toman el bastón y la posta de mando”, como dijo Lagos en su discurso, se dará tiempo para sacarse una foto con dos estudiantes de Derecho que se lo piden expresamente.</p>
<p>Por mientras, se escuchan frases como “bueno,  la vida sigue”, abrazos con palmoteos de consuelo y un par de señoras con la credencial de “invitado”, que a la hora de la primera proyección proponen impugnar los votos en el Tribunal Calificador de Elecciones si el resultado es muy estrecho. Aún creen que el partido se puede dar vuelta “porque las primeras mesas que se cierran son chicas, son de derecha”, dicen.</p>
<p>A esa misma hora, poco después de las 16:30, el “comité estratégico” formado por algunos jóvenes, y otros veteranos como Marcelo Schilling y Belisario Velasco se reúne en el segundo piso del hotel. El empresario Máximo Pacheco Matte recibe de una periodista el resultado de la proyección, entregada por el Instituto de Sociología de la UC. Sin embargo mantiene la calma y dice que arriba “están todos al aguaite”. Al lado un periodista de corbata le explica en inglés a un gringo con pinta de turista jubilado, que tanta locura es porque habrá cambio en la coalición de gobierno después de 20 años. “Perdimos por nuestra soberbia e incapacidad”, dice una mujer que trabaja en prensa del comando.  Llegan Carabineros del Gope con un Labrador que se pasea bajo la carpa ¿amenaza de bomba? No, el oficial dice que es de rutina para un evento como éste.  A esta altura da lo mismo, porque el lugar está que explota igual, aunque no sea en sentido literal.</p>
<div id="attachment_26770" class="wp-caption alignright" style="width: 444px"><img class="size-full wp-image-26770" title="Camilo-Escalona-Juan-Carlos-Latorre-Derrota-Frei" src="http://www.elmostrador.cl/media/2010/01/Camilo-Escalona-Juan-Carlos-Latorre-Derrota-Frei.jpg" alt="Los timoneles del PS, Camilo Escalona, y de la DC, Juan Carlos Latorre, asediados por la prensa en el comando de Frei." width="434" height="327" /><p class="wp-caption-text">Los timoneles del PS, Camilo Escalona, y de la DC, Juan Carlos Latorre, asediados por la prensa en el comando de Frei.</p></div><br />
<strong> </strong></p>
<h3><strong>La soledad de Camilo</strong></h3>
<p>Luego, ya con los resultados del primer cómputo en la mano,  se ve la consternación en la cara de Óscar Landerretche, Víctor Barrueto e Ignacio Walker. Los dos últimos a su turno lanzan un discreto resoplido, buscando alivio para algo que ya no se puede torcer.</p>
<p>Fernando Meza, presidente del Partido Radical, es el primero en reconocer la derrota frente a la prensa, en el lobby del hotel, cerca de las 18:00. Camilo Escalona y Juan Carlos Latorre, los presidentes del PS y la DC respectivamente, salen hacia la carpa para hablar parados sobre la tarima, pero un enjambre de reporteros impide que Latorre pueda mantenerse  arriba. A  Escalona, <a href="../noticias/pais/2010/01/18/adherentes-de-frei-culpan-a-camilo-escalona-por-derrota-del-candidato-de-la-concertacion/">una mujer que probablemente entrenó el volumen de su voz durante las protestas de los ’80</a>, lo increpa duramente: “Por tu culpa perdimos, todo lo que luchamos en estos años”, le dice revelando que fue torturada y violada y que se quedó “luchando aquí en las poblaciones, no fuera del país”.</p>
<p>A las 18:41 sale Eduardo Frei por la puerta del ascensor. Un grupo de personas forma un pasillo por el que camina mientras lo aplauden. Sin embargo el candidato se mantiene parco. Sólo su esposa reparte saludos. La comitiva formada también por sus hijas se acaba con un tipo que lleva banderas chilenas en las manos. Unos metros más atrás camina lento Francisco Aleuy, el experto electoral mano derecha de Escalona, que hizo su mejor esfuerzo pero no pudo.</p>
<p>Habla Frei. Adentro junto a unas mesitas en el lobby, donde algunas personas comen frente a la pantalla con la imagen del discurso, está escuchando muy lejos de la multitud Camilo Escalona, de pie, muy serio y  sosteniendo la mano de su  esposa Jimena Tricallota, que está realmente a punto de llorar.  Pablo Cabrera lo nota y dice un chiste que logra sacarle una sonrisa cuando el discurso ya ha terminado.</p>
<p><div id="attachment_26769" class="wp-caption alignright" style="width: 440px"><a href="http://www.elmostrador.cl/media/2010/01/Patricio-Aylwin-Ricardo-Lagos.jpg"><img class="size-full wp-image-26769" title="Patricio-Aylwin-Ricardo-Lagos" src="http://www.elmostrador.cl/media/2010/01/Patricio-Aylwin-Ricardo-Lagos.jpg" alt="Los ex presidentes Patricio Aylwin y Ricardo Lagos, junto al senador electo del PPD Ricardo Lagos Weber, en los momentos que Eduardo Frei reconocía su derrota electoral." width="430" height="252" /></a><p class="wp-caption-text">Los ex presidentes Patricio Aylwin y Ricardo Lagos, junto al senador electo del PPD Ricardo Lagos Weber, en los momentos que Eduardo Frei reconocía su derrota electoral.</p></div>
<p>Al lado de Escalona está Belisario Velasco escuchando a Frei y a una distancia prudente de los dos, mira la pantalla Hernán del Canto, ex ministro de Salvador Allende, que asiste al fin de otra era, aunque sin balas ni muertos. Habla Ricardo Lagos y es fácil recordar que los políticos capaces de emocionar todavía existen. Algo que Piñera invocando cien veces a Dios aún no ha logrado. Ángel Parra apenas puede contenerse y no sigue mirando.</p>
<h3><strong>Lagos como él mismo</strong></h3>
<p>A las 19:45 Patricio Rosende da las cifras finales. Pero en el lobby ya nadie escucha, se oyen otra vez los abrazos de consuelo. Fulvio Rossi se alarga en una entrevista con dos periodistas mujeres. Los números ya no importan, la suerte está echada y más vale pensar en el futuro. Eso lo sabe bien Lagos. Se los dijo a los que ya ungió como su nuevo círculo íntimo:  “Podrán contar con este ex presidente para colaborar con ellos  en la construcción de Chile”.</p>
<p>Y como también sabe de puestas en escena, minutos después de que Rosende ha dejado de hablar, sale por las puertas del ascensor. Pero no enfila hacia la Alameda, sino que baja al bar donde la gente sentada lo aplaude, lo felicita, le pide que vuelva. Rodeado de camarógrafos se da una vuelta larga para llegar al mismo lugar donde partió, frente al ascensor. Mira hacia el frente y se va. Game Over.</p>
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		<title>El día después: la Concertación y la Presidenta</title>
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		<pubDate>Mon, 18 Jan 2010 08:59:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mauricio Hofmann</dc:creator>
				<category><![CDATA[Blogs y Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Columnas]]></category>
		<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[Presidenciales]]></category>
		<category><![CDATA[Eduardo Fre Ruiz-Tagle]]></category>
		<category><![CDATA[Michelle Bachelet]]></category>
		<category><![CDATA[Museo de la Memoria]]></category>
		<category><![CDATA[Ricardo Lagos]]></category>
		<category><![CDATA[Sistema Binominal]]></category>

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		<description><![CDATA[Hay que mirar con algún escepticismo la tesis de "Bachelet 2014". No perdamos de vista que como ex Presidenta no será líder de su partido ni de la coalición, porque nunca lo fue de veras; que hasta donde se sabe se recluirá en funciones más bien simbólicas y de bajo perfil en estos tiempos, como el que ejercerá en el Museo de la Memoria.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Entre las muchas expectativas y las variadas incertidumbres y suspensos que generó la elección de ayer domingo, hay dos preguntas con respuesta pendiente que tocan a la Concertación y a la presidenta Bachelet.</p>
<p>La primera apunta al eventual escenario de un reordenamiento político radical, como el que tantas veces ha estado en la imaginación de algunos en los últimos años: desde que se empezó a admitir que una derrota de la coalición de gobierno era posible. Me refiero a un reordenamiento de verdad, de esos que suponen quiebres de coalición, fugas masivas y no sólo individuales, extinción de partidos, surgimiento de otros nuevos, reconfiguración de las alianzas políticas.</p>
<p>Como estos 20 años de Concertación no tienen paralelo en la historia y es rotundamente cierto que jamás hubo coalición tan exitosa y tan estable (en lo político, más allá del juicio que cada uno tenga de sus logros y fracasos), el fantasma del &#8220;rebaraje&#8221; aparece mucho más potente. </p>
<div class="news-quote alignleft">  <blockquote> Finalmente, este domingo comprobamos que la mayoría del país no era de centroizquierda, como nos habían dicho. Difícilmente puede afirmarse que, por otro lado, que sea de centroderecha. Más bien diríamos que una amplia mayoría de los chilenos es progresista, simplemente porque aspira a progresar, y no porque quiera &#8220;más Estado&#8221;.</blockquote></div> 
<p>El balance no puede ser más claro: nunca hubo un conglomerado tan inmutable durante tanto tiempo, con los mismos cuatro partidos, sin ¡ninguna! escisión real: las expulsiones personales aquí y allá, y la salida de unos cuantos más, no son nada al lado de los quiebres profundos que colectividades de todo el espectro, &#8220;alianzas&#8221;, &#8220;uniones&#8221;, &#8220;frentes populares&#8221; y otros &#8220;frentes&#8221;, sufrieron en nuestra antigua democracia. Quiebres que solían conllevar el nacimiento de partidos nuevos, e incluso el cambio de signo político de coaliciones y gobiernos, a causa de las alteraciones en la composición de las alianzas que los sustentaban.</p>
<p>Entrar en esa dinámica quizás no sea más que volver a cierta &#8220;normalidad&#8221; política consistente con la historia, que no debiera sorprendernos.</p>
<p>Sin embargo, contra esa especulación persiste el sistema electoral, que hoy aparece lejos de ser reformado por la indesmentible falta de voluntad política de los incumbentes. El sistema binominal podría convertirse, si no lo hizo ya, en el más poderoso aliado de la estabilidad de la Concertación. Si los quiebres no se producen pronto, a todos nos va a pillar el 2013 antes de lo que pensamos, y las parlamentarias de ese año tenderán a mantener el estado de cosas&#8230; y de la coalición. Son fuerzas en pugna.</p>
<p>La otra gran duda se refiere al porvenir político de la presidenta Bachelet. Y aquí vale la pena recordar que la forma en que terminan los gobiernos dice poca relación con el futuro de los presidentes y de sus coaliciones políticas. Lo demuestran los finales de las primeras administraciones de Alessandri Palma o Ibáñez en el siglo XX: fueron desenlaces traumáticos, hasta con exilios incluidos, que a todos parecieron verdaderas muertes políticas. Pero ambos volvieron al poder años después &#8220;resucitados&#8221; y saludables.</p>
<p>En estas dos décadas, Frei y Lagos son casos de estudio. El primero no terminó bien, pero eso no impidió que volviera una década después a disputar la presidencia, y lograra este 17 de enero una votación &#8220;ni tan lejos&#8221; del doble de la popularidad con que se había ido el 2000.<br />
Con Lagos ocurrió más o menos lo opuesto: se despidió con una altísima aprobación popular, pero a poco andar aparecieron cuentas por pagar de su administración. El nuevo gobierno le cobró algunas; y esa popularidad descendió al punto de costarle no ser candidato de nuevo el 2009.</p>
<p>A la luz de estas vueltas de la vida, hay que mirar con algún escepticismo la tesis de &#8220;Bachelet 2014&#8243;. No perdamos de vista que como ex presidenta no será líder de su partido ni de la coalición, porque nunca lo fue de veras; que hasta donde se sabe se recluirá en funciones más bien simbólicas y de bajo perfil en estos tiempos, como el que ejercerá en el Museo de la Memoria; que ya no tendrá el blindaje presidencial, tan potente en Chile, que en estos años paró en seco a todos los que de buena gana quisieron cobrarle cuentas y que van a querer hacerlo de nuevo apenas puedan; y que además se verá envuelta en los avatares de una coalición en proceso de rearme (o de desguace).</p>
<p>Finalmente, este domingo comprobamos que la mayoría del país no era de centroizquierda, como nos habían dicho. Difícilmente puede afirmarse que, por otro lado, que sea de centroderecha. Más bien diríamos que una amplia mayoría de los chilenos es progresista, simplemente porque aspira a progresar, y no porque quiera &#8220;más Estado&#8221;.  Piñera ganó porque conquistó a esas legiones de electores que están en terrenos del centro, que antes votaron por la Concertación y que esta vez no lo volvieron a  hacer. Un centro moderado, creciente, cada vez más liberal, y refractario a la confrontación. Si la Coalición por el Cambio pretende perdurar, tendrá que profundizar en esa línea. Si la Concertación por la Democracia quiere recuperar lo que perdió, deberá enmendar rumbos y trabajar con esas claves.</p>
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		<title>Tres razones para una victoria (o derrota) histórica</title>
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		<pubDate>Mon, 18 Jan 2010 08:59:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Paulsen</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Columnas]]></category>
		<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[Presidenciales]]></category>
		<category><![CDATA[Eduardo Frei Ruiz-Tagle]]></category>
		<category><![CDATA[Presidenciales 2009]]></category>
		<category><![CDATA[Sebastián PIñera]]></category>
		<category><![CDATA[Segunda Vuelta]]></category>

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		<description><![CDATA[Frei inició su camino de derrota cuando no fue capaz su comando de vincularse a las emociones vitales de las personas, que criticaban algunas prácticas de la Concertación, pero necesitaban escuchar, ver y, sobre todo, creer que la alegría de vivir mejor se desbordaba por los poros del candidato y su comando. Fue al contrario: parecía una patrulla de burócratas de la política, haciendo lo que había que hacer, para mantenerse en La Moneda por cuatro años más.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El impacto de la victoria de Sebastián Piñera lo percibí hace dos semanas, cuando vi la película Invictus, dirigida por Clint Eastwood y protagonizada por Morgan Freeman y Matt Damon. No ha salido en cines todavía, pero una buena amiga me prestó un DVD del film, de esos que las distribuidoras  entregan a críticos de cine antes del estreno.</p>
<p>Invictus trata de la instalación del gobierno de Nelson Mandela y, particularmente, de la obsesión de ese gobernante sudafricano por generar condiciones de unidad en un país herido mortalmente por el machetazo del apartheid. Sin ánimo de contar la película, lo que me impresionó fue cómo Eastwood recrea las ganas, las expectativas, los sueños de años de maltrato que tienen los que acompañan a Mandela al gobierno. Les brillan los ojos, les salta la sonrisa sin provocación, hablan de utopías, de símbolos renovados, de un mundo por reconstruir.</p>
<p>Ese fuego de ganas y expectación lo vi mucho más presente en la campaña de Piñera que en la de Frei. Pese a que este último hablaba de cambios, de ser un puente entre generaciones, de poner caras nuevas al mando, la verdad es que siempre la campaña de Frei en Primera Vuelta pareció, como diría Serrat cuando no hay utopía, “un ensayo para la muerte”. Su asesor comunicacional de entonces, con todo desparpajo, y sin duda que con ojos desprovistos de ilusión y brillo de victoria, señaló en el <a href="http://old.elmostrador.cl/index.php?/noticias/articulopre/196690/" target="_blank">Podcast Mediápolis</a> que la campaña de Frei no giraba en torno a sueños.</p>
<div class="news-quote alignleft">  <blockquote> Por mi parte, si interesa, perdí en primera y en segunda vueltas. Pero, qué diablos, soy hincha de la UC desde que nací. De alguna forma he sido educado para sufrir hasta el final, y ver como uno mejor, enel último partido, levantó la copa que tanto queríamos.</blockquote></div>
<p>Ese fue el apagón de entusiasmo que se vio en Primera Vuelta, y que, al contrario, se desataba de expectativas en la campaña de Sebastián Piñera. Por lo que planteo que Frei inició su camino de derrota,  cuando no fue capaz su comando de vincularse a las emociones vitales de las personas, que criticaban algunas prácticas de la Concertación, pero necesitaban escuchar, ver y, sobre todo, creer que la alegría de vivir mejor se desbordaba por los poros del candidato y su comando.</p>
<p>Fue al contrario: parecía una patrulla de burócratas de la política, haciendo lo que había que hacer, para mantenerse en La Moneda por cuatro años más. La batalla de la épica y el entusiasmo se perdió fuerte en esa Primera Vuelta.</p>
<h3>Momento de liderazgo</h3>
<p>En segundo lugar está el problema del liderazgo. He planteado en otros foros que Eduardo Frei tuvo en esta elección la primera realmente competitiva de toda su carrera política. No tenía experiencia Frei de lo que era sentir que podía perder, de lo que significaba hablarle a la gente como si de ello dependiera su derrota o victoria, de recorrer el país sabiendo que la gente que va a los actos y marchas pueden parecer muchos, pero que  las encuestas y la opinión de los dirigentes regionales decían que había más reticencia que otras veces.</p>
<p>Ser un líder no significa actuar según la autoridad que se le confiere. Eso es, simplemente ejercer la autoridad, como lo hace un carabinero cuando te saca un parte, como lo hace un Presidente cuando nombra embajadores y ministros, como lo hace un capitán de fútbol cuando escoge lado antes del partido. Ser un verdadero líder implica tomar riesgos, y aun así no perder a la gente que lo sigue. Implica ir más allá del marco de autoridad que se le confirió y conseguir que la gente lo siga.</p>
<p>En esta variable, el liderazgo, Eduardo Frei estuvo muy mal, habiendo partido muy bien. Cuando a principios del año pasado, Frei inscribe temas en la agenda informativa de motu propio y alterando incluso las sensibilidades de su partido y aliados, se jugó el capital de liderazgo y le fue bien: se discutió como nunca antes sobre aborto, sobre reformas constitucionales, sobre reformas para mejor regular agentes económicos clave, en medio de una recesión mundial. Frei entonces decía que no hablaba para las encuestas, muy pocos lo imaginaban como candidato cuando Lagos e Insulza figuraban como prioritarios. Pero el que ponía los temas que se discutían era él.</p>
<p>Con la realización de las primarias en dos regiones y la bendición de su candidatura como oficial de la Concertación, todo cambió. Los asesores y expertos, en vez de seguir al líder en su camino de marzo del 2009, lo desviaron para que se mantuviera dentro del canal del establishment del oficialismo. Se dejaron de mencionar temas rupturistas, de hablar con quien lo solicitara, Frei empezó a consolidar su frase de campaña: “Ese no es mi problema”, como el mantra de su respuesta a inquietudes periodísticas y para reaccionar a los dichos de sus rivales en competencia. En vez de apropiarse del control de su campaña y su comando cedió ante aventureros consejos de sobredimensionados expertos comunicacionales.</p>
<p>En el bando contrario, el de Piñera, pasó exactamente lo contrario. El candidato partió tibio, con su repetición de frases ancla, machacadas hasta el hastío en cuanto escenario pudiera. Tenía un comando variopinto, con voceros múltiples para mostrar una escenografía diversa. Sin embargo, promediando el año Sebastián Piñera cambió de estrategia y se convirtió en líder de su sector, en el sentido explicado más arriba. Introdujo una tras otra variables que desacomodaban a sus aliados tradicionales, pero a una tasa de molestia que pudieran resistir, y movió el eje de su rango de acción hacia el centro.</p>
<p>Su rechazo a figuras del pinochetismo en su gobierno; su decisión de remarcar la legitimidad de las parejas homosexuales; incluso sus palabras despreciativas hacia la banca fueron lo suficientemente rupturistas como para capturar la atención de independientes molestos con la Concertación, pero no fueron tan rupturistas como para alienar a la  UDI. Y lo siguieron.</p>
<p><strong>La fuerza de la queja interna </strong></p>
<p>No importaron todas las campañas que se hicieron. Las de Marco, las del gobierno, las de Piñera y las de Frei por lograr que los jóvenes se inscribieran en masa en los registros electorales, la tasa de renovación del padrón electoral fue mínima. Lo que lleva a plantear la observación, dura, de la fuerza propia en modo de crítica y frustración. El padrón electoral que llevó a que Sebastián Piñera ganara ayer las elecciones, es prácticamente el mismo de hace 20 años.</p>
<p>No fueron millones de nuevos electores los que, con otros ojos y otras ansias, botaron el andamiaje electoralmente imbatible de la Concertación. Sino que fueron básicamente los que por 20 años apoyaron mayoritariamente a la coalición de gobierno, quienes gradualmente en las últimas dos elecciones, y con un ímpetu notable en ésta, le dieron sus votos a la oposición. No hay nuevos votantes de centroderecha que apoyaron a Piñera. Hay viejos votantes de la Concertación que, en esta ocasión, apoyaron primero a Marco Enríquez-Ominami y después a Piñera en segunda vuelta.</p>
<p>Los expertos estadísticos electorales dicen que se trata de profesionales más bien jóvenes de entre 25 a 45 años de edad. Es decir un segmento que creció, se educó y se hizo adulto bajo gobiernos y políticas públicas de la Concertación. Su creación y orgullo.</p>
<p>Librepensadores, abiertos, con ganas de desarrollarse en áreas muy diversas, que apoyaron el discurso y las ideas de ME-O, que se hartaron con las primarias bi regionales que ungieron a Frei, con las mismas caras de los presidentes de partido, con la idea que 20 años habían achanchado al funcionario público que llegó desde la oposición heroica a la dictadura de Pinochet a los ministerios y jefaturas de servicio.</p>
<p>Quienes recibieron el impacto del Transantiago como una negligencia técnica inaceptable, como una insolencia contra su propia gente y quienes estaban deseosos de volver a tener los ojos con chispazos de utopía.</p>
<p>La Concertación construyó una edificación extraordinaria de instituciones sólidas de gente de bien, dedicada a la función pública.  Supo amortiguar su indignación por 17 años de abuso y humillación, atemperaron sus peticiones para consolidar las bases de una democracia que por casi una década se vio a veces frágil y tambaleante, ante la presencia de los viejos odios enquistados entre los productos de la Constitución de 1980 y el sistema binominal. Además no dejó jamás de crecer económicamente, de aumentar los espacios de libertad y transparencia, aunque fuera a costo de ser sus propios dislates y actos de corrupción los que gatillaran la nueva legislación de probidad.</p>
<p>Esa creación notable no fue capaz de detectar el letargo y ensimismamiento que se hacía presa de sus organizaciones políticas. Y los mismos que apoyaron una y otra vez los modos y vías de la Concertación, enfrentados a un trance de repetirse el plato, ya no los ministros, sino los candidatos presidenciales, dijo no en una proporción lo suficientemente grande como para desequilibrar las cosas en favor de este empresario de origen democratacristiano, que voto No y que, aunque rodeado de simpatizantes de la Dictadura, ofrecía gestión y caras nuevas a un país que había dejado de ver en cada elección el riesgo de cambiar modelo y estructuras de cuajo, pero que temía que la repetición de lo mismo por los mismos los haría viejos, sintiendo el dolor de las rodillas cansadas, cuando todavía tenían ganas de correr detrás de sueños.</p>
<p>Es cierto, que hay más razones para esta victoria de Piñera. Está Marco y lo que implicó. La crisis económica mundial y la popularidad de la Presidenta, que no chorreó a su candidato en las proporciones que se requería para ganar. Pero estas tres me parecen destacables porque tienen que ver con lo que las elecciones son y nunca debieran olvidarlo los que postulan a recibir la confianza de su gente: a las emociones y ganas del pueblo, a la fuerza de un mensaje y a un liderazgo que sepa arriesgar, cuando vale la pena incomodar a los suyos para avanzar.</p>
<p>Y también porque los incentivos de la política no se debieran basar en los recuerdos de lo que se hace o se hizo, sino en lo que falta, en los que se quedaron en el camino o fueron pospuestos. Y en todo aquello que hace falta hacer para que quienes recuerdan las promesas de año tras año, sientan que la llama está encendida y los ojitos brillan como el primer día de victoria.</p>
<p>Por mi parte, si interesa, perdí en primera y en segunda vueltas. Pero, qué diablos, soy hincha de la UC desde que nací. De alguna forma he sido educado para sufrir hasta el final, y ver como uno mejor, en el último partido, levantó la copa que tanto queríamos.</p>
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		<title>Estación terminal</title>
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		<pubDate>Mon, 18 Jan 2010 08:58:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Santiago Escobar</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Para nadie es un secreto que la derecha cree que para ella el tema corrupción es, políticamente hablando, lo mismo que los Derechos Humanos para la Concertación. Y no están dispuestos a abdicar de una revisión pormenorizada, sobre todo la UDI, de lo que creen puede ser la derrota ética de la Concertación.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Finalmente la Concertación perdió y por sobre todos los argumentos que se puedan esgrimir para explicar la derrota al final lo verdaderamente significativo es que se terminó un ciclo político y empieza otro porque alguien sacó más votos. Por ello los habitantes del gobierno deben recoger sus cosas y descender del poder. </p>
<p>Es efectivo que electoralmente casi parece un empate. Más aún si los 200 mil votos de diferencia tienen una marcada concentración urbana de clase, como diría un dinosaurio izquierdista, a la hora de leer los resultados. Si se analiza con detención la diferencia se logra en Las Condes, Vitacura, La Reina y unos pocos lugares más.</p>
<p>Pero tal manera de ver las cosas pasa por alto dos hechos relevantes. El voto que alcanza la derecha en los sectores populares es muy alto. En segundo lugar, el efecto de las políticas de inclusión social de los más pobres de la Concertación terminó como una transferencia social neta hacia la derecha. Porque cambió la calidad de las demandas de la población y el oficialismo no fue capaz de percibirlo.</p>
<p>No es claro el destino político de los que bajan del poder. Algunos tienen lugar asegurado en el parlamento o en sus vínculos con centros de poder económico. Pero el destino de la gran masa de la Concertación estará las próximas semanas tironeado entre los críticos maximalistas del fracaso y aquellos que creen que es posible y necesario defender la obra. </p>
<div class="news-quote alignleft">  <blockquote> Es efectivo que quedan además los ritos de la entrega del poder. Unos son los cívicos y llenos de pompa. Otros son la entrega de las llaves, las cuentas, el personal, los edificios, autos y prebendas -Contraloría de por medio-, por debajo de la superficie del protocolo.</blockquote></div>
<p>Una cosa es cierta. Habrá inevitables rencillas de poder al interior de los partidos por la explicación de lo ocurrido. El Partido Socialista será escenario de fuertes debates sobre la cabeza de su presidente, y seguramente ME-O empezará a activar su nuevo referente. El ex Presidente Lagos, en un  discurso que lo coloca en la primera línea de fuego de la futura oposición, ya se ofreció para ser puente de las nuevas generaciones, no quedó claro si en calidad de conductor o solo de director de logística intelectual.</p>
<p>Este aceleramiento interno del oficialismo seguramente se verá frenado por la realidad. Aún quedan sesenta días de gobierno, y aunque desde la noche misma ya se cruzan miradas y señales entre el nuevo Presidente y sus equipos con las fuerzas derrotadas, todavía hay que mantener la compostura.  </p>
<p>La frase “necesitamos de su esfuerzo y experiencia”, dicha en el entorno de Piñera para referirse a la gente de la Concertación, tiene un vínculo fuerte a lo declarado hace poco por Ignacio Walker, cuya familia domina una fuerza parlamentaria igual a la del PC. Lo de Cecilia Morel, futura primera dama, pidiéndole con ingenuidad de amiga a Michelle Bachelet que los ayudara es solo parte de las emociones y la sinceridad de género.   </p>
<p>Es efectivo que quedan además los ritos de la entrega del poder. Unos son los cívicos y llenos de pompa. Otros son la entrega de las llaves, las cuentas, el personal, los edificios, autos y prebendas -Contraloría de por medio-, por debajo de la superficie del protocolo.</p>
<p>Los países estables y serios no cambian de manera dramática por una elección, menos aún si tienen las características de la que acaba de terminar. Y esos ritos del traspaso y la instalación del nuevo ejercicio debieran seguir prácticas institucionalizadas que confirmaran las buenas maneras que se expresan en público.</p>
<p>Sin embargo, para nadie es un secreto que la derecha cree que para ella el tema corrupción es, políticamente hablando, lo mismo que los Derechos Humanos para la Concertación. Y no están dispuestos a abdicar de una revisión pormenorizada, sobre todo la UDI, de lo que creen puede ser la derrota ética de la Concertación.</p>
<p>Respecto de este punto, es evidente que ética y transparencia se transformarán también, desde este mismo lunes, en el gran test del gobierno de Sebastián Piñera. No se trata solo de sus negocios y el vínculo con el poder político ahora que es Presidente Electo, sino también el de sus equipos, de la gente que pondrá a administrar el Estado y el dinero de todos los chilenos.</p>
<p>El país que recibe Piñera es diametralmente opuesto, en términos de funcionamiento democrático, crecimiento económico, paz social y desarrollo institucional al que recibió la Concertación. No tiene conflictos encarnizados y son precisamente los consensos económicos y la necesidad de mayores cambios los que acaban de derrotar a la Concertación. Por lo tanto, el nuevo gobierno tendrá una vara alta y un nítido patrimonio sobre el cual responder.</p>
<p>Al respecto, existe un problema programático que toca al corazón de la UDI. Es si el nuevo Ministro de Hacienda, en la práctica del régimen político chileno transformado en el verdadero jefe político del gabinete, será un hombre de la UDI o si, por el contrario, el nuevo presidente dejará al gremialismo sólo la tarea de ordenar su volumen parlamentario nombrando a Cristián Larroulet ministro de la SEGPRES.  </p>
<p>Es posiblemente un tanto prematuro hacer pronósticos mientras está fresca la dulzura –y también la amargura – de la noche en que se gana o pierde el poder. Pero ese es el día mismo en que se empiezan a hacer los cálculos y producir el cambio de folio. Al momento de los discursos la estación terminal ya empieza a quedar psicológicamente vacía por quienes terminan su viaje, y se apresta a recibir el armado de otros para un viaje de cuatro años, ojalá prorrogable.</p>
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		<title>Homenaje póstumo</title>
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		<pubDate>Mon, 18 Jan 2010 08:58:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Daniel Mansuy</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Será tarea de los historiadores analizar cuánto se avanzó y cuánto faltó hacer en estos últimos 20 años: el cadáver está aún demasiado tibio como para sacar conclusiones más definitivas. De cualquier modo, yo creo que será imposible no reconocer el mérito innegable de haber sacado adelante una transición complicada de modo pacífico.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Lo grave no es tanto perder sino cómo perder. La frase pertenece a Jorge Navarrete, una de las pocas cabezas lúcidas que fueron quedando en la Concertación luego de una campaña que por momentos más parecía guerrilla, interna y externa. Si lo entendí bien, Navarrete buscaba introducir algo de racionalidad en una coalición que hace mucho tiempo perdió su norte. Se trataba, en suma, de no considerar la derrota como una tragedia cósmica, y de asumirla —si era el caso— con dignidad y orgullo por lo realizado.</p>
<p>Sus deseos, lamentablemente, estuvieron lejos de cumplirse: la Concertación mostró su peor cara en las últimas semanas. Podría realizarse una interesante comparación entre las actitudes oficialistas de 1988 y 2009, pues hubo varios rasgos comunes. Un discurso cerrado sobre sí mismo, intendentes involucrados a fondo en la campaña, funcionarios públicos invitados a colaborar “voluntariamente”, una constante apelación a la “obra concertacionista” y, sobre todo, una triste campaña del terror que alcanzó a ratos niveles delirantes. La Concertación no entendió nunca que, para ganar en el año 2010, la mera apelación al pasado no bastaba. Eso pudo haber funcionado en algún momento pero no puede durar toda la vida. Si antes algunos intentaron convencernos, sin éxito, que los comunistas comían guaguas, ahora otros intentaron convencernos que la derecha implicaba algo así como el fin del mundo, y tampoco lo lograron.</p>
<p>Todo esto no pasaría quizás del dato anecdótico si no fuera porque la actitud revela un síntoma preocupante de escaso compromiso democrático. La democracia consiste en que a veces gobiernan unos y otras veces otros, y tal cosa debe ser aceptada con naturalidad. Un poco por lo mismo, es muy cierto lo que se ha dicho: el triunfo de Sebastián Piñera viene a cerrar nuestra larga transición. Así como el actual régimen francés sólo pudo afianzarse definitivamente cuando la izquierda alcanzó el poder en 1981, así también la democracia chilena obtiene su madurez cuando queda claro que todos pueden gobernar.</p>
<div class="news-quote alignleft">  <blockquote> Es muy fácil decir hoy que Patricio Aylwin debió haber sido más rudo en 1990, o que Frei debió haber sido más intransigente en su primer y único mandato, pero lo único que demuestran quienes realizan ese tipo de afirmaciones es que han leído mucha poesía y muy poco de política. Toda transición es, por definición, una transacción, y toda política es una negociación donde cada uno debe estar dispuesto a poner de su parte.</blockquote></div>
<p>No obstante, la cuestión es preocupante también por otros motivos. Uno de ellos es que fue tanta la obsesión de la Concertación por aferrarse al poder, fue tal su desesperación, que hasta sus cosas buenas terminaron en la penumbra. Hace algunos años, se puso de moda criticar a la Concertación por entreguista y por blanda. Quizás la mejor ilustración de esa crítica es ese documental de moral dudosa que realizara hace algunos años Marco Enríquez, “Los héroes están fatigados”: en él se plasmaba esa actitud de repudio al modo en que la Concertación decidió administrar el poder. No seré yo quien niegue los gravísimos errores cometidos  —mencionemos solamente la captura del aparato público como botín de guerra y la opaca relación con el sector privado—, pero la cuestión es que esa crítica le impidió a ellos mismos apreciar y valorar lo que habían construido. Porque no hay que ser concertacionista para reconocer que, si Chile es hoy un país relativamente estable y próspero, lo es en buena medida gracias a que se supo administrar una situación muy compleja de nuestra historia con la sabiduría necesaria. Es muy fácil decir hoy que Patricio Aylwin debió haber sido más rudo en 1990, o que Frei debió haber sido más intransigente en su primer y único mandato, pero lo único que demuestran quienes realizan ese tipo de afirmaciones es que han leído mucha poesía y muy poco de política. Toda transición es, por definición, una transacción, y toda política es una negociación donde cada uno debe estar dispuesto a poner de su parte.</p>
<p>La Concertación, en el fondo, se construyó desde sus más remotos inicios desde esa lógica, con las grandezas y miserias que conlleva. Pero la paradoja es que ella misma no se reconoció con lo hecho, no se sintió satisfecha y —digámoslo— se avergonzó bastante de mirarse al espejo. No le gustaba el Chile que ella misma había construido, no conectaba. Y así es muy difícil salir a convencer, es muy difícil elaborar un discurso persuasivo: así es muy difícil ganar.</p>
<p>Es obvio en todo caso que esa manera de hacer las cosas había cumplido su ciclo, y el gran mérito de Marco Enríquez es haber iluminado ese agotamiento que las cúpulas no podían o no querían ver. Pero su actitud también conllevaba el riesgo de la ingratitud, de la ceguera y de la crítica vacía de todo lo que la Concertación había hecho —y allí residió uno de los errores estratégicos del diputado. Es obvio que la Concertación fue de más a menos, pero —después de todo— eso es lo normal en toda coalición gobernante. Sin embargo, la crítica autoflagelante tal y como la practicaron algunos dejó ver algo más profundo: la negación de la política misma, la negación de que hay que estar dispuestos a ceder, y que no hay otra manera de avanzar, al menos en democracia. El olvido de estas consideraciones que deberían ser evidentes los condujo directo a la derrota, y a esa campaña absurda de la que fuimos testigos en la que Frei no se cansó de inclinarse hacia su izquierda, cuando era tan evidente que el segmento decisivo de votos estaba hacia el centro: ni siquiera fue capaz de imitar el giro que realizó Lagos en diciembre de 1999. Así, Frei se negó a sí mismo y perdió de paso su credibilidad. Por de pronto, todo esto deja un gran signo de interrogación sobre el tipo de oposición que llevará adelante la Concertación.</p>
<p>En ese sentido si uno tuviera que quedarse con una figura de estos 20 años, yo elegiría sin duda la de Edgardo Boeninger. Más allá de las diferencias que cada uno pueda haber tenido con él, me parece que Boeninger encarnó esa forma de hacer política que le dio estabilidad a nuestro país: siempre dispuesto a alcanzar acuerdos pensando en el país, siempre con la cabeza fría y sin caer nunca en esa actitud tan infantil de considerar inaceptable cualquier salida que no sea la que me gusta. Comprendía que la política es el arte de lo posible, pero no lo comprendía de un modo cínico, pues era consciente que, aún así, hay que tratar que lo posible sea lo mejor posible. Por cierto, Boeninger también fue ejemplar porque mostró con su testimonio que las fronteras entre lo público y lo privado no pueden cruzarse como quien se cambia de calcetines: tenía una visión noble de la actividad política y de los deberes que ésta exige. En suma, encarnó lo mejor de la Concertación, y si ésta perdió la brújula fue en buena medida porque prefirió escuchar los cantos de sirena antes que a sus propios sabios. Y por eso, como temía Navarrete, no supo perder. Para la paradoja quedará el hecho que Boeninger haya fallecido justo el 2009, justo el último año de la Concertación y justo cuando la Concertación ya no se reconocía en él.</p>
<p>Será tarea de los historiadores analizar cuánto se avanzó y cuándo faltó hacer en estos últimos 20 años: el cadáver está aún demasiado tibio como para sacar conclusiones más definitivas. De cualquier modo, yo creo que será imposible no reconocer el mérito innegable de haber sacado adelante una transición complicada de modo pacífico. Es cierto que hoy nos cuesta valorarlo porque sentimos que la democracia es algo dado y evidente, pero nunca está de más recordar que la democracia chilena sufrió múltiples ataques en los últimos cincuenta años. Con todo, la Concertación queda con un desafío y una deuda. El desafío: reinventarse en los años que vienen, elaborar una propuesta atractiva y superar de una buena vez el discurso añejo, pues se acabó para siempre la superioridad moral. La deuda: el descalabro de la educación que, creo, debe ser la principal —casi diría única— tarea del próximo gobierno.</p>
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		<title>El complejo dilema ministerial que debe resolver Piñera</title>
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		<pubDate>Mon, 18 Jan 2010 08:56:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Claudia Rivas Arenas</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Ahora es cuando comienza la parte difícil del anhelado triunfo presidencial de la derecha. El empresario pasará a la historia por haberle quebrado la mano a la Concertación, sin embargo no será fácil conjugar la práctica con los compromisos asumidos durante su campaña. Por lo pronto, la conformación del gabinete será su primera prueba de fuego, misma que plantea varios nudos que destrabar. ]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Mientras la Concertación comienza a buscar culpables y a lamer sus heridas después de una derrota prácticamente anunciada, la derecha recién comienza a recorrer un camino que “puede ser largo si lo hacemos bien y puede ser corto si no hacemos un buen gobierno”, advierte un importante líder del sector. ¿El primer desafío que deberá enfrentar Sebastián Piñera? La conformación de su gabinete. Porque, según observan en la propia Alianza, éste debe representar en toda su dimensión el concepto de cambio que el empresario le ofreció a Chile durante la campaña. Ese es un compromiso que no se puede eludir si se quiere partir con el pié derecho.</p>
<p>Técnicos y profesionales bien preparados, mujeres y jóvenes, todos en una misma canasta de la que, sin repetir ni equivocarse, debe salir el gabinete ministerial del primer presidente de la derecha después de 50 años. Todo, en un perfecto y armónico equilibrio, porque no hay que olvidar que detrás de Piñera existe una coalición que le sirvió de plataforma para llegar finalmente a La Moneda.</p>
<h3>Nombres al ruedo</h3>
<p>Es aquí donde comienza un difícil juego de acomodos en el que la derecha se niega a caer. Desde hace varios meses, pero a partir de la noche del 13 de diciembre con más fuerza, que suenan nombres para conformar el gabinete. El más repetido es el de Cristián Larroulet a quien se ve como el más seguro para la Segpres. Aunque todos coinciden en su capacidad técnica y negociadora, tiene en su contra haber participado del régimen militar y que su reconocido conservadurismo podría generar roces con el ala más liberal de la derecha.</p>
<p>Otra figura que se da por hecho ocupará un cargo junto a Piñera, es su brazo derecho y coordinador general de la campaña, el abogado Rodrigo Hinzpeter. No son pocos los que lo ven en la cartera de Interior. No sólo por la cercanía que ha logrado generar con el empresario en estos años, sino también porque en su entorno ven como una cualidad el hecho de que nunca ha tenido una agenda política propia. Pero en la derecha aseguran que el presidente electo no ha dado aún ninguna señal respecto de la conformación del gabinete y en ese contexto otro nombre que circula para Interior es el de su primo, el senador gremialista Andrés Chadwick. Este, por estar en un partido con alcaldes en todo Chile, tiene más redes que Hinzpeter en regiones, pensando en cargos burocráticos, como gobernadores y seremis.<br />
Quienes lo postulan alaban su capacidad para enfrentar problemas y su “cabeza fría”. En su contra juega el hecho de que no son pocos los que estiman que el dueño de Chilevisión no va a sacar parlamentarios del Congreso para llevarlos al gobierno.</p>
<p>En Hacienda está otro de los considerados como seguros ministros. Tanto en la UDI como en RN estiman que el economista Felipe Larraín es, sin contrapesos, la figura capaz de manejar la billetera fiscal, en un gobierno que tendrá como uno de sus principales objetivos avanzar en “reformas modernizadoras” para conducir al país “finalmente hacia el desarrollo”. Al igual que Larroulet, Larraín tiene un perfil técnico y no tiene militancia política, elemento que tal vez ha contribuido a generar consenso respecto de su eventual nombramiento.</p>
<div class="news-quote alignleft">  <blockquote> Si en algo se pone énfasis en el entorno de Piñera es en que “lo más probable es que la mayoría de los ministerios lo ocupen técnicos”, por lo que descartan que en el futuro cercano veamos políticos con trayectoria formando el primer gabinete del empresario.</blockquote></div>
<p>Conscientes como están en la derecha de que después de lo avanzado por Bachelet en la paridad de género no se puede retroceder, el nombre de Ena von Baer ha comenzado a sonar fuertemente para el Ministerio Secretaria General de Gobierno. En la oposición se evalúan positivamente las vocerías que efectuó para el comando durante la campaña de segunda vuelta, tras su derrota en la Araucanía.</p>
<p>Para los otros ministerios la situación se pone mucho más borrosa. Está la incógnita de si Piñera está dispuesto a correr el riesgo de ser criticado por inconsecuente, en el caso de optar por sacar a algún parlamentario del Congreso para afirmar su gabinete. Entre sus técnicos se inclinan porque no lo hará, pero la mayoría coincide en que “con Sebastián, nunca se sabe”.</p>
<p>Por otro lado está la duda de cuánto conservadurismo quiere y en qué ámbitos, en medio del necesario equilibrio que tanto se repite por los integrantes del comando. Porque uno de los nombres que se menciona para el Sernam es el de la periodista Fernanda Otero. Su reconocido conservadurismo y su cercanía al Opus Dei ya generó crítica durante la primera fase de la campaña y no faltan quienes hacen una mueca irónica cuando se les consulta acerca de esta posibilidad. También se ha mencionado a la UDI Marcela Cubillos. El cálculo que se hace respecto a la pareja del senador Andrés Allamand es que si declinó la posibilidad de ir a la reelección y se abocó a trabajar en la campaña, no puede quedar sin un cargo de relevancia. Pero está por verse si Piñera comparte este análisis.</p>
<h3>Qué pasará con Lavín</h3>
<p>Un caso emblemático es el de Joaquín Lavín, quien se ha manifestado dispuesto a trabajar donde Piñera considere que es más útil. En RN estiman que no puede pedir más después de la derrota sufrida frente a un principiante en las lídes políticas como Francisco Chahuán. Los más críticos no lo imaginan en un ministerio, porque “ha demostrado ser ineficiencia pura donde ha estado”. Por lo demás, sus críticos recuerdan los dichos del propio empresario que aseguró que los ministerios no serán premio de consuelo.</p>
<p>Así llegamos a una de las figuras más representativas de la UDI, el senador Pablo Longueira, quien no ha tenido problema en manifestar su deseo de colaborar en el gobierno y en un ministerio social. Vivienda, Mideplan o el Ministerio en Campaña que Piñera se comprometió a crear y que tendría como objetivo abocarse a erradicar por completo los campamentos. Sin embargo, el propio Longueira admite que el hecho de que Lavín haya perdido la senatorial en la Quinta Costa perjudica su opción de aspirar a integrar el gabinete, pues estima que el ex alcalde tendrá prioridad.</p>
<p>Si en algo se pone énfasis en el entorno de Piñera es en que “lo más probable es que la mayoría de los ministerios los ocupen técnicos”, por lo que descartan que en el futuro cercano veamos políticos con trayectoria formando el primer gabinete del empresario. En este contexto se menciona a Felipe Morandé en Obras Públicas; Fernando Coloma en Trabajo; Harald Beyer en Educación y Felipe Bulnes en Justicia. Algunas excepciones podrían ser el UDI Cristián Leay en Minería o el RN Sergio Romero en Relaciones exteriores, aunque en esta cartera también se menciona al ex diputado de RN Teodoro Ribera.</p>
<h3>Prueba de blancura</h3>
<p>Mientras las especulaciones van y vienen, hay algunas miradas acerca del deber ser que no se pueden omitir. Por un lado la tesis de que el gabinete será la prueba de la blancura de Piñera y, por otro, que serán los partidos de la coalición los que deberán estar a la altura. En este contexto, el senador Longueira advierte que si las cosas no se hacen bien los partidos “podrían defraudar antes de asumir el gobierno”. Según su tesis, las colectividades que le han dado la plataforma al empresario para llegar a La Moneda deben mostrar sintonía con la gente que votó por él, sobre todo quienes hasta la elección anterior votaban por la Concertación, dejándole “la máxima libertad” para elegir a su gabinete.</p>
<p>Para Longueira la primera prueba de Piñera, de aquí a fin de mes, es la señal que dará en la conformación de su gabinete , que deberá ser de excelencia y equilibrado. Aquí debe cumplir el compromiso a sumido con los chilenos. Sin embargo, el senador gremialista aclara que cuando habla de equilibrio no se refiere a cuoteo político, como el que la Concertación acostumbraba imponer, sino que debe ser el propio mandatario electo quien tenga el criterio para ponderar la correcta conformación del equipo ministerial, “con la más absoluta libertad”.</p>
<p>Ello, porque a su juicio “no puede haber actitudes contradictorias” de parte de los partidos de la coalición.</p>
<p>Especulaciones más o menos, a partir de hoy comienza la parte difícil para la derecha que, después de 50 años logró llegar democráticamente al gobierno, pero que –según admiten en el sector- “está fuera de práctica”. Aspecto que seguramente analizarán quienes fueron invitados a la celebración que Piñera organizó en su casa para después de la media noche. Continuación, más privada, de lo que vivió en el Crowne Plaza, hasta donde llegaron políticos y empresarios como Nicolás Ibáñez a felicitarlo. Lo propio trató de hacer sin éxito el presidente de Colombia, Álvaro Uribe, a través del embajador en Chile, justo cuando el dueño de Chilevisión hablaba ante centenares de personas agolpadas frente al hotel.</p>
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		<title>La Concertación se divorcia de la opinión pública</title>
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		<pubDate>Mon, 18 Jan 2010 08:54:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Arturo Arriagada</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Segunda Vuelta]]></category>

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		<description><![CDATA[Los chilenos apostaron por la renovación de caras y la eficiencia en las políticas desarrolladas por la Concertación. Piñera es un nuevo piloto que tendrá que seguir aportando al cambio cultural que impulsó la Concertación hace 20 años. Por lo mismo su primera señal debe ser la explícita y transparente separación entre política y negocios.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Ayer se firmó el divorcio entre la Concertación y los chilenos. Después de un matrimonio de 20 años, la mayoría de los ciudadanos consideró necesario construir una nueva relación con la Coalición por el Cambio. Pero los matrimonios dejan hijos, amigos e historias en común. Para terminar con la tristeza propia de un quiebre sentimental, Piñera tiene que darle continuidad y novedad al relato concertacionista de respeto a los derechos humanos, el ejercicio de las libertades individuales y el modelo económico con rostro humano.</p>
<p>Gracias a la Concertación los chilenos se convirtieron en ciudadanos más exigentes y conscientes de ejercer libremente sus derechos. Si bien la coalición de centro-izquierda promovió las “tres cuotas precio contado” y el derecho a reclamo por servicios de mala calidad, no estuvo dispuesta a crear un eficiente “servicio al cliente”. Durante la campaña no escuchó las demandas de más participación, renovación de las elites políticas y el cumplimiento de promesas pendientes con diversos sectores que se arrastraban desde hace varios años. Confió en la aprobación de Bachelet, quien hace rato había optado por potenciar su propio liderazgo a costa de la coalición. Los escándalos de corrupción, el conflicto mapuche, la falta de recambio en las cúpulas de los partidos, la política medioambiental –entre otros pendientes- fueron ocupando la línea de crédito de una Concertación que parecía más preocupada de mantenerse en el poder que de renovar el voto de confianza con los chilenos. Por lo mismo, apelar a los derechos humanos y a la posibilidad de volver al caos con un gobierno de derecha, fueron estrategias probadas que no estuvieron a la altura de las demandas del electorado.</p>
<div class="news-quote alignleft">  <blockquote> Si el Chile del bicentenario es claramente mejor al del plebiscito ha sido gracias a la coalición del arcoiris. Pero la Concertación pecó de soberbia, se aferró al poder y fue incapaz de seguirle el ritmo a las demandas ciudadanas que ella misma crió y educó durante 20 años. </blockquote></div>
<p>A diferencias de otras campañas de la derecha, la de Piñera fue exitosa gracias a tres acciones. En primer lugar, no le hizo caso a los que pregonaban la teoría del desalojo. Entendió que el tono de los años ochenta ya no corría en el Chile del bicentenario. En segundo lugar, se mostró como un candidato liberal en lo económico y también en lo valórico. Para ello acorraló a los autoflagelantes de la UDI y aisló de la campaña a quienes tuvieron alguna vinculación con la dictadura. Por más que la Concertación intentó asociar a Piñera con la dictadura y el conservadurismo –pese a sus ambigüedades de último momento- el ahora presidente electo nunca se mostró interesado en liquidar su chapa de moderado. La Concertación fomentó el ejercicio de la libertad en la calle y en la cama en los chilenos y Piñera no lo desconoció. En tercer lugar, Piñera se subió al carro de los logros de la Concertación –la protección social- y criticó duramente los errores de la coalición de centro-izquierda como la corrupción y la falta de renovación.</p>
<p>En sus 20 años de gobierno, la Concertación construyó un relato y una estética propia de su arcoiris, basada en la inclusión y la diversidad, la tolerancia y el respeto. Su principal arma ante todas las dificultades y contradicciones que enfrentaron en el ejercicio del poder fueron los derechos humanos y la recuperación de la democracia. Una vez que Bachelet llegó a La Moneda y que Pinochet murió sin funerales de Estado, la Concertación perdía parte importante de su ethos y comenzó a desarmarse. La tolerancia que predicaban se esfumó con las primarias para la galería que llevaron a Frei a ser el candidato en esta elección. La contradictoria renovación que representó Orrego, Tohá y Lagos Weber en el comando de Frei y la renuncia de dos de los cuatro presidentes de los partidos no fueron suficiente.</p>
<p>En su llegada a La Moneda, Piñera tendrá que continuar el legado concertacionista. Los chilenos apostaron por la renovación de caras y la eficiencia en las políticas desarrolladas por la Concertación. Cuando entrevistaban a los adherentes de Piñera en televisión, sólo decían que Chile necesita un cambio. Piñera es un nuevo piloto que tendrá que seguir aportando al cambio cultural que impulsó la Concertación hace 20 años. Por lo mismo su primera señal debe ser la explícita y transparente separación entre política y negocios. En su discurso como presidente electo ya dejó en claro que el rol de la futura oposición y la democracia de los acuerdos serán claves. La luna de miel de su gobierno dependerá del tiempo que demore la Concertación en renovarse.</p>
<p>Si el Chile del bicentenario es claramente mejor al del plebiscito ha sido gracias a la coalición del arcoiris. Pero la Concertación pecó de soberbia, se aferró al poder y fue incapaz de seguirle el ritmo a las demandas ciudadanas que ella misma crió y educó durante 20 años.</p>
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		<title>Adherentes de Frei culpan a Camilo Escalona por derrota del candidato de la Concertación</title>
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		<pubDate>Mon, 18 Jan 2010 03:27:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel Paz</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Con gritos de diverso calibre dos seguidores del abanderado presidencial oficialista acusaron al presidente del Partido Socialista de ser el responsable de la victoria de Sebastián Piñera. El hecho ocurrió pocos minutos después de que el timonel del Partido Radical, Fernando Meza, reconociera que Frei había perdido la elección, mientras Escalona y el mandamás DC Juan Carlos Latorre intentaban infructuosamente hacer una declaración conjunta arriba del escenario preparado por el comando en el Hotel Plaza San Francisco.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Con gritos de diverso calibre dos seguidores del abanderado presidencial oficialista acusaron al presidente del Partido Socialista de ser el responsable de la victoria de Sebastián Piñera. El hecho ocurrió pocos minutos después de que el timonel del Partido Radical, Fernando Meza, reconociera que Frei había perdido la elección, mientras Escalona y el mandamás DC Juan Carlos Latorre intentaban infructuosamente hacer una declaración conjunta arriba del escenario preparado por el comando en el Hotel Plaza San Francisco.]]></content:encoded>
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		<title>Insulza: &#8216;Hay lecciones que sacar de esta elección&#8217;</title>
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		<pubDate>Mon, 18 Jan 2010 00:11:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>UPI</dc:creator>
				<category><![CDATA[El Día]]></category>
		<category><![CDATA[Noticias]]></category>
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		<category><![CDATA[Eduardo Frei]]></category>
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		<description><![CDATA["Toda la política chilena se va tener que renovar" dijo el secretario general de la OEA, aunque se mostró esperanzado en que con Piñera en el gobierno las cosas no cambien "demasiado".]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), José Miguel Insulza, aseguró este domingo que hay muchas &#8220;lecciones&#8221; que sacar para la Concertación, luego de la derrota del conglomerado oficialista en los comicios de este domingo en que se impuso el abanderado opositor, Sebastián Piñera.</p>
<p>&#8220;Toda la política chilena se va tener que renovar, porque hay muchas lecciones que hay que sacar de esta elección&#8221;, sostuvo Insulza, replicando los dichos del ex Presidente Ricardo Lagos quien llamó a abrir la política a las nuevas generaciones.</p>
<p>Respecto al cambio de gobierno a la derecha, el ex ministro afirmó que &#8220;siempre las cosas cambian, pero no creo que vaya a cambiar demasiado, espero que no vaya a cambiar demasiado&#8221;.</p>
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		<title>ME-O responsabiliza a timoneles concertacionistas por derrota de Frei</title>
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		<pubDate>Sun, 17 Jan 2010 23:42:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>El Mostrador</dc:creator>
				<category><![CDATA[El Día]]></category>
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		<category><![CDATA[Elecciones 2009]]></category>
		<category><![CDATA[Marco Enríquez-Ominami]]></category>
		<category><![CDATA[Presidenciales 2009]]></category>
		<category><![CDATA[Sebastián PIñera]]></category>
		<category><![CDATA[Segunda Vuelta]]></category>

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		<description><![CDATA[El díscolo diputado los culpó por el triunfo de la derecha, afirmando que “son ustedes los que han empequeñecido a la política”.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El ex candidato presidencial independiente, Marco Enríquez-Ominami, instó este domingo a que los timoneles de los partidos de la Concertación reconozcan su responsabilidad por la derrota de Eduardo Frei en su camino a La Moneda.</p>
<p>&#8220;Yo les pido por eso a los presidentes de partido que asuman con coraje su responsabilidad, son ustedes los responsables de lo que ha ocurrido, son ustedes los que han empequeñecido a la política, son ustedes los que han tratado de privatizar el Estado&#8221;, aseveró Enríquez-Ominami.</p>
<p>Asimismo, dijo que se equivocaron no sólo para las primarias sino que por el tono con que dirigieron la campaña y que enfrentaron las ideas de su candidatura.</p>
<p>El segundo cómputo oficial del Ministerio del Interior arrojó que Sebastián Piñera obtuvo un 51,61% de las preferencias ante un 48,38% de Frei, con un 99,2% de las mesas escrutadas.</p>
]]></content:encoded>
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