Escépticos celebran “el anti-Copenhague” - El Mostrador

Jueves, 8 de diciembre de 2016Actualizado a las 08:54

Escépticos celebran "el anti-Copenhague"

por 22 mayo 2010

BBC Mundo
Escépticos celebran
Tras oponerse durante años a las normas que regulan el tabaco y el medio ambiente, el presidente ultralibertario del Heartland Institute, Joseph Bast, dio un discurso entusiasta, admitiendo que el cambio climático está siendo usado por los gobiernos para oprimir a los ciudadanos.

En un lujoso hotel de Chicago la mayor reunión de escépticos del cambio climático del mundo se celebró esta semana.

En la cena de apertura se comió ternera, por supuesto. Un gran trozo proveniente de ganado criado en el Medio Oeste estadounidense.

Los vegetarianos son una especie en vías de extinción en una conferencia de este tipo, organizada por el Heartland Institute, un centro de estudios de tendencia derechista.

Mientras los comensales degustaban su carne, que acompañaban con vino, el presidente ultralibertario del Heartland Institute, Joseph Bast, dio un discurso entusiasta. El cambio climático está siendo usado por los gobiernos para oprimir a los ciudadanos, dijo.

Después de oponerse durante años a las normas que regulan el tabaco y el medio ambiente, Bast intenta ahora coordinar a escépticos del cambio climático de todo el mundo para terminar con el "mito" de que los humanos son los causantes del calentamiento global.

Le pidió a la audiencia que propaguen entre sus familias, amigos y compañeros de trabajo la idea de que la ciencia del clima es demasiado incierta para guiar las decisiones políticas y que las leyes sobre el clima proyectadas en EE.UU. conducirán al país a la bancarrota.

El anticlimax

Bast dio paso a todo un héroe estadounidense, Harrison Schmitt, una de las últimas personas que pisó la luna.

Schmitt es un geólogo y como tantos otros geólogos cree que el cambio climático es parte de una fluctuación natural. Él también es un ex senador republicano y defendió ante el auditorio que la constitución estadounidense no otorga competencias al Ejecutivo para regular el dióxido de carbono.

Entre la audiencia se dieron cita varias caras internacionales, pero la mayoría eran estadounidenses libertarios y republicanos, amantes del mensaje que prescribe un Estado mínimo.

Aclamaron a un miembro del público que pidió que los "criminales del clima" -los climatólogos cuya correspondencia electrónica fue desvelada por piratas informáticos a finales del año pasado- sean encarcelados por fraude.

Entonces, la audiencia estalló en aplausos para recibir a uno de sus ídolos más admirados, Steve McIntyre, un ingeniero de minas retirado que tenía por pasatiempo analizar las estadísticas sobre el ascenso de las temperaturas y que consiguió poner en tela de juicio los datos existentes.

McIntyre demandó a la audiencia que hagan campaña para conseguir más transparencia sobre los datos relativos al cambio climático, pero inesperadamente se produjo un momento de anticlímax cuando les aconsejó que dejaran de pedir el ajusticiamiento de los climatólogos implicados en el escándalo de los correos electrónicos.

McIntyre no los quiere ver encarcelados, ni siquiera castigados. Simplemente quiere que pidan perdón.

La decepción en el público se podía palpar, como si un perro de caza se negara a matar.

Politización

Éste no era precisamente el tipo de mensaje que los escépticos esperaban escuchar de una de sus figuras más representativas. Y el discurso de McIntyre se deslizó hacia el pacifismo climático cuando confesó que no compartía las tendencias ultralibertarias de muchos de los asistentes.

Como candadiense, dijo, fue educado en la creencia de que los gobiernos deben gobernar para el pueblo. Así que si el CO2 es considerado peligroso, los políticos tienen el deber de legislar para reducir su emisión a la atmósfera.

La audiencia le despidió con unos débiles aplausos de compromiso.

Su mensaje de conciliación fue secundado por el fundador de la Coalición Internacional de la Ciencia del Cima, Tom Harris.

Dijo que no era de derechas, y que muchos científicos que comparten su postura tienen dudas sobre la teoría del cambio climático, pero que no las aireaban por miedo a ser asociados con las corrientes políticas conservadoras o con la industria de combustibles fósiles.

La agnóstica del clima (según sus palabras), Sonia Boehmer Christiansen, dio un aviso a los ultralibertarios durante un desayuno dedicado a criticar la intervención de los gobiernos. "La única manera de ganar el debate sobre el clima es uniéndose a las corrientes de izquierda", les advirtió.

Los gobiernos necesitan impuestos, dijo, y los impuestos medioambientales, son una forma eficiente de recaudarlos.

"Resistencia del clima"

El padrino del escepticismo sobre el calentamiento global, Richard Lindzen, profesor de meteorología en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), ha sido acusado de ignorar las últimas revelaciones sobre el cambio climático.

Él cree que lo más probable es que el CO2 esté calentando la Tierra, pero añade que está más convencido que nunca de que el clima será más resistente a cuanto mayor es la cantidad de CO2 vertida en la atmósfera.

Piensa que los gases de efecto invernadero no incrementarán la temperatura mucho más de un grado centígrado porque las predicciones hechas con modelos informáticos no se cumplirán.

Las palabras finales de esta conferencia, en parte un ataque contra la ciencia más ortodoxa, en parte un mitin político, fueron reservadas para un hombre que no es para nada un científico: Christopher Monckton, consejero de la ex primera ministra británica Margaret Thatcher, ahora querida por los escépticos del clima de todo el mundo.

Después de hacer una imitación burlesca del "ingeniero de ferrocarriles Rajendra Pachauri", el presidente del Panel Intergubernamental del Cambio Climático, pidió un aplauso para las tropas estadounidenses que han dado sus vidas por la libertad que, ahora, sus representantes políticos estaban entregando a la tiranía socialista global del cambio climático.

Sus últimas palabras fueron un susurro lacrimógeno, un rezo a la constitución estadounidense y la libertad individual.

Mientras la multitud extasiada abandonaba poco a poco el lugar, le señalé a un delegado una copia del Wall Street Journal que estaba sobre una mesa. Un párrafo en la primera página decía que abril había sido el último mes de abril fue el más caluroso de los registrados hasta ahora.

"¿Y qué?", se encogió de hombros. "¿Y qué?".

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