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Vida Opinión

De lo técnico-profesional y lo universitario

por 11 enero, 2017

De lo técnico-profesional y lo universitario
Cuando a la educación superior técnico profesional se le concibe como camino propio, el egresado TP complementa al trabajador no calificado y al universitario. El TP aumenta la productividad del universitario pues lo apoya, no lo sustituye; y cuando trabaja solo, aumenta la productividad de la empresa en la que usualmente el universitario no tiene cabida.

Hay un discurso bien asentado sobre lo positivo de la educación técnico profesional. Por ejemplo, existe cierto consenso en que se necesitan más técnicos y profesionales no universitarios, y que ciertas carreras universitarias están saturadas. Sin embargo, la distancia entre el discurso y la política es evidente, lo que dice relación con la falta de análisis, de un buen diagnóstico.

El problema más básico es la concepción de la educación superior técnico profesional (ESTP), en la que hay dos líneas y prevalece la errada. Esta primera línea concibe la ESTP, sin explicitarlo, como una educación remedial, estrictamente orientada a dar mejores posibilidades de trabajo, y fundamentalmente dirigida a los más pobres, a los que menos educación tuvieron, a los que “no quedaron” en la universidad. Peor aún, la concibe como una educación universitaria incompleta.

Una concepción integral también permitirá algo importante no sólo para el sector TP sino para toda la educación superior: inducirá a formular una política de educación superior integrada por universidades de investigación, universidades docentes, e instituciones TP, terminando con nichos y definiciones que responden más a la búsqueda y mantención de espacios de poder, que a una orientación virtuosa de la educación superior.

Esta concepción fue la base del diseño de la institucionalidad técnico profesional media y superior en Estados Unidos después de la Segunda Guerra, y se siguió sin plena explicitación en Chile en los 80’s. Esta visión explica políticas como por ejemplo que sólo las universidades, no los IP ni CFT, puedan otorgar licenciaturas; que los IP no puedan dar postgrados; y que los CFT estatales estén acogidos al alero de universidades estatales (algunas de baja acreditación). Pero también explica acciones tomadas tanto por instituciones TP como universitarias. Explica la transformación de la Universidad Técnica del Estado en la Universidad de Santiago; explica que algunas instituciones TP estructuren sus currículos de manera de que la universidad (de su mismo consorcio) reconozca a nivel de pregrado mucho de lo realizado en el ámbito técnico.

La segunda forma de concebir la ESTP es como un camino diferente al universitario, tan socialmente rentable como este último, pero distinto. Esta es la visión prevaleciente en países y zonas del mundo que lo hacen bien. En Canadá, Finlandia y en algunas regiones de Australia. No sólo una visión menos elitista, sino que absolutamente más adecuada a los tiempos.

Cuando a la educación superior técnico profesional se le concibe como camino propio, el egresado TP complementa al trabajador no calificado y al universitario. El TP aumenta la productividad del universitario pues lo apoya, no lo sustituye; y cuando trabaja solo, aumenta la productividad de la empresa en la que usualmente el universitario no tiene cabida.

Una concepción adecuada de este camino propio, diferenciado, permitirá adoptar mejor una política pública. Desde luego, descartar la idea de que las universidades que no investigan son similares a los IP; repensar un rol distintivo, un espacio único para los IP que trabajan más cercanamente desde la investigación aplicada; visualizar mejor la articulación entre enseñanza media TP y superior; y desde luego, terminar con las brechas de financiamiento estudiantil que encarecen para los alumnos la opción por el camino TP respecto de lo universitario.

Pero una concepción integral también permitirá algo importante no sólo para el sector TP sino para toda la educación superior: inducirá a formular una política de educación superior integrada por universidades de investigación, universidades docentes, e instituciones TP, terminando con nichos y definiciones que responden más a la búsqueda y mantención de espacios de poder, que a una orientación virtuosa de la educación superior.

* Ricardo Paredes Molina es rector de Duoc UC.

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