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Diario de Silicon Valley: Mujeres enfrentan discriminación en sector de tecnología

por 5 marzo, 2017

Financial Times
Diario de Silicon Valley: Mujeres enfrentan discriminación en sector de tecnología
A pesar de invertir en la capacitación de reclutadores y de organizar campamentos de programación, menos del 20 por ciento de los puestos de trabajo están ocupados por mujeres.

Por Hannah Kuchler

Cuando comencé a escribir sobre la seguridad cibernética nadie me advirtió que iba a terminar en los peores clubs nocturnos del mundo. Dos días después de que comenzó RSA, la conferencia más grande de seguridad cibernética en San Francisco, me encontré en la esquina de una pista de baile vacía; la única mujer en medio de pequeños grupos de hombres de mediana edad que aún no estaban lo suficientemente borrachos para bailar unos con los otros.

Afortunadamente, los organizadores de esta fiesta habían previsto esta situación tan familiar en una industria dominada por los hombres. En lugar de proporcionar bailarinas gogo, actualmente inapropiadas en una industria que padece de un severo problema de sexismo, se aparecieron dos Transformers amarillos de ocho pies de altura para animar la fiesta. La pareja bailó, se acercó para tomarse selfies con todos los que quisieron hacerlo y suscitó mucha emoción del grupo de nerds que seguramente se habían pasado muchas noches viendo programas de ciencia ficción.

La industria de seguridad cibernética está intentando ser más acogedora hacia las mujeres. En RSA ya no hay “presentadoras” en los stands utilizando su cabello largo y piernas largas para atraer a potenciales compradores de software de seguridad en la sala de exhibición, como solía suceder en sus inicios. Éste es un cambio reciente: un director ejecutivo me dijo que cuando adquirió su compañía de seguridad cibernética hace dos años, tuvo que prohibir la exhibición de lucha libre femenina en su stand. Sin embargo la conferencia sigue siendo un mar de masculinidad. El mar se abre cuando yo — una mujer de 30 años de edad — paso a través del evento. Hay señales en la entrada que advierten que no se pueden usar patinetas hoverboards, lo cual me hace reír. Ninguna mujer se transportaría a un evento profesional en una hoverboard, aunque se trate de Silicon Valley.

Mi experiencia en la RSA fue más bien una sensación sutil de estar fuera de lugar. Esto no se compara con la discriminación directa que sufren las mujeres en la industria de la tecnología. En un mensaje de blog que estaba circulando a través de Silicon Valley esta semana, Susan Fowler, una ex ingeniera de Uber criticó la respuesta de su compañía con respecto al acoso sexual en el trabajo. Describió en particular la actitud desinteresada del departamento de Recursos Humanos cuando ella les informó que su jefe le había hecho un avance sexual indeseado en su primer día de trabajo. Fowler también aseveró que un gran número de ingenieras estaban abandonando su equipo. Después de pasar tres años trabajando en Silicon Valley, no puedo decir que estoy sorprendida.

Las grandes compañías de tecnología comenzaron a publicar estadísticas sobre la diversidad en su fuerza laboral en 2014. Tenían esperanzas de que las cifras mostrarían que, conforme pasaban los años, estaban reclutando a un mayor número de mujeres y de minorías étnicas. Actualmente, el porcentaje de mujeres que forman parte de la fuerza laboral de Silicon Valley sigue siendo menos de 20 por ciento, a pesar de que el sector ha invertido en la capacitación de reclutadores para atraer a candidatas femeninas y ha organizado campamentos de programación. La industria de la tecnología — la cual siempre ha sido famosa por moverse velozmente y romper cosas —debe darse cuenta de que no puede seguir rompiendo a la gente. Las mujeres se retirarán si no se sienten seguras en su lugar de trabajo.

En otra conferencia para empresas “startup” me di cuenta de cuánto se ha ampliado la definición de “startup”. Algunos de los participantes incluían Smash, que se describía a sí mismo como un buscador de oponentes de tenis competitivo; FlossMor, un dispensador de hilo dental que se torna color naranja cuando no se ha utilizado en 22 horas; y Shaka Tea, que vende té helado hawaiano infusionado con la esencia de maki (un ingrediente que ni siquiera Google conocía).

Yo estaba ahí para entrevistar a Ryan Holmes, director ejecutivo de Hootsuite, una compañía basada en Vancouver que ayuda a sus clientes a manejar sus presencia en los medios sociales. Holmes, quien acuño el término “Mafia de Miel de Maple” para describir a sus inversores de tecnología canadienses, espera que puedan reproducir el éxito de la “Mafia de Paypal” que fundó compañías como Tesla, Palantir y SpaceX. Hablamos sobre cómo Canadá podía beneficiarse de la preocupación de las compañías de tecnología estadounidenses sobre la posibilidad de que el endurecimiento de las regulaciones de inmigración del presidente Trump pueda dificultar el proceso de conseguir ingenieros talentosos del extranjero. El día después de la elección estadounidense, Holmes recibió 10 llamadas telefónicas de empresarios pidiéndole consejos sobre cómo abrir oficinas en Canadá, donde los trabajadores cualificados ahora pueden obtener visas en sólo dos semanas.

***

Durante el fin de semana largo de Presidents Day (Día de los Presidentes) o #NotMyPresidentDay (el día del que no es mi presidente) como lo describen los oponentes de Trump, viajé hacia el norte con algunos amigos a las montañas que circundan a Lake Tahoe. Atraído por la impresionante nevada, el resto de San Francisco se unió a nosotros en el camino. Nos movimos a vuelta de rueda durante ocho horas en una ruta que normalmente sólo toma cuatro horas.

Después de cinco años de sequía en California, las lluvias finalmente han llenado las reservas de agua, convirtiendo a las calles en cascadas y vertiendo capa sobre capa de nieve en las pistas de esquí. Como yo no soy una aficionada del esquí, opté por el deporte de baja tecnología: caminar por el bosque con raquetas de nieve en los pies.

Para los empleados de Silicon Valley, los fines de semanas se usan para alejarse de la tecnología. Yo pude realizar casi toda mi caminata sin usar mi teléfono inteligente, disfrutando profundamente la belleza de los altos pinos. Desgraciadamente, también estaba corriendo el riesgo de perderme. La profunda nieve bajo mis pies se unía al blancuzco aire nevado y cada árbol era idéntico al siguiente.

A final de cuentas, renuncié a mi promesa de liberarme de la tecnología. Y claro, recurrí a Google Maps para volver a mi coche.

Financial Times

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