Tendencias
Diseño funcional que incorpora juego, color y transformación en los objetos cotidianos
Muebles que se pliegan, cambian de posición, se mueven o permiten distintos usos están ganando espacio en el diseño contemporáneo. La tendencia combina funcionalidad, flexibilidad y color como respuesta a viviendas y rutinas cada vez más cambiantes.
Durante años, buena parte del diseño de interiores estuvo marcado por la idea de que mientras más funcional fuera un objeto, menos debía hacerse notar. Líneas simples, colores neutros y muebles capaces de integrarse al espacio discretamente dominaron numerosas propuestas para el hogar.
Pero hay una tendencia donde el diseño funcional busca que los objetos sigan resolviendo necesidades prácticas, pero sin renunciar al color, el movimiento, la transformación e incluso al juego. Una mesa puede plegarse, una lámpara cambiar de posición, una silla colgarse cuando no se utiliza y un sillón modificar su forma según las necesidades de quien lo ocupa.
La tendencia responde también a cambios concretos en la manera de habitar. En viviendas donde un mismo ambiente puede servir para trabajar, estudiar, descansar o recibir visitas, los muebles rígidos y destinados a una sola función comienzan a perder terreno frente a piezas capaces de adaptarse.
Frente a la predominancia de espacios blancos, grises, beige y materiales naturales que caracterizó buena parte de las tendencias de interiores de los últimos años, comienzan a aparecer muebles con colores intensos, mecanismos visibles y formas deliberadamente llamativas.
Rojos, amarillos, verdes y azules dejan de utilizarse únicamente como elementos decorativos y pasan a cumplir también un papel funcional: pueden destacar determinadas partes de un objeto, marcar sus posibilidades de movimiento o convertir un mueble en un punto focal dentro de un ambiente.
La idea detrás de esta corriente es que lo práctico no necesariamente tiene que ser neutro ni pasar inadvertido.
También aparece con fuerza el concepto de transformación. Frente a hogares donde los metros cuadrados son cada vez más valiosos, se privilegian objetos capaces de responder a más de una necesidad.
Una mesa plegable puede liberar espacio cuando deja de utilizarse. Una silla fácil de almacenar permite modificar rápidamente una habitación. Una lámpara articulada puede adaptarse a distintas actividades sin necesidad de multiplicar los puntos de iluminación.
La estética y la funcionalidad comienzan así a operar como una misma decisión de diseño.
Una tendencia que aterriza en Chile
Una muestra de esta corriente llegó a Chile con IKEA PS 2026. Nacida en 1995 en la Feria del Mueble de Milán, la colección surgió con el propósito de llevar el Diseño Democrático a nuevos territorios, explorando ideas, materiales, formas y soluciones que desafían las convenciones del diseño, pero manteniendo siempre el principio fundamental de llegar a la mayor cantidad de personas posible.
Desde entonces, sus distintas ediciones han funcionado como una suerte de laboratorio dentro de IKEA, reuniendo a diseñadores de diferentes lugares para experimentar con materiales, formas, mecanismos y nuevas maneras de utilizar objetos cotidianos.
Esta décima edición de la colección que incorpora en el mercado chileno piezas basadas precisamente en esta combinación entre flexibilidad, expresión y utilidad, se basa en el concepto Playful functionality, o “funcionalidad divertida”, con objetos que cumplen una tarea concreta, pero cuyo uso incorpora también sorpresa, interacción o transformación.
Para Julia Becerra, gerente de Diseño para Chile y Colombia de IKEA, esta lógica permite combinar soluciones para espacios reducidos con muebles que aporten personalidad y creatividad al hogar.
“Representa muy bien nuestra forma de entender el diseño, con soluciones pensadas para hogares reales y espacios pequeños, que combinan funcionalidad y creatividad para generar emoción y alegría en nuestros espacios. Esta colección nos invita a jugar, a atrevernos un poco más con el color y a incorporar elementos que reflejen nuestra personalidad”, comenta Julia Becerra, gerente de Diseño para Chile y Colombia de IKEA.
Una idea similar plantea el diseñador de interiores y objetos Kai Gildemeister, quien pone el acento en la posibilidad de utilizar el mobiliario como una forma de expresar identidad, incluso cuando las dimensiones disponibles son limitadas.
“Desde la mirada del diseño, nos invita a atrevernos a mostrar nuestra personalidad a través de los objetos y de nuestros espacios. La colección reúne múltiples colores, texturas y funcionalidades, que permiten incorporar elementos que hablen de quiénes somos. Incluso en espacios reducidos, las dimensiones de estos productos demuestran que no tenemos que dejar de lado las cosas que nos gustan ni tener miedo a atrevernos con el color”, señala.
La colección incorpora así productos que combinan formas geométricas, colores, materiales y mecanismos inesperados con una preocupación permanente por su utilidad y facilidad de uso. El resultado son piezas que pueden convertirse en protagonistas de un espacio sin perder de vista su propósito original.