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BRAGA

Convergencia Intercultural de Mujeres: Juntas Somos Medicina

por 15 noviembre, 2019

Convergencia Intercultural de Mujeres: Juntas Somos Medicina

Ceremonia Día del Fuego. Crédito: Christian Noriega

El llamado que reunió a más de 550 mujeres en el Valle Sagrado de los Incas durante 6 días para coexistir y co-crear.
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Convocamos a todas las mujeres que sientan en sus corazones palpitando fuerte el llamado a reunirnos a unificar nuestros rezos en un sólo gran corazón que unifica la medicina circular femenina y enlaza nuestra hermandad al servicio del equilibrio femenino-masculino en nosotras, nuestra Tierra, todas nuestras relaciones y ámbitos de vida.

Con este mensaje comenzó la convocatoria que las chilenas Luzclara Camus, Astrid Brinck y Mahi Barahona lanzaron oficialmente a fines del 2018 para llevar a cabo la primera Convergencia Intercultural de Mujeres: Juntas Somos Medicina. Un llamado que jamás imaginaron resonaría con tanta rapidez en cientos de mujeres alrededor del mundo, llevando a que los cupos se llenasen meses antes del evento que tuvo lugar entre el 9 y 14 del pasado septiembre y que contó con más de 500 participantes.

El punto de reunión fue Písac, un pintoresco pueblo ubicado en el El Valle Sagrado de los Incas en Perú. Durante 6 días, a los pies de los Apus (montañas) de este poderoso lugar, convergieron no solo mujeres, sino también culturas y saberes, ancestrales y modernos, provenientes de diversas partes del mundo.

Fueron convocadas 13 “abuelas”, nombre con el que se denomina a mujeres que en vista de su edad y su recorrido son consideradas sabias dentro de sus culturas, y quienes fueron invitadas bajo una nueva propuesta: la de converger.

A diferencia de otros encuentros de mujeres, aquí no se ofrecían talleres, charlas ni conferencias. El llamado era otro: el de converger, y, través de esta vivencia, atender a una de las necesidades más imprescindibles en nuestra sociedad actual. “Hay un punto al que nos falta llegar como humanidad que es el coexistir en verdadera paz entre las distintas religiones y tradiciones.” señala Astrid, una de las tres co-creadoras de este encuentro quien lleva tiempo trabajando este concepto mediante su instituto Inner Freedom. Para ella, la experiencia de converger implica en primer lugar lograr coexistir trascendiendo las diferencias, para, a partir de ahí, comenzar el proceso colaborativo hasta alcanzar la co- creación. Consecuentemente, esta propuesta se reflejó en varios aspectos del encuentro, como la convergencia de visiones que se unificaron en su gestación, la organización colaborativa y la co-creación del diseño, la distribución del espacio circular e incluso las ceremonias interculturales en las que coincidían diversas tradiciones a la vez. “Como dice Thich Nhat Hanh, el nuevo Buda es la Sangha, es la comunidad, esta común unidad circular donde no hay un líder sino que el círculo es el líder, donde no solo coexistimos sino que co- creamos la nueva humanidad, el nuevo paradigma”, agrega Astrid.

La unificación de los cuatro elementos: Fuego, Agua, Tierra y Aire

Las más de 550 mujeres durante las ceremonias. Foto: Lali Agüero

Invitamos a sintonizarse en una misma gama de color inspirado en el elemento al que se dedicaba dicho día, cientos de mujeres cantaron, danzaron y rezaron honrando al fuego, el agua, la tierra y el aire. Así, cada mañana, las más de 500 participantes se congregaban en círculos concéntricos alrededor del altar principal, compuesto de un fuego circunscrito en una Chakana (Cruz Andina) de piedras. El círculo interno lo componían las abuelas, tres de las cuales, de forma alterna, estaban encargadas de guiar la ceremonia en conjunto, reflejando la esencia misma de esta convergencia. “La invitación a las abuelas era a hacer ceremonias transculturales, incluyendo y trascendiendo la propia cultura para que la co- creación pudiera manifestarse”, explica Astrid.

Para Mahi, otra de las co-creadoras de este evento, el llamado de los 4 elementos fue lo que inspiró este converger. “El reunirnos entre mujeres, acompañadas de abuelas sabias de diversas culturas, con el propósito de unificar los 4 elementos traídos por cada una nos tomó profundamente como un llamado más grande que nosotras, que nos impulsaba, movía y guiaba en todo momento hacia esa alquimia” sostiene. Es así como en cada una de estas ceremonias, de alrededor de tres horas de duración, se unificaron la tierra, el agua, las cenizas y las plumas que cada mujer trajo desde su lugar de procedencia y que posteriormente se repartieron entre todas las participantes simbolizando la unión de las culturas y las razas y el retorno a la Gran Madre, la Matria sin fronteras.

Mariana “Doña Loba” y Rosalinda Namises en la ceremonia de apertura. Foto: Piera Novion

 

Mujeres reunidas en círculos concéntricos en torno al altar mientras tres abuelas guían la Ceremonia del Día del Agua. Foto: Piera Novion

 

Miliwanga Wurrben, mujer Rembarrnga de Australia, durante la Ceremonia del Día del Agua. Foto: Piera Novion

 

Martina Mamani, María Apaza y Cecilia Paniagua guiando la Ceremonia en honor a la Tierra. Foto: Piera Novion

¿Por qué un encuentro solo para mujeres?

Las diferentes formas en las que la mujer actual se ha manifestado frente al patriarcado y los diversos discursos existentes generan prejuicios frente a este tipo de encuentros, pero aquí no se busca poner la energía femenina por sobre la masculina, sino más bien atender a la necesidad de llegar a un equilibrio entre ambas. “La medicina que las mujeres podemos aportar desde la esencia a estos nuevos tiempos tiene que ver precisamente con nuestra capacidad innata de converger, de colaborar, de cuidar la vida, trascender las diferencias, de movernos en un flujo circular que es energía de unión”, sostiene Mahi,. ‘Si hablan de unión, ¿por qué entonces no admiten hombres?’, argumentaban algunos, ante lo cual ella reflexiona que el potencial sanador de la mujer no es excluyente, ya que se extrapola también al resto de las esferas. Astrid comparte esta opinión; “Hay un movimiento actual planetario donde miles de mujeres están haciendo un viaje a la profundidad de su ser para alinear sus relaciones primales; con su padre, su madre, sus niñez y toda su historia, con el fin de ponerlo al servicio de todas nuestras relaciones, incluyendo por supuesto a los hombres”, señala al respecto. Reflejo de estas visiones es el hecho de que el último día de la Convergencia los hombres fuesen invitados a una ceremonia que honró el Sagrado Masculino. Alrededor de 150 hombres fueron entrando por un túnel de mujeres rumbo al altar, para sentarse alrededor de las abuelas, quienes los bendijeron con sus diferentes rezos. Impregnados de esa energía que es la Unión, los posibles juicios cedieron, las almas resonaron y mujeres y hombres se unieron en un gran rezo mayor por el equilibrio del masculino y el femenino.

 

Hombres entrando a través de un túnel de mujeres a la ceremonia del Masculino Sagrado. Foto: Piera Novion

Abuelas honrando y bendiciendo a los hombres, según sus propias tradiciones, durante la ceremonia del Masculino Sagrado. Fotos: Piera Novion

La riqueza en la diversidad: cada “abuela” brilla en su esencia

Astrid Brinck (cocreadora), Miliwanga Wurrben (mujer Rembarrnga de Australia), Martina Mamani (Mujer Medicina de tradición andina), Cecilia Paniagua (guardiana de la cultura Chavín), María Apaza (Altomisayoc Q’ero), Sweet Medicine (líder espiritual americana del linaje Chickasaw), María Valdivia (Mujer Medicina chilena residente en Ibiza), Ana Luisa Solís (guardiana de saberes ancestrales mexicanos), Rosalinda Namises (activista y política de Namibia), Francisca Calfín (Lawentuchefe Mapuche), Nan Amalia Tum (curandera de tradición Maya), Marianna Doña Loba (activista femenina argentina residente en Barcelona), Luzclara Camus (Cocreadora que también participó como abuela) y Mahi Barahona (cocreadora). Foto: Piera Novion.

Rosalinda Visolela Namises, activista y política procedente de Namibia, lleva años luchando por la protección de los derechos humanos de las mujeres y niños de su país. A pesar de que el camino de ‘Rosa’ no ha sido fácil, su espíritu es alegre y el ritmo corre por sus venas, contagiando todo a su alrededor y logrando que cientos de mujeres se le unieran a sus sanadoras danzas. Otra de las abuelas que robó corazones fue María Apaza, la más anciana de las presentes con 93 años, máxima líder espiritual de la Nación Q’ero (últimos descendientes de los Incas). María es mujer Altomisayoc en su tradición, lo que significa que ha sido elegida como alta sacerdotisa bajo la señal física del rayo. A pesar de que solo habla quechua, esta abuela puede prescindir de traductores, ya que a través de sus ojos dulces y sus bellas melodías logra expresar un mensaje que solo se entiende con el corazón. Representando a la Nación Mapuche estaba Francisca (Panchita) Calfín, Lawentuchefe (Mujer Medicina) oriunda del territorio Lafkenche de la Región de la Araucanía. Así, cada una de las abuelas presentes destacó por su propia esencia, y el ver como coexistían y cocreaban más allá de las diferencias de sus tradiciones o de los posibles desencuentros a lo largo la historia, las marcó tanto a ellas como a las participantes.

No todo fue ceremonias

El mercadito, la peregrinación por el pueblo de Písac y el Laberinto de Luz ofrecido por Marianna “Doña Loba” fueron otras de las instancias que marcaron este encuentro. Una de las actividades más enriquecedoras fueron los Consejos de Abuelas, en los que éstas intercambiaron sus puntos de vista respecto a temas como el rol contemporáneo de la mujer, la importancia de la sororidad, entre otros. La música también estuvo presente, y cada noche se llevaron a cabo conciertos en donde se presentaron mujeres de diferentes nacionalidades con su proyectos musicales, entre ellas la chilena Moyenei Valdés, reconocida solista en el ámbito de la Música Medicina que reside actualmente en México.

Mujeres transitando el Laberinto de Luz ofrendado por la abuela Marianna (Doña Loba). Foto: Piera Novion.

Noches de concierto durante la Convergencia Intercultural de Mujeres. Foto: Piera Novion.

Abuelas intercambiando puntos de vistas durante el Consejo de Abuelas Fotos: Piera Novion

¿Cómo surgió el llamado? La historia de un proceso de cocreación

Astrid Brinck, Luzclara Camus y Mahi Barahona, las tres cocreadoras de la Convergencia Intercultural de Mujeres: Juntas Somos Medicina. Foto: Inés Cabral

Como anunciándose a sí mismo, el llamado a converger se manifestó, en primera instancia, con una convergencia; las visiones de tres mujeres chilenas cuya labor en el despertar femenino venía entrecruzando sus caminos de diversas formas desde hace varios años.

Luzclara Camus es una mujer que parece haberse adelantado unas cuantas décadas a su época, siendo pionera en Chile en difundir el movimiento de la Diosa y del ciclo lunar desde los años 70’. Su búsqueda en torno al saber ancestral femenino la ha llevado a aprender de distintas tradiciones. Fue nombrada como Chakaruna o mujer puente por la tradición Q’ero, iniciada por la Machi Antonia Lincolaf de la Nación Mapuche, aprendiz del maestro indígena Sun Bear, Chippewa de la nación norteña y vivió con el maestro Quichua Casimiro Mamallacta en la Amazonía Ecuatoriana. En 2015 su corazón recibió intensas visiones que le indicaron que era tiempo de migrar del Cajón del Maipo en Chile hacia el Valle Sagrado de los Incas, donde hoy vive y ofrece su medicina a mujeres de todo el mundo que llegan a buscarla.

Astrid Brinck también ha dedicado gran parte de su vida a fomentar el empoderamiento femenino y el desarrollo humano, siendo fundadora, entre otros proyectos, del Inner Freedom Institute, que actualmente tiene sus bases en Alemania y Suecia donde Astrid reside la mitad del año. Esta incansable buscadora se ha sumergido en diversos caminos para rescatar y poner al servicio herramientas que ofrecen una vía al desarrollo y la maestría personal. Además es guardiana y eterna aprendiz de tradiciones indígenas americanas, compositora, multi instrumentista, cantante y escritora. Para Astrid, la Convergencia no responde a una idea personal de alguna sino más bien a un llamado que se canalizó a través de ellas. “Hay algo mayor que nos usó a las tres porque estábamos a la escucha de aquello que buscaba manifestarse, y siento que eso emergente fue mucho mas grande que nosotras”, sostiene. Una vez que se unieron en este propósito, cada una fue identificando señales y visiones, incluso algunas muy antiguas, que comenzaban a cobrar sentido.

A comienzos del 2018, Mahi y Astrid junto a otras mujeres convocaron en Pucón un rezo por la unificación de las aguas, inspirado en experiencias profundas en lugares de poder de la zona sur de Chile. Este círculo, en el que se unificaron, rezaron y ofrendaron diferentes aguas de diversas partes del mundo, fue apoyado a la distancia por varias abuelas, entre ellas Luzclara. Es así como esta experiencia fue un precedente inspirador que comenzó a tomar fuerza y vida propia, y que a su vez fue convergiendo con otras señales como la visión de Luzclara; “En una meditación escuché clarito: ‘llama y reúne a las mujeres a orar por la Pachamama en el Valle Sagrado’. Esto lo conversamos con Mahi y Astrid, que también estaban sintiendo el llamado a converger en este lugar de poder, y así fuimos uniendo nuestras visiones”, recuerda, incluyendo la visión de Astrid quien había ofrendando semillas de araucarias años atrás en Machu Picchu.

Todo comenzó a encajar como un puzzle, dándose así inicio en marzo de 2018 a este proceso co-creativo. Mahi vio con claridad que el rezo no era sólo por las aguas y que debía

extenderse a los 4 elementos, y todas resonaron con tal propósito. Astrid sintió con fuerza los conceptos de coexistencia y co-creación que se manifestaron a través del nombre: Convergencia Intercultural de Mujeres, al que luego se añadió el Juntas Somos Medicina. Y de esa misma manera todo fue surgiendo como si se tratase de un plan mayor, en el que ellas iban siendo solo un canal, procurando mantenerse receptivas y con la intuición al servicio. “Fue realmente armándose por si solo y fuimos dando harto espacio para que lo emergente se manifestara y se recreara. Nos fuimos guiando sin resistencia por lo que fluye naturalmente, lo que prende con fuerza, que indica que por ahí es. De repente teníamos ideas que finalmente no eran, y nos dábamos cuenta que podían ser cosas más limitadas, personales o pequeñas, porque no agarraban fuerza. Pero cuando era lo que tenía que ser y estaba realmente alineado al propósito mayor, ¡pum!, simplemente agarraba vida propia”, recuerda Mahi, revelando también que, mediante este mismo proceso intuitivo que sigue en constante movimiento, todas sentían que esto debía continuar y así coincidieron con las señales sobre el lugar de la próxima edición 2020: México.

Esta tercera miembro de las co-creadoras lleva 15 años al servicio del despertar de la espiritualidad femenina mediante su trabajo como Psicóloga, Terapeuta, Doula, Guardiana del Nacimiento y facilitadora de Círculos de Mujeres. Su pasión se ha centrado en el origen y comienzo de la vida, y, a través de su proyecto Mamatriztica (2011), ha inspirado y acompañado los procesos de parto de mujeres y familias, así como la transformación interior de Doulas al servicio de las madres. Al igual que a Luzclara y Astrid, su búsqueda la llevó a indagar en los saberes de diversos pueblos originarios de América, de los cuales se ha nutrido y que han influenciado su vida y trabajo.

Como si se tratase de una prueba piloto, la convergencia de estas tres mujeres, totalmente fluida, horizontal y unida, fue un primer buen augurio de lo que resultaría de este gran llamado, que superó profundamente sus expectativas. “Esperábamos en principio unas 200 mujeres, y que hayan sido más de 500, de tantos lugares del planeta, las que respondieron al llamado, fue algo maravilloso e inesperado. Tuvimos que cerrar los cupos ya que, aún reuniéndonos en una de las sedes más grandes disponibles en el Valle Sagrado, no cabíamos más. Fue una verdadera Convergencia de razas y culturas”, sostiene Luzclara, dejando en evidencia lo difícil que es dimensionar algo que la gran mayoría de las participantes de este encuentro vivenciaron: el gran impacto que puede generar un encuentro entre mujeres unidas bajo un mismo rezo.

 

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