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Entendiendo la trilogía best seller que subió la temperatura de las chilenas

Cultura - El Mostrador

"Cincuenta sombras de Grey" y la fantasía del sexo con dolor

por 23 noviembre, 2012

“Cincuenta sombras de Grey” y la fantasía del sexo con dolor
Ya en la década de los 90, un estudio había descubierto el “orgasmo mental” que incluía aumento de presión sanguínea y dilatación de pupilas, sólo dejando volar la imaginación con imágenes excitantes. Si bien este libro no es “La pianista” de Jelinek, a ratos entretiene. Es el placer literal al alcance de una hojeada. “Cincuenta sombras de Grey” es más bien la metáfora de cualquier pareja —donde siempre hay un perverso—, ¿o no? Esta es una novela de amor al fin y al cabo, pero como es sucia, es mejor.
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Lo leen en el metro, en la cama, en el trabajo y está en los veladores. Es fácil imaginar a una mujer adulta, casada, medio harta del tedio del misionero, hojeando con compulsión el libro. Y que mientras avanza, sube su temperatura pélvica en medio de un microfilme mental de máscaras, fustas, inmovilización, azotes y bondage. Eso es el fenómeno de “Cincuenta sombras de Grey” (Random House) un Fanfiction de tres volúmenes que ya ha vendido en nuestro país algo más de 30 mil ejemplares y lleva dos reediciones. Eso, sin mencionar los 20 millones que vendió en el mundo entero, que una mujer del Reino Unido se separó, —porque su marido no estaba dispuesto a practicar el sado-maso— y que aumentaron las ventas de los juguetes sexuales que aparecen en las escenas eróticas.

En el stand de la editorial en la Feria Internacional del libro de Santiago, un enjambre de mujeres rubias, morenas, encopetadas, sencillas, viejas y jóvenes se amontonaban para asegurar su ejemplar. Es por ese y otros motivos que el libro ha sido bautizado en la línea de “Porno para mamás”. Aunque la pluma de E.L. James es básica, no profundiza en los personajes y hay constantes guiños de novela romántica popular, que tiene una virtud: la lectora experimenta en carne propia las sensaciones de la protagonista. Quizás, por la propia identificación con la antiheroína, y por qué no, el derecho a soñar es gratis... Pero aquí también se deja claro que cualquier mujer puede sentir el placer de llevar su cuerpo al límite, sí se atreve.

Christian Grey viene a representar ese oscuro vampiro corruptor, procaz, que actúa de Pigmalión sexual de una mujer cándida: Anastasia Steele. Ella no es una fémina despampanante y a eso se suma su inseguridad y su casi nula experiencia sexual. A ratos, para sorpresa de ella misma, resulta ser una alumna bastante aventajada en las artes amatorias, porque es muy instintiva.

“Me ata primero el tobillo derecho y luego el izquierdo, de modo que quedo bien sujeta, abierta de brazos y piernas completamente a su merced (…) Un latigazo seco al vientre. —Aaaaggghhh— grito. No me duele exactamente; más bien me produce un fuerte hormigueo… Vuelve atizarme esta vez en los pechos. Grito. Es una dulce agonía, soportable...placentera”, es una de las primeras escenas que regala el libro.

Sexo con dolor

"Martina BDSM" es una dominatrix argentina —cuyas siglas son de bondage, dominación y sadomasoquismo—. Hace unos años la conocí porque la entrevisté para un reportaje. Me contó que trabajaba en Chile desde el 2007 y que en su abanico de servicios incluía uno llamado "Tortura", que era el más requerido por los hombres, y consistía en aplicar punciones con alfileres, amarras y elásticos en todo el cuerpo, incluyendo genitales. Confesó también, que en ocasiones tenía que poner límites a sus clientes, quienes se hacían adictos a esas pequeñas dosis de dolor y le exigían a gritos que los cortara. Con su voz dulce, uno no se atrevía a imaginar a Martina dando de latigazos, palmadas con paletas de madera y llevando a un oficinista al límite del placer con la ceromancia (gotear cera de vela caliente en el cuerpo desnudo) o usando los tenedores que enterraba, sin titubear, de pies a cabeza. Todo eso siempre iba acompañado de insultos y otras tantas de escupitajos.

Christian Grey encuentra sólo el placer en su cuarto sadomaso, o el llamado “cuarto rojo del dolor”, no hay otra forma de relación posible para él y siempre debe ser un “amo”. La sumisión de Anatasia comienza con un contrato por escrito. Un lado oscuro al que despierta y se convierte en una adicción. El Adonis Grey es un tipo que lleva su personalidad controladora de la cama a lo cotidiano y le dice a la protagonista qué comer, qué ponerse y cómo cuidarse. Y ella obedece al borde de lo pavloviano.

Pero lo que más llamó mi atención, fue que sus servicios también eran requeridos por parejas. Ellos por ejemplo, observaban mientras sus esposas o novias eran mortificadas por Martina a punta de bofetadas y latigazos que recorrían cada una de las zonas erógenas femeninas. Con ellas, era más cuidadosa y les enrojecía desde el pecho hasta la pelvis ante la actitud voyerista del hombre; otras veces, ocurría al revés. Las mujeres se excitaban al ver a sus maridos inmovilizados de pies y manos recibiendo de “la ama” bofetadas, spank y golpes con fustas. “No son mis víctimas, son mi perros falderos”, fue una de sus frases que me quedó grabada.

José Montero, dueño de la tienda Orgasmik cuenta que la locura por el “sado-maso” o el bondage no es ninguna novedad para él, ya que la compra de sus productos se disparó estos dos últimos años, y si en su tienda trabajaban dos personas en el 2010, ahora son doce dada la alta demanda. Explica que ya sea vía on line o in situ, son en su mayoría mujeres —de 30 a 40 años—, las que hurgan entre látigos, esposas de cuero, corsés de látex, collares unidos a esposas e inmovilizadores de pies y manos hechos de cadena y cuero. “Lo que antes se pensaba que era mercado tabú de gays, hoy es un mercado para parejas. Ellos nos encargan antifaces, amarras a la cama, amarras a la puerta, —esa por ejemplo se llama 'La puerta del placer'— donde la mujer queda inmovilizada en altura... Esas ya están agotadas. Otros productos favoritos de las parejas son las esposas-tobilleras, látigos y palmetas con un agujero en el medio con forma de corazón, para el spank, que luego de golpear el corazón queda marcado en la piel”, explica.

Y va más allá. Recuerda que él tanteó tímidamente el mercado con juguetes sadomasoquistas de acero; anillos genitales que emulaban castigos medievales y amarras de látex. Creyó que nadie los iba a comprar y de un día para otro, se quedó sin stock. “En Chile el mercado creció, nunca comparado con Estados Unidos, que es un mercado más fetichista, donde venden desde un consolador con forma de pie, a máscaras de gas y trajes de vinilo hasta la cabeza”, remata.

Hombres perversos

Christian Grey encuentra sólo el placer en su cuarto sadomaso, o el llamado “Cuarto rojo del dolor”, no hay otra forma de relación posible para él y siempre debe ser un “amo”. La sumisión de Anatasia comienza con un contrato por escrito. Un lado oscuro al que despierta y se convierte en una adicción. El Adonis Grey es un tipo que lleva su personalidad controladora de la cama a lo cotidiano y le dice a la protagonista qué comer, qué ponerse y cómo cuidarse. Y ella obedece al borde de lo pavloviano.

“La sociedad está llena de perversos que son seguidos, como líderes y gurús, la personalidad perversa genera atracción”, dispara el sexólogo Christian Thomas y acto seguido explica que no hay que confundir el término perversión con perversidad. “La perversidad es la rigidez para buscar el placer sólo a través de rituales y la perversión normal es permitirse la progresión de algunos actos en una relación como morder al otro o un coito más intenso de lo normal, el sexo oral y el uso de juguetes sexuales”, explica.

Para Thomas, el uso los juegos sexuales de pareja está mezclado con actos que llamamos normales o comunes y pueden ser la pimienta al sexo rutinario. “Lo que el libro o estos fenómenos desenmascaran, es que la sexualidad que llamamos normal, no lo es tanto y que se ha mantenido oculto tras una máscara que cuando se cae, revela que la sexualidad del ciudadano normal está llena de pequeños actos perversos”.

“No puedo moverme. Estoy desnuda y atada con grilletes, despatarrada en una enorme cama de cuatro postes. Se acerca a mí y me desliza la punta de la fusta desde la frente hasta la nariz, de manera que percibo el olor del cuero y luego sigue hasta mis labios entre abiertos que jadean. Me mete la punta en la boca y siento el sabor del cuero...”, dice otro pasaje.

La doctora Elena Sepúlveda, sexóloga clínica, dice que la virtud de “Cincuenta sombras de Grey” pasa por el alcance de escenas, un fenómenos similar al que ocurrió con la película “9 semanas y media”, y el efecto de el hielo y la venda en los ojos; aquello que tiene que ver con explorar un ámbito del sexo sensorial. “En ese sentido el libro relata muchas escenas donde las lectoras experimentan lo mismo que los personajes sin ponerlas en práctica. Te metes en olores, temperaturas y sensaciones del juego, te saca de la descripción de la mujer perfecta del porno y te sitúa en la exploración de las posibilidades del cuerpo (...) Hay mujeres que se aburren con lo mismo durante años, un juego de rol es recomendable. Aunque no soy fanática de los disfraces de las mujeres, porque son muy serviles, de una u otra manera en un espacio en que la mujer tiene el dominio del hombre puede ser interesante...”.

Ya en la década de los 90, un estudio había descubierto el “orgasmo mental” que incluía aumento de presión sanguínea y dilatación de pupilas, sólo dejando volar la imaginación con imágenes excitantes. Si bien este libro no es “La pianista” de Jelinek, a ratos entretiene. Es el placer literal al alcance de una hojeada. “Cincuenta sombras de Grey” es más bien la metáfora de cualquier pareja —donde siempre hay un perverso—, ¿o no? Esta es una novela de amor al fin y al cabo, pero como es sucia, es mejor.

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Envíada por Valentina Terra Polanco, Observatorio Niñez y Adolescencia | 16 enero, 2021

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