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¿En una pandemia es prescindible la cultura y las artes? 

por 28 marzo, 2020

¿En una pandemia es prescindible la cultura y las artes? 

"El triunfo de la muerte" de Pieter Brueghel el Viejo

Cuestionar la posición política de la mayoría de los artistas no puede ser un argumento, para rechazar el fondo de 15 mil millones que creó el Ministerio de las Cultura, pues si solo se revisa la breve historia de las artes en el mundo se puede observar que estas han emergido, mutado, crecido a ensayo y error, siendo críticas de sus propios entornos y tiempos, en tanto visión de mundo y época, sobre todo, y con fuerza creciente, desde las revoluciones técnico industriales. Hoy, en los propios términos democráticos, es una irresponsabilidad incorporar criminalmente a quienes trabajan en este rubro. Esto último es una débil reflexión inductiva. 
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Es interesantemente peligroso cada vez que en Chile personas, con relativa audiencia, opinan con propiedad “cuasi profesional” sobre el tema artístico. Esta semana que termina tuvo un grado de revuelo cuando desde el Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio se anunció un aporte al sector artístico y cultural por una suma cercana a los 15.000 millones de pesos. Quisiera enfocar la reflexión en relación a algunos balances generales desde un aspecto de cualidad fenomenológica y, por lo tanto, subjetiva del problema y otra estructural y, por lo tanto, cuantitativa del mismo.

No me sorprende que en Chile aún no se percaten de la importancia del resguardo de las artes que les corresponden a sus contextos más inmediatos, aun cuando se supone que, en su mayoría son lxs que valorizan la relación con la economía tradicional de la modelización matemática barroca; aun cuando las cifras indican -hace casi decenas de años- que la inversión del gasto público nunca ha llegado, siquiera, al 1% (el 2019 fue el 0,4%) y su respuesta en el PIB a llegado alrededor del 2%. O sea, aún, ni siquiera ven el negocio. 

Las opiniones, tanto en videos como en textos, que aparecieron en contra de la medida tienen puntos en común, o “mínimos comunes denominadores” (no quiero mencionar a estas personas, esta vez, para no darles más tribuna directa). Uno de los primeros es que son personas sobre ideologizadas y, por lo tanto, opinan a través de la propia formación que lxs contiene como dispositivos vinculadxs a la derecha más o menos dura. En este sentido, uno de los aspectos subjetivos del problema, que se enrostra  al rechazo de la medida económica, es relacionado con las cualidades de pertinencia de los y las gestoras, artistas, directorxs de museos, organizaciones culturales, industrias relacionadas al tema, etc. Aquí emergen esas apreciaciones en las que pareciera que son estudiosas/os en el tema, es decir, se presentan como juicios estéticos vinculados al valor de la producción en arte. Sin embargo, esto último está extremadamente alejado, en principio, de una posible refrescante actualización con respecto a las manifestaciones estéticas de un territorio o una época. Lo irónicamente delicado de estas opiniones es que se hacen con un tono de “propiedad absoluta” en el tipo de valor que se le puede asignar a una determinada expresión cultura y otra. Aunque no es comparable el nivel, si es análogo recordar la eliminación de obras de artistas en la segunda guerra mundial por parte del nazismo por ser consideradas vulgares y obscenas.

La sobre ideologización genera hijos e hijas de su propio contexto  de credibilidad subjetiva, por lo que no sería extraño ni difícil imaginar, en tanto mundo posible, a las personas que menciono en cualquier época opinando negativamente sobre las artes que desconocen. Mi hipótesis es que lxs mismxs individuos pueden calzar en distintas épocas y sus recursos estético intelectuales serían análogos a la posición de control que lxs sujeta con respecto a lo que darían por sentado en estas materias (y en muchas otras). Bueno, volviendo acá, lamentablemente en Chile, la gran mayoría de partidarios de derecha son ignorantes en temas de arte y cultura, sobre todo contemporánea (y lo menciono como lamentable para no ejercer mi posible propia carga ideológica inconsciente). 

Con respecto a algo más tangible, o al menos cuantificable, no me sorprende que en Chile aún no se percaten de la importancia del resguardo de las artes que les corresponden a sus contextos más inmediatos, aun cuando se supone que, en su mayoría son lxs que valorizan la relación con la economía tradicional de la modelización matemática barroca; aun cuando las cifras indican -hace casi decenas de años- que la inversión del gasto público nunca ha llegado, siquiera, al 1% (el 2019 fue el 0,4%) y su respuesta en el PIB a llegado alrededor del 2%. O sea, aún, ni siquiera ven el negocio. 

Al encontrarse tan ciegos y ciegas en estas materias no pueden alcanzar a ver de formas inmediatas y menos prospectivas la importancia de las artes y la cultura en su propia cultura (quizá no la sientan como propia). Cuestionar la posición política de la mayoría de lxs artistas no puede ser un argumento, pues si solo se revisa la breve historia de las artes en el mundo se puede observar que estas han emergido, mutado, crecido a ensayo y error, siendo críticas de sus propios entornos y tiempos, en tanto visión de mundo y época, sobre todo, y con fuerza creciente, desde las revoluciones técnico industriales. Hoy, en los propios términos democráticos, es una irresponsabilidad incorporar criminalmente a quienes trabajan en este rubro. Esto último es una débil reflexión inductiva. 

A pesar de no comulgar con el tema, Chile no tiene un mercado de arte (quizá uno muy frágil,  segmentado y diminuto), por lo que en un momento de crisis económica, debido a la pandemia, se debe hacer el mínimo esfuerzo para entender que un recurso (sacado de ahorros estatales) a un campo de importancia no está quitando recursos a otro de urgencia inmediata (los reparos que tengo con respecto a la administración actual de ellos merecen otra discusión). Si se piensa así, entonces se deberían quitar recursos a muchas instituciones que llevan años robando dineros fiscales y no escandalizarse cuando se intenta inyectar presupuestos (y eso que aún no sabemos de que manera se redistribuirán) a un área de la cultura tan denostada por tantas décadas.

Samuel Toro. Licenciado en Arte. Candidato a Doctor en Estudios Interdisciplinarios sobre Pensamiento, Cultura y Sociedad, UV.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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