martes, 26 de enero de 2021 Actualizado a las 22:41

Opinión: Responsabilidad Social Empresarial y buenas prácticas comerciales

por 20 noviembre, 2012

Opinión: Responsabilidad Social Empresarial y buenas prácticas comerciales
  • Compartir
  • Twittear
  • Compartir
  • Imprimir
  • Enviar por mail
  • Rectificar

Por Gabriel Corcuera, abogado y ex Asesor Jurídico y Secretario Ejecutivo de Comité Público Privado de la Pyme en Ministerio de Economía.

La responsabilidad social empresarial es una acción o conducta permanente de la empresa, de ajustar sus procedimientos y procesos productivos a normas éticas de respeto a la sociedad y al medio ambiente.

Es cierto que el objetivo de toda empresa es ser el medio de vida del empresario, es decir la empresa tiene por objeto el lucro. Pero ¿tiene algún límite ese afán de lucro?

Hemos presenciado durante largos años un actuar empresarial ajeno a toda consideración que limite la ganancia a toda costa, con su dañina consecuencia de concentración económica y gran empobrecimiento de las grandes mayorías. Basta ver los índices de remuneraciones para comprobar que es así.

La solución es compleja o múltiple.

Por una parte debería darse una legislación para asegurar mejores niveles de competencia, materia que ya ha sido abordada en Chile y se está trabajando para mejorarla.

Junto a lo anterior, algunos sostienen que debería limitarse el crecimiento de las empresas y de los giros que pueden emprender. Esta discusión está pendiente.

Sin perjuicio de las definiciones jurídicas que se adopten, existe un amplio campo de acción referido a normas de conducta de carácter ético, que se ha abordado tímidamente en Chile y que es el de la Responsabilidad Social Empresarial, entendida ésta no como actos de beneficencia hacia la comunidad, sino como una acción que forma parte de su actuar empresarial permanente.

No se trata de cuidar la imagen o reparar el daño causado, con algunos regalos  a los afectados por descuidos, sino que de lo contrario. Se trata de cuidar cada uno de sus procesos productivos y comerciales, para no producir daños a sus trabajadores, a la comunidad o al medio ambiente. No se trata de “indemnizar” a la comunidad con dádivas insignificantes, o de monopolizar un mercado mediante la destrucción o debilitamiento del competidor u obtener grandes ganancias por el abuso o expoliación de los proveedores y luego hacer generosas donaciones a instituciones de caridad, las que son profusamente publicitadas.

Las malas conductas son múltiples y no hay norma  jurídica alguna que pueda reprimirlas todas pues la imaginación humana, cuando no hay voluntad de actuar correctamente, no tiene límites. Bástenos recordar los abusos de retail y los reiterados debates sobre los cobros excesivos de las empresas de servicios y de las tarjetas de crédito no bancarias que, pese a las normas que se han dado, con el tiempo siempre van encontrando fórmulas para hacer cobros “extras” que no tienen justificación alguna.

En efecto, de lo que realmente  trata la Responsabilidad Social Empresarial, es de inculcar ciertos principios o valores para que la empresa sea un componente de la comunidad que, sin perjuicio de proporcionar una legítima ganancia al empresario, se vincule con la sociedad y el medio ambiente para desarrollarse en conjunto, teniendo en consideración el bien común.  Que la acción de una no sea en perjuicio de las demás, sino que la unión de todas las partes involucradas produzca los efectos sinérgicos que se dan en este tipo de trabajos mancomunados y que se distribuyan equitativamente los mayores beneficios.

Estos principios o valores o normas de conducta es lo que se ha dado en llamar un "Código de Buenas Prácticas" o "Decálogo del Comercio" o "Principios de Comercio Justo" u  otra denominación que exprese la idea de mejorar las relaciones de las personas que ejercen las actividades empresariales.

Está claro que no se trata de normas jurídicas, cuyo cumplimiento puede ser exigido por la fuerza o compulsivamente, sino que de normas a las que se adhiere voluntariamente y que la comunidad organizada castiga en caso de incumplimiento.

La solución, o el principio de ella al menos, está en sugerir normas de conductas basadas en valores que distingan el bien del mal, lo correcto de lo incorrecto.  Estas son las normas morales que, si bien es cierto que regulan la conducta libre de cada persona, no es menos cierto que el respeto a los valores que una sociedad tiene por aceptables, tienen como contrapartida la consideración social y el respeto hacia la persona que basa su actuar en buenas prácticas o su repudio en caso contrario.

El "Código de Buenas Prácticas" entonces, no es una norma jurídica, sino que un conjunto de principios que la sociedad ha estimado como justos, y cuyo cumplimiento queda entregado a la conciencia de cada cual y a la consideración social.

Ahora bien, queda pendiente determinar qué utilidad o beneficio reportará al empresario el cumplir con esas buenas prácticas, que no sea la ausencia de remordimiento.

No será fácil la tarea, pues pensamos que la única manera de imponer y hacer cumplir estas normas de conducta, será con la sociedad fuertemente organizada, que repudie las malas prácticas, para lo cual se debería crear un eficiente sistema de información.

En todo caso parece urgente buscar mecanismos para que el actuar ético también impere en las prácticas comerciales.

 

Más información sobre El Mostrador

Videos

Noticias

Blogs y Opinión

Columnas
Cartas al Director
Cartas al Director

Noticias del día

TV