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Alfredo Moreno, el Tom Hagen de los dueños de Penta

por 24 octubre, 2014

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No había nadie más ni mejor, en Empresas Penta, que pudiese encabezar un comité de crisis. Por la cercanía emocional, Carlos Alberto Délano y Carlos Eugenio Lavín, sus controladores, no podían mirar el problema y sus aristas con distancia. Y quedaron fuera de la instancia. Los gerentes del holding y de las filiales debían seguir a cargo de los negocios.

Alfredo Moreno Charme había llegado el 1 de julio a trabajar en jornada parcial, por algunas horas al día, al grupo dueño de un banco, una corredora, dos aseguradoras, una inmobiliaria, una administradora de fondos de inversión, un factoring, una compañía de capital de riesgo y el 28,8% de Banmédica, la mayor isapre del sistema.

Lo unía con ellos una amistad que nació en el plano laboral. Se conocieron en el directorio del Banco de Chile; Délano y Lavín eran los mayores accionistas, con un 16%, y Moreno representaba al Patronato Nacional de la Infancia, que tenía un patrimonio importante invertido en papeles del banco y lo había perdido en parte importante por la crisis del 83.

Moreno jugó varios roles: fue muy cercano al interventor Adolfo Rojas, logró que el Patronato contara con dos directores gracias a la recolección de poderes entre los accionistas minoritarios y fue el negociador en la venta de las acciones del pacto controlador –Penta, Consorcio, Juan Cúneo y Reinaldo Solari (Falabella)– al grupo Luksic.

La idea era que Moreno asumiera algunos directorios en Penta, reemplazando a distintos miembros, pero terminó sucediendo a Hugo Bravo en los sillones de Empresas Penta, Penta Seguros de Vida, Penta Security Seguros Generales, Empresas Banmédica, Penta Administradora de Fondos de Inversión, a raíz de sus “renuncias”, como lo informaron a la Superintendencia de Valores. La única filial en la que no lo reemplazó fue el Banco Penta, que designó a Fabio Valdés, porque Moreno enfrentaría un conflicto de interés.

Tuvo  la libertad de seguir o congelar su permanencia hasta que la crisis desatada por la denuncia del Servicio de Impuestos Internos (SII) en contra de Délano y Lavín por las boletas entregadas por sus cónyuges por trabajos no realizados que permitieron reducir en $400 millones la base imponible de Penta III y la arista del financiamiento irregular de campañas políticas, se resolviera. Así se lo plantearon Délano y Lavín. Dicen que Moreno quiso quedarse por la amistad que hace rato excede el plano de los negocios.

Las cosas se complicaron cuando Hugo Bravo –quien hasta 2010 fue gerente general de Empresas Penta y, luego, director de las filiales– entregó antecedentes al fiscal jefe de la Unidad de Delitos de Alta Complejidad de la zona Metropolitana Oriente, Carlos Gajardo, sobre la forma en que Penta apoyó económicamente a distintos candidatos fuera de la ley. Habría mencionado a Iván Moreira, Laurence Golborne, Ena von Baer, Pablo Zalaquett y Andrés Velasco.

Una semana antes que se hiciera pública esta arista –el 25 de septiembre la prensa informó de la existencia de boletas entregadas por el chofer de Moreira a Penta­–, Délano y Lavín recurrieron a los servicios de Imaginacción, la empresa de Enrique Correa, y a Extend, de las hermanas Marilú y Pilar Velasco, y se creó un comité de crisis para coordinar tres frentes: el legal, el comunicacional y el político.

Una vez por semana se reúnen –el día fijado es el miércoles, a  las 11:00, si no hay inconvenientes– en las oficinas del asesor legal histórico de Penta, Alfredo Alcaíno, en Vitacura, o en las del holding en El Bosque.

Concurren Moreno, Alcaíno, sus socios Marcelo Giovanazzi y Macarena Baraona, experta tributaria del estudio Alcaíno; por Extend, lo hacen Ana María Velasco y José Antonio López; por Imaginacción, Juan Carvajal, consultor senior de Asuntos Públicos y ex director de la Secom en el primer gobierno de Bachelet, además de Moisés Valenzuela, gerente de Asuntos Públicos, y, a veces, Enrique Correa. Y los abogados Julián López, defensor de Penta en el área penal, junto a Davor Harasic y su hijo Iván, todos socios del estudio Harasic & López. También, la periodista y socia de la agencia de comunicaciones Rumbo Cierto, Valentina Giacaman, a cargo desde hace años de la gestión de prensa de Penta. Hay quienes aseguran que Carlos Lavín Subercaseux, hijo del socio del mismo nombre y conductor del programa ‘Información Privilegiada’ en Radio Duna, participa en el comité, lo que no pudo ser confirmado a través de Penta.

Moreno realizó una ronda de visitas en distintos medios de comunicación para explicar que Penta no tiene papel alguno en el Fraude al FUT, que dio origen al caso a fines de 2012; que no pagó coimas a los funcionarios del SII formalizados; que en esa arista participó Hugo Bravo a través de sus sociedades (Santa Sarella y Challico) y que éste fue también quien diseñó la fórmula de pago para las campañas de los candidatos.

El hábil negociador

Reconocido como un hombre afable y dueño de una inteligencia excepcional, obtuvo en su momento el segundo mejor puntaje ponderado de la PAA, fue uno de los cinco mejores alumnos de Ingeniería Civil en la UC y cursó tres años de Ingeniería Comercial en paralelo. Es recordado el 7,4 que se sacó en una prueba de Precios I con el profesor Ernesto Fontaine. Algunos alumnos averiguaban con quién iba a tomar ramos en Comercial para no seguir sus pasos, ya que las notas eran con relativa y él subía la escala.

Trabajólico, sus gerentes en Telermercados Europa, la empresa de reparto a domicilio, que compró con pérdidas a Andrés Navarro (Sonda) y su hermano Mario, podían quemarse las pestañas hasta la madrugada. “A veces podían dar las 12 de la noche o más. A Alfredo le da lo mismo lo que vaya a demorar un trabajo. Es extremadamente exigente y tiene una inteligencia por sobre lo normal. Ve un balance y en 30 segundos se da cuenta dónde está el problema”, recordó alguna vez Antonio Bulnes, director ejecutivo de Telemercados entre 2000 y 2007.  Moreno vendió esta empresa a un fondo de inversión logrando una gran utilidad.

De familia DC por parte materna, fue jefe de acción social y candidato a presidente del centro de alumnos del San Ignacio por la centroizquierda en 1973, sin éxito. Su pensamiento cambió al ingresar a Ingeniería Civil, donde conoció un modelo económico que lo conquistó. En la elección de 1989, fue encargado de comunicaciones de la campaña de Hernán Büchi y viajó a Londres a entrevistarse con expertos para aplicar sus recetas.

Otro rasgo que se le destaca es su gran habilidad como negociador. Fue clave en la fusión de Sodimac, de la que era director, con Falabella, en 2003. Había que poner de acuerdo a los siete hermanos Del Río, dueños de la cadena de artículos la construcción, y a cinco ramas de la familia Solari, socias de Falabella.

Moreno representaba a los Del Río, pero debido al conflicto que se generó entre las Solari (María Teresa, María Luisa y Liliana) con Juan Cúneo y Reinaldo Solari, porque ellos querían comprarles acciones para equiparar sus participaciones, pero a un precio que ellas estimaron bajo, Moreno ofició de mediador. Logró llegar a un acuerdo, las partes quedaron satisfechas y la fusión se concretó.

“Tiene un talento enorme para entenderse con la gente, para convencer a cualquiera, sin ceder. Nunca se enoja, no es confrontacional. Es duro para negociar, trata de mantener sus puntos de vista, pero lo hace de una forma siempre atenta”, asegura el economista Bernardo Fontaine, quien negoció a nombre de Falabella junto a Sergio Cardone en el proceso de fusión.

Pocos años antes, hizo algo similar en el Banco de Chile, cuando los Luksic decidieron aumentar su presencia a través de una OPA. Representando al pacto controlador compuesto por Penta, Juan Cúneo y Reinaldo Solari (Falabella), Consorcio (Eduardo Fernández León, Juan Hurtado y Patricio Parodi), José Antonio Garcés (Andina) y Juan José Mac-Auliffe negoció con los Luksic. Tuvo de contraparte a Francisco Pérez Mackenna, gerente general de Quiñenco, y gran amigo suyo desde su paso por Ingeniería Comercial en la UC y la Universidad de Chicago, logró que los Luksic pagaran un valor muy superior al precio en la Bolsa. Él también se benefició: había comprado acciones del banco en el capitalismo popular y por su  1% recibió US$12 millones.

La operación tuvo un lado menos feliz. La SVS multó por uso de información privilegiada a Délano, Lavín, Fernández León, Garcés, Hurtado, Mac-Auliffe y Parodi, porque Andrónico Luksic le reveló a un director su intención de lanzar una OPA y ellos salieron a comprar papeles. Pagaron $50 por título y diez días después le vendieron a Luksic en $60.

Los multados reclamaron que buscaban defender su posición de controladores, pero la Corte Suprema sostuvo que pudieron lanzar una  OPA competitiva con la de Luksic, porque los que les vendieron acciones a $50 no conocían la intención de Luksic de subir su presencia en el banco.

Cuando salieron de la propiedad del Chile, Moreno, Délano, Lavín, Cúneo y Solari hicieron gestiones para comprar un banco, pero no fructificaron. Falabella creó su propio banco y Penta el suyo, en el que Moreno fue director desde el primer día hasta que asumió como Canciller.

Moreno y Délano coincidieron, además, en la Teletón. El primero fue presidente entre 2008 y 2010; el segundo, que entró en 1997, lo sucedió en el cargo cuando fue nombrado ministro de Relaciones Exteriores. Moreno volvió este año como director, pero Délano renunció el 3 de septiembre, a raíz de la denuncia del SII por las boletas de su cónyuge y la de Lavín.

Por su pasión por el rodeo trabó amistad con Agustín Edwards, quien lo nombró en el directorio de El Mercurio. Puso como condición no recibir pago para evitar cualquier conflicto de interés, a lo que Edwards accedió. Cuando dejó la Cancillería no retomó el cargo.

Moreno tiene uno de los cuatro criaderos de caballos chilenos más grandes del país: Las Palmas de Peñaflor, con más de un centenar de ejemplares. Es famoso el espectáculo de sus caballos y jinetes que, vestidos a la usanza de cada época, recorren la historia de Chile. Michelle Bachelet en su primer mandato y Sebastián Piñera exhibieron el número ecuestre frente a mandatarios extranjeros en Chile y a la reina Isabel en Inglaterra.

La calle versus la elite

Ha combinado sus negocios propios con los directorios. Conserva la Editorial Santiago, que imprime libros para diarios latinoamericanos, aunque su tamaño es mucho menor al de la época en que la fundó con su socio André Le Foulon. Antes de ser nombrado canciller ocupaba sillones en Falabella, Mall Plaza, Banco Penta, Dersa, Sodimac y Derco.

Hombre histórico de los Del Río, familia de origen DC, trabajó con ellos desde 1988; fue vicepresidente de la matriz y director de sus filiales. Al dejar el Edificio Carrera volvió a la mesa de Derco, la distribuidora de autos y maquinaria. También aceptó las invitaciones de Pedro Browne para participar en el directorio de la constructora Brotec, y de Libertad y Desarrollo para ser miembro del consejo que preside el ex ministro Carlos Cáceres.

La crisis de Penta ocupa actualmente buena parte de su tiempo. Hasta ahora, el balance no saca aplausos. “Se olvidaron de que las cosas no se manejan como antes. Contrataron a Extend e Imaginacción, cercanas a la Nueva Mayoría, para llegar al núcleo de Bachelet y generar un acuerdo desde la élite tipo MOP-Gate. Y les fue mal, porque se encontraron con un (Rodrigo) Peñailillo que no se deja pautear, porque no es parte de la vieja Concertación”, afirma un asesor comunicacional experto en manejo de crisis.

“Lo que está mandando es la calle, que ya tiene una opinión y observa que hay un vínculo directo entre la UDI y Penta por razones familiares (Ernesto Silva, el presidente del partido, es sobrino político de Carlos Alberto Délano)”, agrega el asesor, que apunta a que la estrategia debió ser otra. Una más agresiva, que mostrara públicamente que el problema del financiamiento irregular de campañas no es exclusivo de Penta ni de los candidatos de la UDI, sino de la mayoría de los partidos.

Concluye que, dada la cercanía de Imaginacción y Extend con la coalición gobernante, el comité de crisis quedó atado de manos: “No pueden lanzarse en contra de los partidos de la Nueva Mayoría”.

La Cancillería fue un paréntesis para este Chicago Boy, que devolvió la beca Odeplan trabajando para el Estado, en la Comisión Progresa, y que administró y liquidó los bienes del grupo Cruzat Larraín.

Su gestión como ministro estuvo marcada por un estilo ejecutivo y pragmático, lo que en sintonía con el Presidente Piñera, se tradujo en una política de “cuerdas separadas” frente al conflicto con Perú ante la Corte Internacional de La Haya. Se privilegiaron las inversiones chilenas en el vecino país y no se enviaron señales políticas como la de Bachelet en su primer mandato, que calificó a la demanda como un acto inamistoso. Hubo críticas a esta decisión, porque implicó confiar excesivamente en la tesis de la razón jurídica de Chile, dejando que Perú desarrollara un intenso lobby en círculos diplomáticos internacionales. La Corte reconoció la existencia de un tratado como planteó Chile, pero hizo una inflexión que costó 22 mil km2 de mar de la zona económica exclusiva, al no reconocer el límite en las 200 millas, sino en las 80 millas.

A pesar del optimismo de Moreno, quien declaró que se había puesto fin a todas las diferencias con Perú, el mismo día que se conoció el fallo la Cancillería del vecino país precisó que la Corte sólo se había pronunciado sobre la frontera marítima. Y se abrió el álgido debate sobre las 3,7 hectáreas del triángulo terrestre.

Moreno ha vuelto a lo suyo. A sus directorios, a manejar su patrimonio que supera los US$50 millones, como declaró cuando asumió como Canciller, y a dirigir una crisis. Quizás la peor y más sistémica que le haya tocado enfrentar y cuyo resultado es incierto.

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