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Los problemas de autoridad del ministro Arenas y el intenso despliegue mediático para apuntalar su liderazgo

por 24 noviembre, 2014

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Hace varias semanas, casi un mes, que ha sido pública y notoria la estrategia comunicacional que se despliega desde el Ministerio de Hacienda para reforzar el liderazgo político del jefe de la billetera fiscal, Alberto Arenas, cuyo capital político quedó mermado después de la reforma tributaria. Con la reforma laboral ad portas de ser enviada al Congreso, desde La Moneda se ha fortalecido el diálogo con el empresariado, con el ministro del Interior, Rodrigo Peñailillo, como interlocutor en las sombras con dicho sector.

Todos en el oficialismo –Nueva Mayoría y el gobierno–, reconocen que el ministro Arenas atraviesa un “complejo momento”, que su figura “es demasiado débil ante el empresariado”, que el problema es que “no tiene credibilidad en ese sector”, que “desconfían de él”, en resumen, que “no está empoderado” como todos sus antecesores en Hacienda. Dicen que hay varias razones para ello; la merma de su imagen durante la tramitación de la reforma tributaria, los errores en el debate del Mepco, las continuas correcciones a las proyecciones de la desaceleración económica engrosan la lista.

Para muestra un botón. La cena anual de la Sofofa, a principios de noviembre, estuvo lejos de ser una instancia tranquila, el timonel de la entidad, Hermann von Mühlenbrock, emplazó al gobierno con Bachelet sentada en la mesa de honor y advirtió que "nos preocupa el creciente clima antiempresarial que se ha venido desarrollando en el país (…) estamos conscientes de que Chile requiere enfrentar con madurez y realismo la necesidad de cambios que contribuyan a sumar a todos los chilenos al carro del progreso. Para hacerlo, creemos que Chile requiere avanzar a través de un proceso de perfeccionamiento continuo y no por la vía de la reingeniería". La Mandataria tuvo que salir a defender su programa, sus reformas y dar señales de calma al sector: "¿Quién puede dudar que los cambios que estamos impulsando vayan en el sentido de un desarrollo integral, duradero, sustentable, que nos inserte en el contexto de la sociedad del conocimiento y en un marco de respeto y bienestar para todos los ciudadanos? (…) Los países modernos lo saben bien, y ustedes también, en sociedades dinámicas como la nuestra, saber hacer los cambios bien y a tiempo da más confiabilidad que permanecer inmóviles”.

En el oficialismo se reconoce que la resistencia del empresariado hacia Arenas pasa por un evidente cambio de eje de poder en el Ministerio de Hacienda, ya que, a diferencia de sus antecesores, la toma de decisiones no está en Teatinos 120, sino que en La Moneda. En castellano, explican que siempre el jefe de la billetera fiscal ponía coto a los Mandatarios de lo que se podía o no hacer, claro ejemplo es, en su primer gobierno, el de Michelle Bachelet y Andrés Velasco, quien en dicho cargo puso freno a que se concretara el postnatal de seis meses y se eliminara el 7% de salud a los jubilados, pero Arenas funciona al revés, tiene todo el apoyo de la Presidenta, pero resuelve sobre la base de lo que ella quiere hacer y cuándo.

Precisamente por contar con esa confianza férrea de la Mandataria –él y el ministro Peñailillo son los dos hombres de real confianza de Bachelet– es que en la Nueva Mayoría y el gobierno coinciden en que, en el cambio de gabinete que debe hacer la Presidenta, puede salir cualquiera del gobierno, menos tres secretarios de Estado que son inamovibles: Arenas, Peñaillillo y el ministro de Educación, Nicolás Eyzaguirre.

“La Presidenta jamás va a dejar caer a Arenas”, recalcan en el oficialismo, razón por la que desde el gobierno confiesan que el objetivo de las últimas semanas es precisamente “tratar de construirle una solvencia política” al ministro de Hacienda, para mejorar su relación con el empresariado. Es una estrategia necesaria, reconocen en Teatinos 120, porque efectivamente en un escenario de desaceleración económica es impensado remover al ministro de Hacienda, la señal sería fatal, y es demasiado complejo que lidere el proceso de reactivación si el mundo empresarial no le cree y desconfía.

Los hitos de la estrategia  

La tarea de levantar el liderazgo político y su imagen de poder en el gobierno está –explican en el oficialismo–  estrechamente unida a la reforma laboral y a una seguidilla de señales públicas que se han tratado de dar desde Hacienda, para mostrar a Arenas como el responsable de llevar las riendas del tema, haciendo trascender que su intervención ha sido clave para morigerar los temas más complejos de dicha agenda.

“Hay un claro intento por mostrar un ascendiente hacia su público objetivo, el empresariado”, precisaron en la Nueva Mayoría. Dicen que un episodio es clave y marcó el hito de esta estrategia de perfilamiento: el 29 de octubre, la ministra del Trabajo, Javiera Blanco, participó en un seminario de la Universidad Adolfo Ibáñez (UAI), donde esbozó las líneas generales de la reforma laboral y luego, en La Segunda, apareció una nota donde se aseguraba que el gobierno había “suavizado” la agenda laboral.

Desde el Ministerio del Trabajo y en la Nueva Mayoría aseguraron que esa lectura se digitó desde Hacienda, porque la supuesta morigeración de la reforma laboral es artificial, fue argumentada sobre la base de temas que nunca estuvieron contemplados –la negociación colectiva interempresas y el fin de la indemnización por años de servicio– como parte del contenido. “Ese episodio demostró lo desesperado que está Arenas”, recalcó una fuente del Congreso.

Luego vino el 9 de noviembre una entrevista en 'Reportajes' de La Tercera, que tenía una característica: el eje no eran los temas propios de la cartera de Hacienda, sino que el ministro hacía gala de un perfil mucho más político. “El gobierno ya está instalado y en varios temas salimos de la etapa de diseño y pasamos a la implementación. Entonces, el llamado de la Presidenta a trabajar más implica que sigamos con el diseño de algunas políticas, pero que pongamos en el centro la implementación de todos aquellos proyectos de ley ya aprobados y de las medidas que hemos estado anunciando”, dijo Arenas, sacando punta al lugar que ocupa en el seno del comité político de Palacio.

“En el Comité Político somos uno y lo hemos dicho muchas veces. Tenemos un trabajo coordinado los cuatro ministros que lo integramos que responden no sólo a implementar el programa, sino también a la cohesión política de estar trabajando para la Presidenta Bachelet”, precisó, casi en un tono de jefe de gabinete y después agregó que “nos piden mayor eficiencia en la relación de trabajo del Ejecutivo con el Legislativo y con los partidos políticos de la Nueva Mayoría para avanzar en la implementación de nuestro programa de gobierno (…) también hay que decir con claridad que en aquellos aspectos donde necesitamos realizar una mayor reflexión, donde necesitamos escucharnos más, tenemos que buscar cómo nos acercamos”.

También hubo un guiño al empresariado. “Todas las señales que estamos dando evidencian que estamos absolutamente convencidos de que el motor del crecimiento en Chile es la inversión privada. Hay algunos empresarios bastante más críticos que el promedio, pero me atrevería a afirmar que la gran mayoría del sector empresarial y los emprendedores están por aportar al crecimiento”, dijo.

Al día siguiente, el lunes 10 de noviembr,e hubo otro hecho no menor y que claramente, así se reconoció, se enmarca en la estrategia de reforzar al ministro de Hacienda. Ese lunes la directiva del PS liderada por el timonel Osvaldo Andrade, se reunió con la Confederación de la Producción y el Comercio (CPC), encabezada por Juan Andrés Santa Cruz, quien llegó hasta la sede de calle París. En la cita se analizó la reforma laboral y el clima de relaciones del gobierno con el empresariado, fue una conversación de más de dos horas, a puertas cerradas y dicen que hubo un diálogo “franco y sincero”.

Arenas es socialista, de cepa, es “el negro” en el partido y en calle París reconocieron que, siendo éste un militante de la colectividad, es lógico que sus dirigentes lo ayuden. Es más, el propio ministro después monitoreó personalmente el resultado de la cita y los temas tratados.

Un último hecho que consignar: el jueves 20 de noviembre, Canal 13 publicó una nota en su portal web en la que se aseguraba que “Arenas tiene en sus manos la agenda laboral”, que él es quien está recogiendo opiniones de otras autoridades y que él “monopolizará” dicha agenda las próximas semanas, y se agregaba que en este tema lo están ayudando los miembros de su equipo: Fidel Miranda, coordinador de políticas sociales, Julio Valladares, asesor del ministro, y Enrique París, coordinador general de modernización del Estado.

De estos nombres, cabe destacar que casualmente en la Nueva Mayoría y el gobierno todas las miradas apuntan a que Valladares es el hombre clave que craneó y ha puesto en marcha esta estrategia de reposicionamiento del ministro.

En la Nueva Mayoría y en el gobierno, incluido el Ministerio del Trabajo, fue visto y entendido como “una acción grotesca de Relaciones Públicas”, que no responde a la realidad, que Blanco –recalcaron– sigue desplegando reuniones técnicas con todos los posibles actores de la reforma, con Axesma y su líder Roberto Fantuzzi, que el proyecto ya está redactado, que se ha tratado de “hacer un gallito de poder que no es tal”, que no existe conflicto con los contenidos de la reforma, que se va a cumplir con los 9 puntos comprometidos en el programa de gobierno y que lo que sucede es que solo hay intentos por afianzar poder en el seno del gabinete y dar señales a públicos objetivos, como los empresarios.

Explican que el tema ha generado cierta tensión y molestia entre Hacienda y Trabajo, “manotazos” que no son señales convenientes, aunque el tema está muy lejos de ser un conflicto real y de proporciones como el que hubo, en el primer gobierno de Bachelet, entre Velasco y Andrade, instalados en esas carteras y enfrentados por la reforma laboral.

Sí se reconoce una cosa: ya no se habla en público de la reforma laboral, ahora se llama agenda, suena menos duro, un ajuste semántico –explicaron en el oficialismo– que se ajusta mejor a las expectativas de lo que efectivamente se puede hacer en esta área durante este gobierno.

En las sombras       

Hay un tercer actor en todo este cuadro, Peñailillo, que está jugando un papel no menor para repotenciar al ministro de Hacienda. Está ejerciendo como “interlocutor con el empresariado estas semanas”, aunque desde las sombras. En La Moneda confirman que el ministro del Interior efectivamente ha tenido una serie de contactos con el mundo empresarial, que la mayoría son fuera de Palacio y advierten que él es reacio a comentar tanto con quién se junta como el contenido de esas conversaciones.

Dichas gestiones también son confirmadas por varios en la Nueva Mayoría y explican que el objetivo de esa interlocución reservada es generar un entendimiento con el empresariado y pavimentar una mejor relación de éstos con Arenas, porque hasta ahora, explicaron, estos sienten que “aunque hablen con el ministro de Hacienda no sacan nada” y eso es lo que se necesita revertir.

Las fichas de Arenas y Peñailillo apuntan al mismo objetivo. Sin embargo, alguno ya advierten que esa apuesta puede transformarse en un arma de doble filo y un error político.

Sabido es que la reforma laboral es casi el único tema programático donde la Nueva Mayoría tiene una sola voz, desde la DC hasta el PC, una cohesión interna que La Moneda no está en condiciones de desperdiciar en estos momentos, pero que además puede volverse en su contra, especialmente para Arenas. “El ministro de Hacienda ya hizo tragarse obligadamente a muchos parlamentarios estrechamente vinculados con el tema laboral el acuerdo de la reforma tributaria y es un error que se arrogue públicamente la capacidad de alinear al mundo de los trabajadores”, recalcó una fuente del Congreso.

En Palacio aseguran que nada está zanjado realmente y el peligro de tener a la CUT en contra no es menor, la división en el Colegio de Profesores ha sido una señal de alerta, es un antecedente –recalcan– a considerar por La Moneda. Una decisión nada fácil, porque en la práctica –afirman con sorna– Arenas “ha hecho lo imposible, lo que nadie había hecho: tiene al mismo tiempo a la CUT y al empresariado en su contra”.

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