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El Desafío a la Productividad

por 6 noviembre, 2012

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Por Rodrigo Vergara, presidente del Banco Central de Chile. Noviembre de 2012.

Introducción

Quiero agradecer la invitación a exponer en este seminario organizado por la Sofofa y la Universidad del Desarrollo. Siempre es bueno aprovechar instancias como esta para presentar nuestra visión sobre la economía chilena y los desafíos que tenemos por delante. Especialmente en el momento actual, en que observamos señales contradictorias entre la situación internacional que permanece difícil y una economía interna que continúa sólida y dinámica.

El mundo atraviesa por un escenario complejo como consecuencia del legado de la crisis financiera, y esta situación nos seguirá acompañando por un largo tiempo. La economía chilena ha logrado mantener su dinamismo y crece con fuerza, compensando los efectos de la crisis en Europa gracias a condiciones de términos de intercambio y acceso al financiamiento externo relativamente favorables y al empuje de la demanda interna. Sin embargo, somos una economía pequeña y abierta al resto del mundo, por lo que sería ilusorio pensar que podemos aislarnos de lo que ocurre fuera de nuestras fronteras. De hecho, aunque en menor magnitud que lo esperado, los alcances de la crisis externa están quedando de manifiesto, por ejemplo, con las menores exportaciones a zonas en crisis como Europa. Sería poco prudente pensar que, tras las medidas tomadas recientemente por las autoridades de los países desarrollados, los riesgos en el frente externo han menguado significativamente, y es por eso que los reiteramos constantemente en nuestras presentaciones como lo estoy haciendo acá hoy.

Por otra parte, enfrentamos nuestros propios desafíos internos. Están los de de corto plazo, relacionados con el ciclo económico, y también otros más relevantes, de mediano y largo plazo, que tienen relación con nuestro desarrollo económico y social. Hemos sido exitosos y hemos logrado cosas importantes en las últimas décadas en materia de solidez macroeconómica y en términos del bienestar de nuestra población, pero aún falta bastante y debemos seguir perseverando en pos del desarrollo. El Banco Central se identifica tradicionalmente con la coyuntura y con el ciclo económico, porque es el horizonte en que opera la política monetaria. No obstante, para nosotros es importante tener una mirada de largo plazo sobre la economía chilena, porque esto nos da un contexto para interpretar las situaciones coyunturales y orientar nuestras decisiones.

En mi exposición revisaré algunos de los desafíos que tenemos en materia de productividad para lograr mantener tasas de crecimiento elevadas en el tiempo. Partiré con una descripción de lo que hemos hecho en los últimos veinticinco años para luego concentrarme en algunos de los elementos claves que nos permitirán seguir creciendo sostenidamente. No pretendo ser exhaustivo en la enumeración y análisis de estos elementos (ello daría para una presentación bastante más larga), sino solo destacar algunos desafíos que aparecen frecuentemente en nuestros análisis. Tampoco excluiré por completo el análisis más coyuntural, solo quiero manifestar que en esta presentación los temas de más largo plazo tendrán una dedicación especial.

Veinticinco años de historia económica

En los últimos veinticinco años la economía chilena ha tenido un progreso significativo. En ese lapso, el producto creció a una tasa promedio anual de 5,6%, el PIB per cápita aumentó 2,7 veces respecto de su nivel de 1986 y los niveles de pobreza se han reducido sustancialmente (gráfico 1).

La comparación de nuestro desarrollo también es muy favorable cuando nos miramos respecto del resto de América Latina. Ajustado por paridad del poder de compra, el PIB per cápita chileno ha aumentado 5,2 veces desde 1986, superando el desempeño de todos los países de la región (gráfico 2).

Estos resultados han sido fruto de un conjunto de políticas económicas y sociales y, por cierto, del esfuerzo de todos los chilenos. En el ámbito macroeconómico, Chile ha basado su desarrollo en varios pilares. Primero, una política fiscal seria, predecible y responsable. Los excedentes del cobre se empezaron a ahorrar a mediados de los años 80 con el llamado Fondo de Compensación del Cobre y a partir del año 2000, con una regla estructural que guía el gasto y lleva a ahorrar en períodos de bonanza para utilizarlos en períodos de debilidad. Debe destacarse que el fisco chileno tiene hoy una deuda bruta de solo 10% del PIB y una deuda neta negativa al incorporar los recursos acumulados en los fondos soberanos y en otros instrumentos. Esta posición fiscal es destacable en el mundo de hoy donde gran parte de las economías desarrolladas están con niveles de deuda particularmente elevados, que, de hecho, son parte de su actual crisis (gráfico 3). Segundo, una política monetaria basada en una meta de inflación, con un Banco Central autónomo que tiene un claro mandato respecto de la estabilidad de precios. Tercero, una política cambiaria basada en la flotación del tipo de cambio. Esta flotación, adoptada en 1999, es clave para acomodar los diferentes shocks que enfrenta 3

una economía como la chilena. Ya vimos en el pasado que los tipos de cambio fijos o semi fijos produjeron problemas importantes a nuestra economía. Cuarto, una sólida regulación y supervisión de sistema financiero. Por último, se agrega una creciente apertura comercial y financiera de la economía, la que ha permitido el ingreso a un amplio número de mercados y ha expandido las posibilidades de negocios para el país.

Los resultados favorables de este esquema son evidentes. Como ya mencioné, en los últimos veinticinco años el PIB promedió un crecimiento anual de 5,4%, que se compara con el aumento promedio de 2,5% en los veinticinco años previos. El PIB per cápita de 2011 equivalió a 2,7 veces el de 1986, mientras que para 1970 el PIB per cápita equivalía a 1,6 veces el de 1940. La inflación ha promediado 3,3% anual en este siglo, lo que se compara con el casi 32% que promedió entre 1950 y 1970.

Los avances que les mencioné no han pasado desapercibidos para el resto del mundo. Estos logros motivaron, por ejemplo, que hace unos años fuéramos invitados a formar parte del selecto grupo de economías miembro de la OECD, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico. Además, varios rankings internacionales elaborados por prestigiosas instituciones también dan cuenta de los avances que hemos tenido en los últimos 25 años en distintas materias. En aspectos como la competitividad, la libertad económica o el desempeño macroeconómico nos ubicamos dentro de las mejores economías emergentes e incluso, en otros, superamos a algunas economías avanzadas (gráfico 4).

Todas estas cifras hablan del éxito que hemos tenido como país en pos de alcanzar un desarrollo que permita una mejor calidad de vida para todos. Sin embargo, todavía nos queda un largo trecho para llegar al desarrollo. Más aún, el tramo que nos queda es difícil porque requiere un especial esfuerzo adicional. Requiere mantener lo bueno que hemos hecho, pero a la vez adaptarnos con las modificaciones necesarias a la nueva realidad que vivimos como país de ingreso per cápita cada vez más alto y, además, adaptarnos a una siempre cambiante realidad internacional. No son pocos los ejemplos de países que han tenido oportunidades históricas como las que tenemos hoy en Chile y que la han desaprovechado. Pero también hay casos exitosos, que son los que debemos seguir (recomiendo leer el libro de Acemoglu y Robinson “Why Nations Fail?”). En todo caso debemos tener claro que de nosotros y solo de nosotros depende aprovechar esta oportunidad. Permítanme a 4

continuación hacer algunas reflexiones de parte de los desafíos que tenemos en materia de competitividad.

Desafíos en materia de competitividad

Chile se ubica hoy en un lugar privilegiado de América Latina. Los niveles de desarrollo social y económico son muy superiores a los de varios países de la región. Pero esto no nos puede hacer caer en el conformismo. Cuando nos comparamos con economías desarrolladas, nos damos cuenta de que a nuestro país aún le falta bastante camino por recorrer para lograr un mejor nivel de desarrollo. El ingreso per cápita aún está por debajo del promedio de los países de la OECD, nuestros índices de pobreza siguen por sobre los de esos países, y aún tenemos importantes desafíos en materia de distribución del ingreso e igualdad de oportunidades (gráfico 5). A esto, debemos sumar elementos como una calidad de la educación que aparece en niveles persistentemente bajos cada vez que se la mide en rankings de competitividad y que, por cierto, está relacionado también con la distribución del ingreso. De ahí la importancia de los esfuerzos que se están haciendo sobre esta materia. Temas como los niveles de inversión en investigación y desarrollo y los procedimientos para iniciar un negocio también aparecen con espacios para mejoras en los rankings internacionales, aunque respecto de esto último, en los últimos años ha habido avances importantes en el número de días necesarios para hacerlo.

La pregunta fundamental es ¿qué podemos hacer para no detener el avance que hemos sostenido en las últimas décadas? Como ya mencioné hace unos momentos, en la medida que más éxito se tiene, más difícil es seguir avanzando: la vieja idea de los rendimientos marginales decrecientes. Creo que un área fundamental en la que debemos enfocar nuestros esfuerzos es continuar mejorando la competitividad de nuestra economía.

¿Cómo logramos esto? Hay varias cosas que aportan. Lo primero, y por cierto fundamental, es la propia fuerza innovadora y productiva de nuestra economía. El crecimiento de Chile en los últimos veinticinco años ha sido acompañado de un cambio relevante en un nuestra estructura productiva y exportadora. En términos nominales, la participación de la minería en las exportaciones sigue siendo muy relevante y, de hecho esta ha aumentado en los últimos años producto del alto precio del cobre. Sin embargo, las exportaciones industriales han elevado su relevancia desde cifras por debajo de 10% del total de los envíos al exterior en los sesenta a valores del orden de 5

30% o más en los últimos años (gráfico 6). Esto, ha permitido no solo un crecimiento significativo de empresas que se dedican a la exportación sino que también del número de productos que se exportan desde Chile. Como referencia, en 1990 el número de productos que se exportaban rondaba los 2.800. En 2011 esa cifra superó levemente los 5 mil.

Por otra parte, la crisis económica en las economías desarrolladas ha tenido un efecto acotado en las exportaciones chilenas principalmente por la diversificación de productos y mercados a los que hoy accedemos. En los sesenta, el 90% de las exportaciones nacionales iban a Europa y Estados Unidos; en el año 2011 esta proporción se redujo a 30% y aumentó significativamente la diversificación hacia otras economías, principalmente China (gráfico 7). Así, el número de países al que se exporta aumentó de modo importante, pasando de 109 en 1990 a 192 en 2011.

Lo anterior deja en evidencia que para seguir teniendo éxito es necesario continuar con el proceso de diversificación tanto de productos como de mercados. Seguir diversificando nuestra canasta exportadora y ampliando los mercados de destino requiere creatividad e innovación para adaptarse a las nuevas demandas y a los requerimientos especiales de nuevos mercados.

Otro tema relevante relacionado con competitividad dice relación con el tipo de cambio real. Tal como lo dijimos en el Informe de Política Monetaria de septiembre, el tipo de cambio real se encuentra en la parte baja de los valores coherentes con sus fundamentos de largo plazo. Recordemos que la política del Banco Central es de flexibilidad cambiaria, pero nos reservamos el derecho a intervenir cuando las condiciones así lo ameritan. Dichas condiciones tienen relación con la acumulación de reservas (lo que en el escenario de hoy aparece como menos evidente) y con el desalineamiento del tipo de cambio real respecto de sus fundamentos, lo que es materia de evaluación periódica.

Es importante buscar caminos que nos permitan seguir incrementando nuestra competitividad y acceder a más mercados y con mejores condiciones para nuestros exportadores. Aquí, me detendré en algunos puntos.

Un primer punto que quiero mencionar en el ámbito de la mejoras de la competitividad es el de los costos energéticos. Este ha sido un tema muy debatido y con aristas en distintos sentidos. Una dimensión del asunto es que, de acuerdo con los datos de la OECD, medido en dólares y ajustado por 6

paridad del poder de compra, el costo de la energía eléctrica industrial aumentó en Chile en 35% entre los años 2003 y 2011. Más importante aún es que, comparado con el resto de los países de este grupo, dicho costo pasó de ser 6% inferior a la mediana en 2004 a ser 35% superior en 2011. En cambio, el precio de la gasolina no muestra diferencias sustantivas (gráfico 8).

La evolución del costo de la energía eléctrica hace altamente necesario que se avance en el desarrollo de una matriz energética equilibrada, que reduzca los costos en este ámbito y que permita a las empresas chilenas ser más competitivas. No es materia directa de nuestra competencia, pero hacemos un llamado a quienes tienen responsabilidades en esta área a tomar las iniciativas y el liderazgo que corresponda para evitar que se sigan demorando las necesarias inversiones que deben hacerse en este sector.

Un segundo tema es el costo de la mano de obra. En los últimos trimestres, hemos visto un estrechamiento importante del mercado laboral. El desempleo se ha mantenido en niveles bajos y los salarios nominales crecen a tasas anuales del orden de 6 a 7%, crecimiento que tiene relación con los aumentos de productividad que les mencioné hace unos momentos y con la mayor demanda de mano de obra que se ha observado. Los antecedentes que recibimos desde diversos sectores productivos, tanto en Santiago como en regiones, dan cuenta de que la dificultad para contratar trabajadores se ha mantenido, e incluso, se ha incrementado de forma importante en ciertos sectores y regiones del país, llevando a aumentos relevantes de los salarios. Esto resalta especialmente en el norte del país y en áreas como la minería, la construcción y la agricultura. Además, de acuerdo con estos antecedentes, el fenómeno se ha ido trasladando hacia el sur, aunque aún circunscrito a actividades y oficios específicos.

Ciertamente, es muy positivo que los niveles de ingresos de los trabajadores aumenten y en la medida que a la economía como un todo le va bien, eso debe reflejarse en un aumento del empleo y los salarios. Un aspecto importante en el que nuestra economía debe continuar avanzando es en la incorporación de la mujer a la fuerza laboral. Hemos visto incrementos relevantes, pero aún no hemos llegado a niveles de participación comparables con los de las economías desarrolladas. Entre mediados de los noventa y el 2011, el porcentaje de mujeres que formaba parte de la fuerza laboral pasó desde algo menos de 40 a 56%. En los países miembros de la OECD, esta participación es de 64%, mientras que en los principales países desarrollados llega a casi 70%. Sin duda que todas las iniciativas que faciliten el acceso de las mujeres al 7

trabajo son bienvenidas y se debe seguir perseverando para que más de ellas se unan a la fuerza laboral. Lo mismo para la mantención e incorporación en la fuerza laboral de la tercera edad y los jóvenes.

Otro elemento muy significativo es el referido a las habilidades de nuestra fuerza laboral, en particular en lo que dice relación con su educación. Ciertamente, este ha sido un tema país en los últimos años, pues hay justificadas demandas por mejoras en este ámbito. Es importante lograr un sistema educacional de calidad, que premie las capacidades y agregue valor significativo a todos sus participantes. En este sentido son bienvenidas las iniciativas que van en esa dirección. En la medida que tengamos una fuerza laboral más y mejor capacitada e idónea nuestro camino al desarrollo será más expedito.

Mejorar la infraestructura también es parte de la tarea de la competitividad. Aunque ha habido avances importantes en esta materia, todavía hay sectores que presentan desventajas competitivas relevantes en relación a otros países, debido a infraestructura inadecuada que encarece costos como los de transporte, que de por sí ya son mayores producto de nuestra realidad geográfica.

Permítanme ahora analizar brevemente la coyuntura.

Evolución reciente de la economía chilena

Nuestras proyecciones de crecimiento se han corregido al alza durante el último año, y pasamos de esperar un crecimiento para el 2012 entre 4 y 5% en septiembre de año pasado, a proyectar uno entre 4,75 y 5,25% en nuestro último Informe de Política Monetaria. Los últimos antecedentes hacen prever que podríamos estar en la parte alta de dicho rango. Pero, tal como lo hemos repetido constantemente, los riesgos del escenario internacional son muy elevados.

En las últimas semanas han ocurrido avances importantes que parecen establecer una hoja de ruta para solucionar los problemas fundamentales que enfrenta la Eurozona y que, además, dejan de manifiesto una mayor claridad y voluntad política para actuar que hace unos meses. Las intenciones de avanzar hacia una unión bancaria y fiscal en la región ciertamente son clave para una solución definitiva. Asimismo, la aprobación del ESM y el anuncio del programa OMT ayudan a aliviar las tensiones en los mercados financieros. 8

Sin duda, el camino que debe seguir la Eurozona estará lleno de obstáculos, con negociaciones políticas e institucionales que generan conflictos y fricciones, más aún considerando las crecientes tensiones sociales que el debilitado panorama de crecimiento provoca. De este modo, no es posible descartar que las turbulencias en los mercados financieros resurjan con mayor intensidad en lo venidero.

La discusión fiscal que debe hacer Estados Unidos también es materia de preocupación y puede asimismo ser el origen de nuevas tensiones en los mercados financieros. La serie de subsidios y rebajas tributarias temporales en esa economía están llegando a su fin y la falta de un acuerdo para evitar que el denominado fiscal cliff se gatille puede traducirse en un ajuste fiscal de magnitud importante. Estimaciones privadas apuntan a que, de no haber acuerdo el crecimiento del PIB de 2013 podría reducirse en torno a 2 puntos porcentuales por ese solo efecto. Se suma a ello que también pronto deberán enfrentar nuevamente la discusión sobre el límite de la deuda pública que se alcanzaría a principios de 2013.

La evolución del crecimiento de las economías emergentes también merece especial atención, pues son ellas las que han permitido mantener una tasa de crecimiento mundial que no difiere en demasía de su promedio de los últimos 20 años. Así, para el 2012 el FMI estima un crecimiento mundial de 3,3% que se compara con el promedio de 3,5% en los 20 años anteriores. Las señales de desaceleración que habíamos venido observando en China requieren de un monitoreo más detenido por los efectos que una desaceleración de esa economía puede tener no solo en el dinamismo del crecimiento global, sino también sobre el precio de las materias primas, y en especial, el cobre. No obstante, las noticias más recientes dan cuenta de que la desaceleración de algunas economías emergentes relevantes como China y Brasil podrían estar entrando en un punto de quiebre.

El panorama en Chile contrasta con lo que se observa en el resto del mundo. Los efectos del debilitado escenario externo han sido tenues y la economía sigue mostrando un sólido desempeño, con un crecimiento de la actividad en torno a las tasas de tendencia. No obstante, ha destacado el dinamismo de la demanda interna, cuyas proyecciones de crecimiento superan las del PIB tanto para el 2012 como el 2013. Así entonces, nuestras estimaciones apuntan a que el déficit en cuenta corriente se ampliará el próximo año desde algo más de 3% a algo sobre 4% del PIB. Sin embargo, si el dinamismo de la demanda interna se mantiene —y de hecho, los indicadores más recientes del consumo 9

apuntan a una mayor fortaleza de este— podríamos estar generando factores de vulnerabilidad para nuestra economía que pueden requerir ajustes difíciles más adelante, particularmente considerando el complejo escenario internacional.

De allí, la importancia de que mantengamos un gasto moderado y seamos plenamente conscientes de los riesgos que enfrentamos. Un gasto que no se modera lleva a mayores déficits, los que son posibles de financiar en la medida que las condiciones se mantengan favorables. Pero, ¿qué sucedería si el precio del cobre tiene caídas marcadas? ¿o si se produce un deterioro abrupto de las condiciones financieras externas? Ciertamente, ello se transmitiría con rapidez a los mercados internos. Así lo hemos visto en el pasado, aun con un sistema financiero chileno que tiene una solidez importante. En un escenario de este tipo, los costos de mantener deudas crecen, los ingresos de las familias se resienten y también su riqueza. En la medida que el déficit en cuenta corriente sea mayor, o más persistente, la posibilidad de que un deterioro del escenario externo se transmita con más fuerza a las condiciones internas también crece.

La moderación en el gasto es tarea de todos. Del sector privado, a través de decisiones que evalúen en forma prudente sus perspectivas de ingresos futuras y las obligaciones de deuda que están asumiendo, con un manejo adecuado de los riesgos y sobre la base de supuestos reales y no demasiado optimistas, basados en la bonanza de los últimos años. Del sector público, en la construcción de un presupuesto equilibrado y que permita cubrir las necesidades y anhelos de la población, pero sin descuidar que parte del éxito que hemos tenido como país se basa en una política fiscal que ha sido y debe seguir siendo seria y responsable. En este sentido, valoramos el logro del objetivo de déficit estructural de 1% un año antes de lo previsto. De parte de los encargados de la supervisión financiera, en mantener un monitoreo cercano que permita tomar acciones para evitar la incubación de desequilibrios peligrosos. En el caso del Banco Central, con una política monetaria que ha sido prudente y debe seguir siéndolo, que ha manejado los riesgos del escenario externo actual, pero que además se enfrenta a los riesgos de mediano plazo que el estado de la economía chilena impone sobre la inflación. También, con una revisión constante de aspectos regulatorios que permitan un mejor manejo de los riesgos por parte del sector financiero y privado. Así, en la medida que se verifique un aumento en dichos riesgos, es dable pensar en medidas prudenciales para mitigarlos.10

Finalmente, no puedo dejar de referirme a la evolución de los precios. La inflación anual del IPC y la medida de inflación subyacente que excluye los alimentos y la energía, IPCSAE, se mantienen bajo 3%. Aunque en el corto plazo no se perciben riesgos para la inflación, persiste la diferencia entre la inflación de bienes y la de servicios, esta última más ligada al estado de las holguras de capacidad. Ello pone de manifiesto el riesgo de mediano plazo para esta variable, por cuanto la mantención de un dinamismo de la actividad y la demanda puede seguir intensificando el uso de la capacidad instalada y generar presiones inflacionarias que se alejen de la meta.

Permítanme unas reflexiones finales.

Reflexiones finales

Sin duda que nos enfrentamos a un desafiante panorama. En los últimos veinticinco años hemos dado un notable paso adelante como país. Hemos crecido, hemos disminuido la pobreza, hemos elevado nuestra calidad de vida. Pero aún falta mucho por hacer. Estamos lejos de llegar al estado de desarrollo que todos queremos, y los caminos hacia él no son fáciles ni evidentes.

El avance de Chile se ha sustentando en la capacidad de innovación de nuestra gente, en aprovechar las oportunidades que se nos presentan y esforzarnos al máximo en pos de nuestros objetivos. Así, hemos logrado ingresar a los mercados mundiales y ser reconocidos como un país serio, probo y con una institucionalidad que da un marco confiable en el que se pueden desarrollar las iniciativas. Seguir avanzando y mejorar nuestra competitividad se basa en continuar por esta senda.

El marco de políticas económicas que hemos construido también ha sido muy importante. La muy valorada responsabilidad fiscal; la solidez de la regulación y supervisión del sistema financiero; la mayor integración comercial y financiera; la claridad y coherencia en el objetivo anti inflacionario del Banco Central autónomo y la validez de la flotación cambiaria como instrumento de ajuste, reservándose por cierto la posibilidad de intervenir en situaciones excepcionales y la apertura al exterior de la economía.

Por último, creo importante destacar la relevancia de mirar con optimismo el futuro. En las últimas dos décadas y media hemos logrado construir un mejor país, por cierto aún no lo suficientemente bueno que todos quisiéramos, pero hemos avanzado mucho. Los próximos años también pueden ser de gran11

avance, pero alcanzar un mayor desarrollo depende de nuestra capacidad de seguir en la senda correcta. Las demandas son muchas y muchas de ellas plenamente válidas, por lo que hay que trabajar para satisfacerlas. No obstante, es imposible hacerlo, al menos no en su totalidad, en el corto plazo sin crear desequilibrios que más temprano que tarde se pagarían caramente.

Hay múltiples aspectos de nuestro país que son muy valiosos y que debemos conservar e incrementar. Ser más competitivos en un mundo cada vez más complejo depende de nosotros, de los cambios que podamos hacer, pero también en la convicción en los pilares que nos han llevado al éxito en estos años.

Muchas gracias.

 

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