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Y ahora, ¿qué hacemos?

por 2 abril, 2003

Estados Unidos ha demostrado que las reglas internacionales de convivencia vigentes son susceptibles de ser violadas para beneficio propio y no tener por ello sanciones, lo que modifica sustancialmente el panorama de la multilateralidad y de las plataformas políticas y organizacionales existentes.
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Por fin se han cumplido los deseos de Bush y de sus asesores halcones más cercanos (Rumsfeld, Reeze, Wolfobitz) de iniciar un conflicto bélico contra Irak, para modificar radicalmente el régimen político y poder asumir una injerencia determinante en sus futuras definiciones como país.



Uno de los aspectos más lamentables de esta nueva guerra desatada desde Estados Unidos, es la consecuente muerte de inocentes civiles; aquellos que el eufemismo transnacional de las comunicaciones (para variar dominadas o sumisas ante el predominio discursivo norteamericano) ha logrado instalar y hacer "aceptable" como los inevitables daños colaterales. Un costo humano civil que puede ser más alto que en la anterior guerra del Golfo, atendiendo a que en esta oportunidad Estados Unidos ha declarado que el objetivo final es la derrota de Hussein, y por lo tanto es una tarea que se llevará hasta el final, donde las probabilidades de ocupación militar urbana son una opción táctica ineludible.



Nos encontraremos con el mismo rostro del ser humano desvalido que se nos apareció estremecido en el pueblo de Guernica con la aviación fascista pro Franco, o en los ataques incendiarios de la aviación de las "potencias aliadas democráticas" en Dresden, o ante la bomba atómica estadounidense ante Hiroshima y Nagasaki, o en los bombardeos de los potentes B-52 en Vietnam del Norte, o en la ocupación de Panamá por unidades aerotransportadas estadounidenses.



La diferencia más cruel, es que hoy estas muertes se justifican porque se busca la libertad y democracia para ese pueblo.



El otro aspecto lamentable de esta guerra es que nos acerca cada vez más a un límite civilizatorio, a ese borde del precipicio que nos deja atrapados entre la vivencia al interior del Imperio o la inmolación de la trasgresión, que adquiere rostros tan disímiles y perversos como el autismo social o la violencia radicalizada expresada en el terrorismo.



La "Coalición de la Perversión" (Estados Unidos, Inglaterra y España) apura el tranco de este tránsito y logra generar impactos de gran costo, que más allá de los que son resultados directos de la guerra, son los que marcarán el futuro inmediato de nuestra humanidad.



Hoy día debemos preguntarnos qué va a pasar, por lo menos en los siguientes planos:



1.- Estados Unidos ha demostrado que las reglas internacionales de convivencia vigentes son susceptibles de ser violadas para beneficio propio y no tener por ello sanciones, lo que modifica sustancialmente el panorama de la multilateralidad y de las plataformas políticas y organizacionales existentes.



2.- Que toda la arquitectura política y orgánica, surgida como Sociedad de Naciones, que buscaba por sobre todo la paz y la seguridad mundial está sujeta y entredicha a poderes fácticos unilaterales, que hacen pesar su poderío y capacidad de cooptación de las voluntades de las naciones.



3.- Que el concepto de conflicto entre las partes se polariza para solo plantearse la alternativa de la salida bélica, eliminando los espacios para la negociación y la intermediación de terceros. Claras fueron las negativas respuestas de Estados Unidos para escuchar las opciones planteadas por la Comisión de Inspección dirigida por Blix, así como la proposición chilena. Esto se aleja definitivamente de la explícita declaración de la ONU, en cuanto a desechar el uso de la fuerza como solución de controversias.



4.- Que Estados Unidos ha instalado una opción doctrinaria de la guerra preventiva, que echa por tierra los avances en la contención del uso de la fuerza desde la mitad del siglo XX. Modifica sustancialmente acuerdos y principios éticos y políticos sobre el derecho a la guerra (ius ad bellum), el derecho en la guerra (ius in bello), y el derecho después de la guerra (ius post bellum). Condenables son sus advertencias que hará la guerra contra todo aquel que no se atenga a los dictados de su interés nacional, así como ha advertido el trato de criminales de guerra que les dará a los dirigentes iraquíes (adelantando ya el resultado del juicio), y que modificará sustancialmente el régimen político en base a su específica concepción de democracia, violentando la soberanía popular del pueblo iraquí.



5.- Que Estados Unidos ha logrado imponer exigencias de desmantelamiento de armas de destrucción masiva, en todo caso loables, que no se hacen extensivas a sus aliados estrechos y menos aún a sí mismo, a sabiendas que es el principal productor y almacenador de este tipo de letalidad. Sigue forzando peligrosamente el monopolio de las armas más destructivas de la historia.



6.- Que se ha asentado el uso chantajista del poder del dinero para comprar votos (todos los países de la Europa Oriental recién incorporados a la Unión Europea), permisos del uso del territorio (Turquía), acuerdos con coaliciones serviles (Inglaterra y España) y amenazar o anular a otros (México y el Tratado Migratorio, Chile y el TLC, los países centroamericanos y los acuerdos comerciales).



7.- Que la relación entre el uso de la fuerza y la expansión del capitalismo es una ecuación creciente y cada vez más interdependiente. Estados Unidos necesita reforzar al dólar como la moneda del comercio mundial, necesita del petróleo para asegurar el dominio de la fuente energética vital, necesita nuevos espacios socio-económicos para ampliar los mercados, necesita de nuevos espacios geopolíticos para el control de rutas y materias primas.



8.- El alejamiento de la política de elite, sustentada por gobiernos y grupos de poder, de las opciones ciudadanas que se manifestaron en forma masiva contra la guerra. Excepto Estados Unidos, donde de todas formas surgió una oposición que no se veía desde los años álgidos de la guerra contra Vietnam, en todo el resto las opiniones fueron inequívocas en la búsqueda de opciones pacíficas. Una vez más los pueblos son considerados solo objetos de la política y no como los sujetos sustentadores de aquélla.



Muchas son las definiciones que se están jugando en la resolución de este conflicto. Hemos perdido un espacio vital al no impedir la guerra. Espero que no nos suceda lo mismo si queremos detener la locura y ambición desatada que pone en tan alto riesgo a la humanidad.



Director Centro de Estudios Estratégicos, Universidad ARCIS.

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