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La “nueva” Concertación

por 1 septiembre, 2011

La “nueva” Concertación
Un amigo que se encuentra en la oposición después haber estado por 20 años trabajando en el Ministerio de Hacienda dijo que “la esfera de influencia que ha alcanzado el movimiento popular, hasta ahora inexplorada, forja la voluntad de lucha que permitirá los procesos reivindicativos para lo cual es necesario homogeneizar y cohesionar la formación popular que permita contrarrestar la actual Constitución pequeño-burguesa de Pinochet”.
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Tengo un amigo concertacionista. Estudió Economía en la Universidad de Chile y tiene un doctorado en Economía de la Universidad de Harvard. Viajó por todo el mundo asesorando a los gobiernos de la Concertación en sus Tratados de Libre Comercio y fue asesor de sus máximos ídolos del libre mercado: Alejandro Foxley y Nicolás Eyzaguirre. Incluso, asesoró al máximo gurú de la “mano invisible”: nada menos que el propio Andrés Velasco.

Desde que salió de la universidad, mi amigo ha estado en el gobierno. Hoy, por primera vez y después haber estado por 20 años trabajando en el Ministerio de Hacienda, se encuentra en la oposición.

Me lo encontré el otro día en una reunión de amigos y le pregunté cómo estaba ahora en la oposición: “Muy preocupado por las protestas estudiantiles  –me dijo con voz seria-,  debemos avanzar en la lucha liberadora de la educación insertada en la lucha reivindicatoria del pueblo en contra del imperialismo de las transnacionales”.

Ante mi cara de asombro, me continuó diciendo: “La única forma de solucionar el problema en la educación es forzando la búsqueda de la sustancia histórica del actual sistema, y cómo se reflejan en la educación del pueblo las actuales relaciones de producción de esta sociedad neoliberal…”.

Ante cambio tan radical (la última vez que hablamos, mi amigo estaba en el gobierno y me mostraba orgullo un paper que le habían publicado en el “Quartely Journal of Economics”), le pregunté si me podía explicar un poco más su postura. Entonces, me dijo:

Tengo un amigo concertacionista. Estudió Economía en la Universidad de Chile y tiene un doctorado en Economía de la Universidad de Harvard. Viajó por todo el mundo asesorando a los gobiernos de la Concertación en sus Tratados de Libre Comercio y fue asesor de sus máximos ídolos del libre mercado: Alejandro Foxley y Nicolás Eyzaguirre. Incluso, asesoró al máximo gurú de la “mano invisible”: nada menos que el propio Andrés Velasco.

“Por supuesto, es muy fácil. Lo que pasa es que la esfera de influencia que ha alcanzado el movimiento popular, hasta ahora inexplorada, forja la voluntad de lucha que permitirá los procesos reivindicativos para lo cual es necesario homogeneizar y cohesionar la formación popular que permita contrarrestar la actual Constitución pequeño-burguesa de Pinochet”.

Días después, me dijeron otros amigos, que lo encontraron en una marcha del movimiento estudiantil. Puño en alto, a pulmón lleno y con la vista hacia el horizonte, marchaba mi amigo concertacionista por la Alameda, exigiendo reformas al injusto sistema neoliberal.

Después de la marcha, me lo encontré nuevamente; me señaló, horrorizado, las prohibiciones de seguir marchando por la Alameda y la “brutalidad” de la represión que había impuesto este gobierno derechista, invocando leyes que eran herencia de la dictadura.

Pensé en recordarle cuando su presidente Ricardo Lagos aplicó la Ley de Seguridad Interior del Estado a los microbuseros, o la ley antiterrorista que aplicó la presidenta Michelle Bachelet contra los mapuches… Pero me arrepentí.

“¡Mira!”, me decía con ojos horrorizados mostrando un gran moretón en su brazo derecho; “Esto es lo que hace tu gobierno”, me replicó, pues había participado en el último paro nacional convocado por la CUT.

Después supe que su moretón se debía a que un dirigente de la CUT lo había reconocido como uno de los asesores del Ministerio de Hacienda para negociar el salario mínimo durante los gobiernos de la Concertación, y al verlo, le habría pegado con un feroz palo, no sólo en el brazo sino también en las costillas y en la espalda.

“Necesitamos, de una vez por todas, un plebiscito”, me dijo. Con asombro, le pregunté si ahora dudaba también de la eficacia de la democracia representativa, pues un plebiscito era ignorar todas las instituciones de nuestra democracia (por la que tanto había luchado la propia Concertación) para hacer experimentos de la supuesta democracia directa al estilo Hugo Chávez.

Con aire doctoral (será porque de verdad es doctor en Economía) me contestó con tono desafiante: “Nunca menosprecies los procesos de lucha democrática reivindicatoria que dan nuestros hermanos latinoamericanos”.

Sinceramente, ya no podía seguir escuchando a mi querido amigo concertacionista, así que le cambié el tema. “Ahora que ya no tienes trabajo en el gobierno, ¿qué vas hacer?”, le pregunté. “Bueno -me respondió con una cara de entusiasmo que no le veía hace tiempo-, estoy postulando a una beca para estudiar un postdoctorado en Economía en el MIT. Quiero profundizar los aportes teóricos de la “Curva de Laffer” con el fin de determinar con mayor precisión que el aumento de los índices impositivos no siempre conducen al aumento de las rentas públicas”.

Y todo esto me lo decía con una sonrisa de oreja a oreja….

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