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¿Cuánto valen las reservas internacionales?

por 17 septiembre, 2011

A pesar de sus grandes diferencias entre los diversos países “emergentes”, la acumulación de reservas internacionales tiene una causa común, que debiera motivo de serias preocupaciones, en vez de la algarabía oficialista. La causa no es que se ha evitado la crisis, sino que se está medio a medio dentro de ella.
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En círculos oficiales se insiste en hacer creer que los países de América Latina están bien preparados para enfrentar la crisis económica mundial gracias a la acumulación de reservas internacionales. Supuestamente hay recursos demás para solventar cualquier estrechez de divisas y evitar una recesión. Sin embargo se calla es que una parte considerable de estas reservas está siendo destruida por la propia crisis. Y lo que queda se esfumará a medida que la crisis siga avanzando. Parafraseando a un exministro chileno, llegado el momento de necesidad, estas reservas podrían valer “callampa”, es decir, nada.

Un fenómeno poco estudiado es que el descomunal aumento de reservas internacionales a nivel mundial comenzó a partir de la crisis de 2001-2002 y que en vez de contrarrestarla, se ha agudizado con la crisis actual. A fines de 2002 estas reservas alcanzaban mundialmente un monto equivalente a 2 trillones (2.000.000 millones) de dólares, repartidos en 1,2 trillones para los países desarrollados, y 800.000 millones para los “países emergentes y en desarrollo”. A mediados del presente año, las cifran eran: un total de 10 trillones se repartía en 3,5 trillones para los países desarrollados  (un tercio sólo Japón), y 6,5 trillones para el resto (la mitad para China). De éstos, alrededor de 700.000 millones recaen sobre los países de Latinoamérica (CEPAL): la mitad para Brasil, siguiéndole México, Argentina, Perú, Chile, Colombia, Venezuela y  Bolivia.

A pesar de sus grandes diferencias entre los diversos países “emergentes”, la acumulación de reservas internacionales tiene una causa común, que debiera motivo de serias preocupaciones, en vez de la algarabía oficialista. La causa no es que se ha evitado la crisis, sino que se está medio a medio dentro de ella.

La distribución del aumento de reservas internacionales es desigual, tanto en términos absolutos como relativos. No existe la supuesta convergencia de acumulación de reservas internacionales entre todos los países “emergentes”. Es cierto que para algunos de ellos han mejorado sustancialmente los términos de intercambio del comercio internacional (gracias al aumento de los precios de alimentos, materias primas y especialmente energía). Pero esto es producto de una aguda distorsión entre los precios relativos de aquellos bienes y los bienes de consumo masivo, exportados con altas tasas de ganancia y una aguda explotación de la mano de obra china y de otros pocos países. Utilizando la expresión de Fernando Fajnzylber de los años 80: sigue predominando en los países emergentes la “industrialización trunca” pero con términos de intercambio mundialmente distorsionados momentáneamente en su favor.

Otra parte importante del aumento de las reservas internacionales es consecuencia de la intervención de los bancos centrales para compensar el masivo flujo de capital hacia sus países. Este es, a su vez, es expresión del aprovechamiento especulativo de la distorsión mundial de los precios relativos por parte del capital internacional. Este capital no busca aumentar las capacidades productivas, que sobran mundialmente, sino huir de los riegos crecientes de los sistemas financieros de los países desarrollados y aprovechar los diferenciales en las tasas de interés. Se ha producido así una tercera distorsión, cual es que en los países (desarrollados), donde el capital crediticio es escaso y los riesgos son altos, las tasas de interés sean extremadamente bajas, mientras en aquellos países hacia donde fluye el capital mundial y los riesgos son supuestamente bajos, la tasas de interés sean altas.

El caso de Chile es ilustrador. A pesar del boom de las exportaciones y excedentes de exportación inimaginables hace años, y un flujo considerable de capitales hacia el país, la acumulación de reservas es relativamente inferior a, por ejemplo, Argentina, Perú (o Bolivia), para qué hablar de Brasil. Absurda la idea de que Chile sea un país regalón del capital extranjero. Por eso, dada la estrechez y monopolización del mercado crediticio, las tasas de interés son muy altas (considérese la protección inflacionaria por las UF). Igualmente, la sobrevaluación de la moneda incita al Banco Central a seguir acumulando reservas, durante el primer semestre de 2011 por un monto no despreciable de más de 6 mil millones de dólares. Aún así ha ido aumentando el endeudamiento externo, tan sólo desde 2010 en una suma casi espectacular superior a los 10 mil millones de dólares, llegando a una de las más altas cifras de América Latina. Muchos chilenos se preguntarán a qué se está destinando esta plata.

A pesar de sus grandes diferencias entre los diversos países “emergentes”, la acumulación de reservas internacionales tiene una causa común, que debiera motivo de serias preocupaciones, en vez de la algarabía oficialista. La causa no es que se ha evitado la crisis, sino que se está medio a medio dentro de ella. Lo que los países guardan afuera como “reservas” (en Chile a las reservas del Banco Central hay que agregar los recursos del Fondo de Estabilización) está administrado y depositado en un sistema financiero a punto de colapsar o mejor, ya colapsado. Pero nadie puede parar que el flujo continúe, con graves amenazas de corto y más graves consecuencias de largo plazo (en Brasil se habla de un manifiesto proceso de desindustrialización).

El colmo es que bajo esas condiciones incluso aumente la deuda externa. Es como si el sistema económico mundial estuviera empeñado demostrar que las reservas internacionales efectivamente no valen nada.

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