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¿Y Dónde Terminará Esto?

por 23 febrero, 2012

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Es lo que nos preguntábamos el año pasado cuando el Partido Comunista inició la revolución violenta valiéndose de los estudiantes y de los padres de familia que (como todos los padres de familia) preferían no pagar la educación a pagarla.

Nos preguntábamos a dónde iba a terminar eso porque el precedente sentado era claro: yo amenazo al Gobierno con la fuerza, y el Gobierno me da plata. Entonces, "las están dando". De ahí a que todos comiencen a usar la fuerza para amenazar al Gobierno había un paso.

Bueno, ahora se está dando el paso, pero con agravantes. Porque en Aysén se ha usado otra vez la fuerza y al Gobierno le han dicho, una vez más, "la bolsa o la vida". Y el Presidente ha respondido lo obvio (en un Presidente como él): "La bolsa". Y lo ha hecho por tres razones (como le gusta a él):

Primera, porque la bolsa no es suya, sino "de todos los chilenos". "¿Qué me demoro en bajarles los combustibles a los ayseninos?". Objeción: no se ha dado cuenta de que ésta es una revolución, que comenzó el año apasado y continúa ahora. ¿Cree por acaso que los encapuchados se van a dar por satisfechos con una rebaja de los combustibles? ¡No! También piden una universidad, más hospitales, camino terrestre propio y una larga lista de cosas.

Segunda razón, que él no sabe ejercer la autoridad. Es decir, no cumple con el primer requisito para gobernar.

Dije que no votaría por Piñera porque carecía de atributos para gobernar. Bueno, su carencia más esencial es que no sabe ejercer la autoridad.

La autoridad consiste en que, cuando te toman un puente, primero que nada se desocupa el puente; segundo, se detiene a los que se lo tomaron y se les procesa de acuerdo a la Ley de Seguridad Interior. Pero este gobierno no se atreve a enfrentar la fuerza con la fuerza, no se atreve a aplicar la Ley de Seguridad Interior. Entonces, como no tiene autoridad ni se atreve a usar la fuerza, abre la billetera. Y ése es el comienzo del fin.

Tercera razón: porque éste es un gobierno "encuestocrático". Si aplicas la fuerza y hay víctimas, se dice, "¡ay de mí en las encuestas! Si ya estoy mal, todavía puedo estar peor."

Claro, tiene razón, porque éste es un país descontentadizo, malagradecido, oportunista y difícil. La opinión pública es voluble e impredecible. Basta que los comunistas griten unas consignas (que los medios, incluso de derecha, son los primeros en destacar) para que las encuestas se inclinen a favor de las consignas. Apuesto doble contra sencillo que la opinión pública apoya el alzamiento de Aysén.

Pero si hasta el obispo, monseñor Infanti, lo apoya. Y Ezzati, lamento decirlo (desde que lo nombraron advertí que lo tendría estrechamente vigilado) esta vez no ha pasado la prueba. Ha apoyado a Infanti. E Infanti se ha jugado por las tomas, lo que equivale a cohonestar el uso de la fuerza. Imperdonable en un prelado de la Iglesia de Cristo, la quintaesencia de lo contrario a la fuerzsa.

Pero yo les digo una cosa: esto no termina aquí. He leído un artículo de Juan Carrasco, alcalde de Quilicura, en "El Mostrador". ¡Amenaza al Presidente! Le dice que si no le construyen ahora una salida nueva a su comuna, por Avenida Marcoleta, siendo su comuna la que tiene el parque industrial más grande del país, se van a levantar barricadas que cerrarán las autopistas Vespucio Norte, Central, General San Martín y del Aconcagua. Juan Carrasco va a paralkizar la producción industrial chilena.

¡Ya le "tomó el pulso a Piñera". Lo amenaza a él y al país! Ése es un delito sancionado por la Ley de Segurjdad Interior. ¿Alguien cree que el ministerio del Interior, la mayoría de cuyos abogados se dedica a perseguir ilegalmente a uniformados (r) ante tribunales que les desconocen sus derechos, se va a querellar contra el llamado sedicioso de Juan Carrasco?

¿Cuál debería ser el "orden natural" de las cosas? Primero, se terminan todas las medidas de fuerza y se restablecen la normalidad, la libre circulación de las personas y la libertad de trabajo en Aysén. Porque, señores, yo no converso con la pistola al pecho. Aquí, dicen, hay democracia y estado de derecho. Es decir, las cosas se hacen por el conducto legal surgido de la democracia representativa y el uso de la fuerza constituye delito y debe ser catigado.

Antes de que comencemos siquiera a conversar de lo que ustedes, señores de Aysén, les interesa, exijo completo y total restablecimiento de la normalidad, el respeto a la ley y a la libertad. Y si hubo ya acciones violentas e ilegales, se castigan y no habrá perdones ni indultos. Si estamos de acuerdo en todo esto, podemos recién sentarnos a conversar. Si no, no hay "#mesa de diálogo" y vamos a ver quién tiene más fuerza.

¿Alguien cree que Sebastián Piñera es capaz de hablar así? Yo no.

Por eso termino con la misma pregunta con que comencé: ¿dónde terminará esto?

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