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Nuevo sistema de financiamiento: la última palabra aún la tienen los bancos

por 5 mayo, 2012

El problema de fondo aquí es que la calidad de la educación, que es finalmente la que determina su arancel de referencia, sólo considera aspectos mercantiles, y no de impacto social, histórico, sociológico, psicológico, o humanista; los cuales son fundamentales si pensamos en un Chile íntegro, rico, y completo intelectualmente.
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Y se terminó la espera para muchos. El Gobierno sacó adelante una propuesta que promete terminar con el más urgente de los problemas del sistema educacional: el endeudamiento.

En la propuesta, algunos puntos fuertes firman su hora de entrada: el nuevo crédito universal a una tasa del 2% de interés. El pago contingente al ingreso con tope máximo de 180 pagos. La sorpresiva expulsión de la banca privada de todo financiamiento referente a educación. Y la apertura de la plataforma al 90% de estudiantes de más escasos recursos que decidan ingresar a algún establecimiento educacional (Universidades, CFT, e IP).

Aunque vasta en mejorías, la propuesta del ministro Beyer presenta un aspecto que determinará grandes y profundas consecuencias negativas según nuestro juicio. Me explico: la propuesta basa su funcionamiento en darle diferentes “valores” a las carreras Universitarias. Este valor es calculado por una fórmula, la cual considera diferentes variables que condicionan cuánto el estado debe invertir en dicha carrera (el estado decide esos valores).

El problema de fondo aquí es que la calidad de la educación, que es finalmente la que determina su arancel de referencia, sólo considera aspectos mercantiles, y no de impacto social, histórico, sociológico, psicológico, o humanista; los cuales son fundamentales si pensamos en un Chile íntegro, rico, y completo intelectualmente.

Un ejemplo: supongamos que la carrera de ingeniería comercial en la universidad “A” cuesta 5 pesos mensuales. El Estado hace sus cálculos y estimaciones respectivas, y determina que la carrera en esa institución no cuesta 5 pesos, sino que 3 pesos mensuales. Lo que NO significa que la carrera de ingeniería comercial en otra universidad “B” sea estimada en 3 pesos, pues las características de ambas universidades pueden ser diferentes, y eso hace que el Estado “valore” diferentemente las carreras en las distintas universidades.

¿Cómo determina el ministerio el “valor” de cada carrera, o bajo qué variables y condiciones?

El “valor” depende de: ingreso económico futuro de la carrera, nivel socioeconómico, tasa de deserción en esa institución, y duración de la carrera en dicha institución.

Se entiende que mientras mayor sea el sueldo de esa carrera, menor sea el nivel socioeconómico de los estudiantes, menor sea la tasa de deserción, y menor sea la duración de la carrera; entonces más dinero recibirá la institución como financiamiento por parte del crédito estatal.

Entonces me pregunto: ¿Qué sucede con aquellas Facultades que imparten carreras humanistas de baja valoración comercial? Este nuevo modelo premia y financia a todas las carreras con grandes proyecciones mercantiles, pero muchas carreras que entregan tremendos aportes a la cultura del país quedan fuera de este discurso. Por ejemplo, a la carrera de arte en la universidad “A”, le será otorgado un arancel referencial de 2 pesos, pues ese es el valor que el estado cree que la carrera “vale”.

Razonable, pero si esa universidad antes cobraba 4 pesos, sus estudiantes con crédito sólo obtendrán 2 pesos por parte del estado, dejando una brecha de 2 pesos para alcanzar los 4 requeridos. ¿Qué sucederá con la diferencia del arancel real con el referencial? Tenemos dos casos reconocibles a primera vista:

La facultad baja considerablemente el arancel de su carrera para igualarlo al referencial (baja que produce disminución de ingresos mensuales a la institución, por lo que la facultad perderá millones de pesos cada mes, obligando a la institución a tomar medidas para reducir gastos, o en su defecto a inyectar recursos desde otro lado para salvar la carrera, o lisa y llanamente obligándola a cerrar dicha carrera).

O, la facultad mantiene los precios en 4 pesos, y obliga a los estudiantes a acceder a créditos bancarios para poder alcanzar los 4 pesos mensuales. Esto es nefasto, pues si pensamos que el discurso oficial es firme y claro con respecto a la retirada de los bancos del financiamiento de la educación, podemos declarar que el tema finalmente no es así (muchas familias no tendrán más opción que acceder a créditos de bancos para costear la diferencia del arancel).

Y volvemos a caer en el gran problema del chileno medio: la liquidez sólo la tienen los bancos y el Estado, y cuando este último ya no se involucra más, el crédito bancario aparece como la única e imperdonable opción de sobrevivencia.

El problema de fondo aquí es que la calidad de la educación, que es finalmente la que determina su arancel de referencia, sólo considera aspectos mercantiles, y no de impacto social, histórico, sociológico, psicológico, o humanista; los cuales son fundamentales si pensamos en un Chile íntegro, rico, y completo intelectualmente.

Jamás encontraremos la propuesta perfecta para el financiamiento, pues jamás dejaremos contentos a todos. Pero esta propuesta —según nuestra opinión— es una gran mejoría a todo lo existente.

Al menos desde aquí, desde la oficina de la Federación de estudiantes de la UAI, hacemos nuestro mejor trabajo para localizar y determinar cuáles son las posibles falencias que esta nueva propuesta puede tener. Siempre construyendo y abogando por hacer de nuestro sistema educativo uno mucho más justo y transversal.

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