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Cómo reordenar el "sistema" de educación superior chileno

por 6 mayo, 2012

Se puede sostener que en el actual SES también existe una crisis de confianza, motivo por el cual se hace necesario promoverla. Sin embargo, para impulsar esta relación se deben reconfigurar una serie de preceptos o principios que sostienen la educación superior. Estas se resumen en las anteriormente señaladas: institucionalidad y financiamiento, entre otras.
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Mucho se habla del mal obrado “sistema” de educación superior chileno. Sin embargo, lo que no se analiza es el contenido y la lógica interna de este.

La pregunta, entonces, supone la siguiente interrogante: ¿cómo se concibe el actual sistema de ES? Y, en consecuencia, ¿cuáles son las condiciones mínimas para reconfigurar su contenido y, por lo tanto, su ejecución formal?

Es sumamente común referirse a este sistema como una colección de instituciones que, en las distintas interacciones que realizan, construyen el llamado “sistema de educación superior”. Es decir, este “sistema” no sería otra cosa que un resultado, una meta, un nombre, un concepto nominal de algo que resulta de un proceso de interacción entre las instituciones de educación superior (IES).

Esta colección tiene una serie de dimensiones que afectan el resultado final del sistema. Entre estos se encuentra lo relacionado con la institucionalidad (tanto las IES como el conjunto de entidades gubernamentales) y el financiamiento. Ambas dimensiones poseen atributos que también implican ciertas consecuencias. Una institucionalidad desarticulada y fragmentada significa un desajuste sustantivo entre un proyecto de calidad local y su resultado global.

Se puede sostener que en el actual SES también existe una crisis de confianza, motivo por el cual se hace necesario promoverla. Sin embargo, para impulsar esta relación se deben reconfigurar una serie de preceptos o principios que sostienen la educación superior. Estas se resumen en las anteriormente señaladas: institucionalidad y financiamiento, entre otras.

Si para una institución en particular resulta evidente que sus procesos internos son adecuados para, por ejemplo, la movilidad social de sus estudiantes, visto desde el sistema (o desde una perspectiva macro global) esto no puedo ser sino la prolongación de una institucionalidad que contribuye a mantener los bloques de las clases sociales intactas: todo progresa, no obstante, los procesos de complejización interna de este progreso generan una movilidad social estática, o más bien, distorsionada a nivel global.

Respecto al financiamiento, sus atributos esenciales, esto es, subsidio a la demanda y escases de recursos, supone una competencia que, incluso en su máximo nivel de coherencia, distorsiona al conjunto del sistema. Si bien el SES, como actualmente está concebido, adhiere a que cada institución posee un rol (de docencia o de investigación, o ambos), este no se encuentra configurado en torno a los requerimientos del sistema. Esto ha significado una situación bastante perversa: ha empujado a que toda IES se convierta en meramente docente (del total de universidades, el 67% es esencialmente docente). La pretendida diversidad institucional carece de un impulso para todos sus lineamientos.

En buenas cuentas, esta colección —que pretenciosamente se autoproclama como “sistema”— no responde a los requerimientos del conjunto de las IES y su entorno.

Cabe preguntarse, nuevamente, ¿cómo se puede reorientar el orden actual? Este desafío, por supuesto, no puede ser respondido en estas líneas, pero ciertamente se pueden esbozar algunas ideas pertinentes para la concreción de un nuevo contenido del sistema.

En rigor, el sistema debe poseer y desarrollar los siguientes atributos, a lo menos: ser descentralizado, cooperativo, donde las relaciones sean más determinantes que las partes (objetivos comunes), que se realice una calidad global y que sea integrativo y participativo.

Ahora bien, que un sistema de educación superior sea descentralizado significa que la construcción de conocimiento e innovación debe darse sobre la base de un desarrollo equilibrado de sus componentes. Equilibrado sí, pero también pertinente a su desarrollo local. Que un sistema sea cooperativo significa que es factible realizar las distintas articulaciones existentes: vertical y horizontal; es decir, articulación por niveles (IP-CFT-U) y articulación por programas (desde un CFT a otro CFT, y desde una universidad a otra universidad). La cooperación también implica pensar los proyectos comunes desde la lógica de las necesidades sociales y económicas del país y no a partir de la rentabilidad de abrir una carrera. Que las relaciones sean más importantes que las partes supone que existe, en primer lugar, un proyecto común para la ES y luego, a partir de este, las IES se involucran con su diversidad particular. Tener un SES de calidad, integrador y participativo se traduce en procesos que no se determinan por los criterios mínimos de una agencia o de las misiones y visiones de las IES desarrolladas de forma autónoma, sino —y en relación al punto anterior— como parte fundamental del proyecto país que se requiere impulsar.

Para ello, sin embargo, es necesario algo fundamental: la confianza. Mucho se dice sobre esta palabra cuando colapsa el mercado financiero o la economía en general. Por ejemplo, cuando un banco de inversiones no confía en el compromiso de pago de un país y de ese modo restringe el préstamo, lo que termina intensificando la crisis inicial. A esto se le denomina una crisis de confianza.

Se puede sostener que en el actual SES también existe una crisis de confianza, motivo por el cual se hace necesario promoverla. Sin embargo, para impulsar esta relación se deben reconfigurar una serie de preceptos o principios que sostienen la educación superior. Estas se resumen en las anteriormente señaladas: institucionalidad y financiamiento, entre otras.

El desplazamiento de este sistema hacia una lógica distinta significa algo que muchos países han asumido a lo largo del tiempo: considerar la idea de diseñar un Plan Maestro (como en el estado de California). Avanzar a los requerimientos para concretar una iniciativa como esta conduce a derribar numerosas barreras y a llegar a un punto de tomar decisiones sustanciales. Esperemos que esto, más temprano que tarde, llegue a concretarse.

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