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Un ministro que no lee los estudios que encarga

por 8 mayo, 2012

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El ministro de Cultura, Luciano Cruz-Coke, publicó en El Mercurio del sábado una extensa columna sobre la campaña Un cuento al día, una iniciativa que ya comentamos en sus aspectos más polémicos. El texto tiene al menos un mérito que no quiero dejar pasar y que espero comentar en extenso en otro momento. Cruz-Coke nos adelanta algo de lo que sólo teníamos rumores: el CNCA está trabajando en una propuesta de modificación de la Ley de Libro, el cuerpo legal más antiguo de todo nuestro aparato cultural. No sabemos, sin embargo, cuáles serán los cambios: no hay versiones públicas de esas modificaciones.

Lo que me interesa comentar ahora es otra cosa. En esa columna el ministro hace cuatro afirmaciones que se sostienen –o debieran hacerlo– en los datos estadísticos que arrojó el Estudio de Comportamiento Lector que el CNCA encargó al Centro de Microdatos de la Chile. Se trata de un estudio que el mismo ministro quiso implementar para saldar una deuda histórica con las cifras en esta materia; una decisión que en su minuto aplaudimos. El caso es que de esas cuatro afirmaciones, una es correcta, dos son errores gruesos de lectura del informe, y otra es una afirmación incompleta que es necesario matizar, pero que, puesta así, esconde una intención de interpretación. Comentaré las últimas tres.

El primer error

Según el ministro, «el Estudio de Comportamiento Lector, realizado en el 2011 por el Consejo de la Cultura y el Centro de Microdatos de la Universidad de Chile, arrojó que el 54% de los chilenos se declara no lector». Falso. Estuve mirando detenidamente el informe tratando de averiguar qué leyó el ministro para lanzar una cifra tan dramáticamente equivocada, pero no encontré nada que pudiera haberlo llevado a leer mal el informe. Ni idea de dónde sacó ese 54%. Es que se trata, además, de una de las conclusiones más importantes de ese estudio, tanto que este conjunto de cifras sirve para ordenar el resto: 60% de los chilenos es lector frecuente (o sea, lee al menos una vez por semana, durante 20 minutos continuos, en cualquier soporte), 29% es lector ocasional y sólo un 11% se declara no lector. Se trata de una cifra, además, en línea con estudios similares en otros países. En otra entrada de este blog comparé ese índice nuestro con el español: en ambos países tenemos un grupo de no lectores cercanos al 10% de la población.

El segundo error

El segundo error es algo más escandaloso. Escribí una entrada hace algunos días cuando me enteré que La Tercera publicó una cifra absurda: sólo el 7% de los chilenos lee por gusto. ¿Ni a los periodistas que reprodujeron esa cifra ni a los editores del diario ni al ministro de Cultura —¡que terminó citándola en su columna!— les llamó la atención ese 7% de lectores por gusto en Chile, y más encima lo enfrentaran con el 70% del mismo tipo de lector en Argentina? ¿Tan poco nos queremos? ¿Nadie pensó, chuta, algo no calza?

La fuente de La Tercera era un informe de Cerlalc (una suerte de observatorio latinoamericano del libro y la lectura que depende de la Unesco) que comparaba distintos estudios en distintos países, y que para el caso de Chile consideraba las cifras del Centro de Microdatos de la Universidad Chile, cifras que debieran estar en la cabecera del ministro.

¿Por qué es una cifra absurda? Porque el Cerlalc leyó mal el informe de Microdatos. La mala lectura del Cerlalc la expliqué con peras y manzanas, pero básicamente consistió en que confundieron el porcentaje de chilenos que dice leer por entretención con el índice de lectura por gusto, dos cuestiones totalmente distintas. ¿Por qué me parece escandaloso? Porque el ministro Cruz-Coke demuestra con esto que no conoce los estudios que encarga y que, en esta materia, está muy mal asesorado.

¿El precio no es el problema?

Escribe el ministro en su columna:

Este mismo estudio [sí, el mismo, el de Microdatos] nos sorprende, al constatar que el factor precio del libro no figura entre las primeras razones inhibidoras de lectura, sino en el quinto lugar de una lista de diez. Las primeras razones son «no tengo tiempo» y «prefiero realizar otras actividades recreativas».

Esta interpretación es un típico argumento para convencernos de que el precio de los libros en Chile no es un problema, que todos podemos acceder a los libros a través del mercado y que ese asunto del IVA poco tiene que ver con el precio. Efectivamente, según el mencionado estudio, el precio de los libros es la quinta razón inhibidora de la lectura, pero ésa es la respuesta de un universo acotado de personas: quienes no leen (11%) y quienes son sólo lectores ocasionales (29%), o sea, el 40% de la población que no tiene la misma valoración de libro y la lectura que tiene el otro 60%, que se declara lector frecuente. ¿Acaso los lectores frecuentes no tienen dificultades para acercarse al libro? ¿Para ellos el precio de los libros no es un problema? Hay que recordar, además, que en ese porcentaje de lectores frecuentes hay personas que no necesariamente leen libros: se trata de lectores frecuentes en cualquier soporte.

La interpretación del dato deja afuera otro muy importante, que viene a matizarla, y que es arrojado por otro estudio, «Chile y los libros», desarrollado por la Fundación La Fuente y Adimark: el 81,5% de los chilenos estima que los libros son caros, o sea, 4 de cada 5 chilenos, nos están diciendo que el precio de los libros supone una dificultad de acceso. ¿Hay algo más claro que eso?

Juzgue usted.

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