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El Gobierno, Adimark y su oferta de una sociedad mercachifle

por 10 mayo, 2012

La demanda, ha sido no por aspectos de gestión, sino por repensar el contrato general de nuestra sociedad por los altos niveles de desigualdad que implica. Así como una mayor participación ciudadana. Son problemas políticos, no administrativos. La disociación entre esa expectativa de un nuevo acuerdo y la oferta de “mall” explican la impopularidad.
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El gobierno de Piñera no puede estar más sorprendido de la última encuesta Adimark: no hay relación entre sus cifras de desarrollo económico, su activismo legislativo, y la aprobación. Los números, al menos los económicos, avalarían una buena gestión del mandatario y su coalición. Si por reaccionar y enviar leyes se trata, por cierto, han sido más ágiles que la última administración. Entonces, ¿cuál es el problema? Carecen de la transmisión de una idea de sociedad o lo que es lo mismo, la suya es un concepto mercachifle. Sumado, por cierto, a un estilo presidencial que ha acrecentado la sensación de banalidad.

Cumplida la mitad de su administración, éste gobierno ha carecido de una idea-fuerza que transmitir. Simplemente ha sido un ejecutor y un respondedor de lo que los movimientos sociales y diversos acontecimientos le van planteando. Es una suerte de traslación de la idea de la “oferta y la demanda” al espacio público.

Como “oferta”, sólo ha sabido ofrecer el activismo del Presidente, una idea de administración de “excelencia” (la cual ya ha sido sepultada), la imagen visual de “somos personas prontas a servir” por medio de camperas rojas y actitud dispuesta, y por último, la buena gestión del Ministro de Hacienda (hay que destacar la breve, pero muy valiosa de Fontaine en el ministerio de Economía).

Esa falta de visión inclusive se ha visto en la incomprensión de su propia importancia histórica. Es el primer gobierno de centro-derecha electo en más de 50 años, y el primero después de una dictadura donde parte importante de la derecha participó de modo activo. Cuando una fuerza política ha apoyado con aspaviento un régimen donde se violaron derechos básicos, la recuperación de la legitimidad de ese sector para gobernar es fundamental, no sólo para él, sino para la estabilidad del país en general.

Por el contrario, la demanda, ha sido no por aspectos de gestión, sino por repensar el contrato general de nuestra sociedad por los altos niveles de desigualdad que implica. Así como una mayor participación ciudadana. Son problemas políticos, no administrativos.

La disociación entre esa expectativa de un nuevo acuerdo y la oferta de “mall” explican la impopularidad.

El consuelo de la Alianza es que su contendor, la Concertación, no lo hace mucho mejor.

Ese conformismo es no entender la importancia del lenguaje político-social. Éste último se acelera y cambia manifestando las nuevas expectativas de la sociedad a mayor velocidad del que experimentan las instituciones y la caducidad de las fuerzas políticas. Por ejemplo, la Monarquía murió primero argumentativamente antes de hacerlo institucionalmente. De igual forma, las transformaciones político-sociales que dejaron al Partido Radical como una fuerza menor, antecedieron a su constatación electoral.

Esa falta de visión inclusive se ha visto en la incomprensión de  su propia importancia histórica. Es el primer gobierno de centro-derecha electo en más de 50 años, y el primero después de una dictadura donde parte importante de la derecha participó de modo activo. Cuando una fuerza política ha apoyado con aspaviento un régimen donde se violaron derechos básicos, la recuperación de la legitimidad de ese sector para gobernar es fundamental, no sólo para él, sino para la estabilidad del país en general.

Quien no logra ver la relevancia histórica de un momento, malamente puede transmitir la solemnidad que marcan un antes y un después. Basta ver la visita de Piñera al Museo de la Memoria. Podría haber sido a uno del desarrollo del cine. No había la teatralidad que debe acompañar a un acto simbólico significativo.

La coalición gobernante pareciera creer que la reflexión política consiste en analizar encuestas. Ahora se debate, ni más ni menos, entre un candidato de los grupos económicos, Golborne, y sus dos figuras históricas vivas más relevantes, Allamand y Longueira. De quien prevalezca en esa pugna dependerá hasta dónde es capaz de recuperar un sentido político de su accionar o lo remplaza definitivamente por la “venta de imagen” apoyada por recursos económicos.

Lo que muestra la historia política es que una vez que los cambios conceptuales de la sociedad se reflejan en las instituciones y las fuerzas políticas previamente existentes, los afectados negativamente, pueden no volver a levantar cabeza.

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