martes, 26 de enero de 2021 Actualizado a las 22:03

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Alianzas electorales agotadas: la importancia del voto comunista y los independientes

Los partidos políticos, en cuanto a su militancia formal sólo representan el 6% del cuerpo electoral con derecho a voto. Si depuramos ese 6%, con los militantes que efectivamente participan en los partidos políticos, tenemos que llegar a la triste realidad que sólo un 1,5% del cuerpo electoral nacional tienen alguna participación activa en los partidos, lo que es una prueba fehaciente de la crisis de representatividad.
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Se encuentra nuevamente en discusión política el tema de las alianzas políticas. Particularmente el debate se centra en la oposición, en términos muy dificultosos de ser comprendidos por la opinión pública.

Esto nos recuerda una época un tanto lejana que se entronca con los orígenes de la Concertación de Partidos por la Democracia. Corría el primer día del mes enero del año 1988, el año del plebiscito. En casa de don Patricio Aylwin se produjo una reunión con miembros de la directiva, Narciso Irureta y Edgardo Boeninger, más Adolfo Zaldívar y los que firmamos este artículo.

En dicha reunión se trató el tema de la inscripción de la Democracia Cristiana como partido con identidad propia, aprobada en voto político de fines de agosto de 1987, al elegirse a Patricio Aylwin como presidente del partido. Se habían producido dificultades para cumplir el mandato de la Junta Nacional y existían fuertes presiones para formar un partido único de oposición cuyas fronteras no estaban muy claras. En la cita se concordó en tres cosas fundamentales, la DC mantendría su identidad, ratificaría su acuerdo de gobierno con la Alianza Democrática, que incluía sectores minoritarios de derecha y el socialismo renovado, más el Partido Radical y otros y junto con ello se concordó en efectuar una alianza para enfrentar el plebiscito con otras fuerzas políticas formando un arco que incluyó a los sectores socialistas de izquierda no renovados. Quedó excluido del plan incorporar al Partido Comunista, a pesar de que junto con el socialismo no renovado habían planteado la lucha armada, conformando un referente conocido como el Movimiento Democrático Popular (MDP).

Se formó un brazo operativo, el comando por el NO.

Los partidos políticos, en cuanto a su militancia formal sólo representan el 6% del cuerpo electoral con derecho a voto. Si depuramos ese 6%, con los militantes que efectivamente participan en los partidos políticos, tenemos que llegar a la triste realidad que sólo un 1,5% del cuerpo electoral nacional tienen alguna participación activa en los partidos, lo que es una prueba fehaciente de la crisis de representatividad.

Así se desarrolló el proceso que culminó con el triunfo de la oposición en el plebiscito. Inmediatamente se planteó que el pacto de gobierno debería incorporar a los mismos que habían obtenido el triunfo plebiscitario. Así se acordó en diversas juntas partidarias y se dio origen a la concertación de gobierno propiamente tal y comenzó una historia que permitió conducir al país por más de veinte años.

Traemos este recuerdo porque nos parece útil hoy, en atención a que los acuerdos políticos son muy dinámicos y progresan a veces a pesar de lo que incluso originalmente piensan los arquitectos iniciáticos.

Últimamente la oposición actual y antes de perder el gobierno efectuó una acercamiento electoral para elecciones municipales y parlamentarias con el Partido Comunista, que dicho sea de paso ya no promueve luchas armadas y cuyo discurso se ha transformado en una formulación antineoliberal, sin entregar un proyecto alternativo integral, salvo que entendiéramos por aquello el propugnar la expropiación de algunas riquezas naturales en manos extranjeras, o aumentar alguna presencia estatal en la economía como ocurre en países democráticos. Además dicho partido mantiene una conducta verbal incondicional de apoyo a los pocos países comunistas que aun existen, pero en la práctica desarrolla una impecable acción política democrática dentro del país tanto en sus funciones en el Congreso de sus representantes como en los municipios.

Esta alianza electoral, consiguió tener éxito en elegir algunos alcaldes, concejales y parlamentarios. Especialmente exitosa fue para el Partido Comunista que ingresó triunfal y en hora buena a la formal democracia que existe en Chile. Se dijo que las cosas no pasarían de ahí, pero tal como ocurrió hace 23 años la dinámica política es más fuerte y de hecho el Partido Comunista ingresa recientemente a un pacto electoral municipal no por omisión, sino que en lista conjunta con partidos de la Concertación. Incuestionablemente eso significa que ingresa a la Concertación en una calidad en tanto extraña, pero en definitiva ingresa, y ello no debería llamar mayormente la atención. Está en la idea de muchos que los votos que dicho partido puede lograr pueden ser muy importantes, especialmente si se considera su capacidad de movilización de masas, cuya prueba más evidente ha sido el movimiento estudiantil de 2011 y el último de 2012.

Visto lo anterior es altamente probable que se termine formando una alianza electoral no por omisión, es decir, que por la dinámica de los hechos políticos y las intuiciones que algunos tienen sea necesario articular un pacto para enfrentar a una derecha política y económica que a pesar de las diferencias que aparecen se mantiene en lo esencial, férreamente unida y es altamente eficiente en defender sus intereses y, además, ha demostrado poseer una notable inteligencia para desarrollar ciertas políticas sociales que la Concertación no quiso o no pudo hacer, o ambas cosas, durante sus gobiernos. Lo anterior, sin embargo, no cambia la naturaleza política de la coalición de gobierno actual que es francamente de derecha.

Por lo anterior cabe esperar que los acontecimientos apunten en el sentido indicado.

Por otro lado, la falta de un adecuado discernimiento sobre las causas de la derrota de la Concertación el 2010, puedan estar precisamente en que no se haya hecho una correcta lectura del aporte electoral del Partido Comunista, puesto que es indudable que dicho partido ya había aportado sus votos para elegir a los gobernantes de la Concertación. En consecuencia, en materia de elecciones Presidenciales, no es realmente una novedad el pacto político electoral.

Lo que queda pendiente es el adecuado análisis de lo acontecido en la última elección presidencial. La Concertación, más los votos  del Partido Comunista y el saldo de electores de Enríquez-Ominami, no alcanzó el 50%; de esta forma, si dicha fórmula se vuelve a presentar, aunque sea con reacomodos, volverá a ser derrotada.

Por ello el verdadero problema de los pactos de la Concertación no está en la izquierda, sino en cómo se construye una fórmula que permita crecer electoralmente hacia el otro lado, para recuperar los votos que se perdieron en la segunda vuelta de la última contienda electoral, en la cual Piñera derrotó a Frei.

Las encuestas no sirven casi de nada, a este respecto. Las agrupaciones políticas que han campeado por más de 23 años, están ciertamente agotadas en sus procedimientos y formulaciones, por lo cual deben tener una renovación sustancial con miras a superar la crisis de representatividad política que afecta al sistema político chileno.

En las próximas elecciones municipales tendrá derecho a votar 13.388.643 inscritos que representan a más  del 75% del total de la población del país, dato inédito en la historia de nuestra democracia.

Los militantes de los partidos políticos sólo alcanzan según los últimos datos del Servel del año 2009, a 840 mil personas que se  distribuyen así:

grafico afiliados partidos politicos

Esto es, los partidos políticos, en cuanto a su militancia formal sólo representan el 6% del cuerpo electoral con derecho a voto. Si  depuramos ese 6%, con los militantes que efectivamente participan en los partidos políticos, tenemos que llegar a la triste realidad que sólo un 1,5% del cuerpo electoral nacional tienen alguna participación activa en los partidos, lo que es una prueba fehaciente de la crisis de representatividad.

Cualquier forma racional de alianza electoral que se pretenda concretar, para tener alguna posibilidad de alcanzar la Presidencia de la República, debe partir de la base que son los independientes el cuerpo político más importante del país. El nuevo electorado, en más de un 94%, no milita en ningún partido político. Las alianzas electorales deben construirse sobre bases realistas y no únicamente en torno a un voluntarismo exagerado de intereses individuales.

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