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El Presidente no tiene quien le crea

por 14 mayo, 2012

Lo único que puede salvar al presidente Piñera de que la historia lo considere uno de los peores mandatarios al momento de abandonar su cargo, es que alguien de sus filas lo suceda. Para ello, tiene que tomar una decisión que debe ir en contra de sus instintos y personalidad. No caer en la tentación de usar la popularidad de sus ministros presidenciables a su favor. Si no más bien, dar un paso al costado en sus apariciones públicas con ellos.
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Los resultados de la encuesta CEP y Adimark que miden la evaluación del presidente Piñera durante abril son demoledores, sobre todo considerando un mes marcado por anuncios contundentes: el subsidio al transporte en todo Chile, el retiro de la banca para el financiamiento de la educación chilena, el manejo total de la agenda en la discusión sobre reforma tributaria —con cadena nacional incluída—, los prometedores resultados del Simce, la inscripción de más de cinco millones de chilenos en los registros electorales y las buenas cifras de crecimiento económico y empleo.

Esto habría que contrastarlo con el aumento del precio de los alimentos y las bencinas, los problemas sanitarios en la Posta Central y la primera movilización masiva de los estudiantes. Con estos antecedentes en mano, habría de suponer que en el peor de los escenarios el presidente Piñera se mantendría igual que el mes anterior. Sin embargo, nada de eso sucedió. En la encuesta Adimark, el mandatario nuevamente experimentó una baja significativa de un 3% llegando a un escuálido 26% de aprobación a su gestión, alcanzando su mínimo histórico en lo que va de su gobierno. Por su parte, en la encuesta CEP se mantuvo estancado, ya que su crecimiento no es estadísticamente significativo.

Lo único que puede salvar al presidente Piñera de que la historia lo considere uno de los peores mandatarios al momento de abandonar su cargo, es que alguien de sus filas lo suceda. Para ello, tiene que tomar una decisión que debe ir en contra de sus instintos y personalidad. No caer en la tentación de usar la popularidad de sus ministros presidenciables a su favor. Si no más bien, dar un paso al costado en sus apariciones públicas con ellos.

Cabe preguntarse entonces, ¿por qué el Presidente a pesar de todos sus anuncios, logros en materia económica y plantear soluciones en la agenda, no es capaz de que la opinión pública lo valore positivamente?

A mi juicio, la respuesta se encuentra en los atributos de credibilidad y confianza. En ambas encuestas, solo 3 de cada 10 chilenos lo evalúan positivamente. Esto implica, que cuando es el mandatario quien realiza los anuncios sobre alguna materia y establece compromisos públicos, los ciudadanos instintivamente tienden a dudar de lo que él está diciendo y desconfían de los alcances de sus propuestas. En otras palabras, da lo mismo lo que diga, incluso si hay o no un relato, la mayoría de la ciudadanía ya tiende simplemente a no creerle.

Es así, como el Presidente Piñera en estos 2 años de gobierno, no le ha ido bien intentando solucionar sus problemas de popularidad. Entendiendo que esta falencia se basa en el ítem credibilidad y confianza, el gobierno desarrolló la campaña Chile Cumple, la cual intenta por medio de una millonaria contratación de publicidad a lo largo de todo el país, demostrar que se está cumpliendo con parte de las promesas que hizo durante la campaña.

Ciertamente el diseño comunicacional del Gobierno fracasó y si no hace cambios ahora, no habrá vuelta atrás y jugará en contra de sus ministros presidenciables. La teoría del sentarse a esperar que la opinión pública cambie al percatarse del cumplimiento de las promesas, es poner todas las fichas a una estrategia que no ha dado sus frutos y que en el corto plazo tampoco los dará. Lo que implicaría que el Presidente pase a ser irrelevante políticamente (síndrome del pato cojo) y la consolidación de campañas presidenciales de sus ministros mientras siguen en ejercicio de sus cargos.

Lo único que puede salvar al presidente Piñera de que la historia lo considere uno de los peores mandatarios al momento de abandonar su cargo, es que alguien de sus filas lo suceda. Para ello, tiene que tomar una decisión que debe ir en contra de sus instintos y personalidad. No caer en la tentación de usar la popularidad de sus ministros presidenciables a su favor. Si no más bien, dar un paso al costado en sus apariciones públicas con ellos, dejando que tomen las  vocerías de sus carteras y evitando contaminarse con la imagen presidencial. Solo así la derecha tendrá la posibilidad de mantenerse en el gobierno.

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