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Restricción vehicular y políticas urbanas, ¡ahora!

por 7 junio, 2012

Creo que ha llegado la hora de dotar al Metro de Santiago, de una capacidad gerencial directa sobre las licitaciones y operaciones del transporte en superficie. Por qué insistimos en que el Metro sea un “operador más”, cuando podría ser el “director” del sistema general.
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Santiago de Chile vive una crisis de tráfico sin precedentes. Ha crecido el parque vehicular más del doble del aumento productivo del país. Las acciones gubernamentales se han mostrado marcadamente insuficientes, siendo sólo las vías exclusivas y reversibles y la operación “heroica” del Metro los elementos más rescatables.

Es impresentable que en nuestras ciudades los proyectos inmobiliarios no asuman oportunamente la totalidad de sus externalidades. Es cierto que existen deficiencias legales e institucionales, no obstante, es perfectamente posible avanzar en algunas direcciones que fortalezcan el transporte público, que es en última instancia el principal de los factores de congestión y contaminación en nuestra ciudad.

No existe ninguna razón relevante para que Santiago de Chile no tenga una restricción vehicular particular como la que tiene la ciudad de Bogotá. Debiéramos pasar a un sistema de restricción vehicular para todos los vehículos, con o sin convertidor catalítico vigente, ello permitiría superar la “simbólica restricción actual” que no llega al 5% del parque, mejoraría la circulación y el ambiente y, de paso, haría corresponsables a los automovilistas para construir una ciudad más sana, vivible y transitable.

Creo que ha llegado la hora de dotar al Metro de Santiago, de una capacidad gerencial directa sobre las licitaciones y operaciones del transporte en superficie. Por qué insistimos en que el Metro sea un “operador más”, cuando podría ser el “director” del sistema general.

Ha llegado el minuto de “dejar el auto en casa”, lo más que se pueda. Por cierto el mecanismo de esta restricción general es uno de ellos, la tarificación del acceso al centro de la ciudad, como en Londres, deberá ser otra medida y una fiscalización cualitativamente superior para el respeto irrestricto de las vías exclusivas y reversibles es otro aspecto esencial.

Es el valor superior del bienestar general en la ciudad debe primar sobre los intereses particulares. Tendremos que esperar unos “días más” cuando lleguemos a una  fase más invernal, para volver a los múltiples reportajes en la TV de niños y adultos mayores en condiciones críticas ¿Por qué “eso es inevitable”, si disponemos de medidas posibles?

Estas acciones ahora deben ir acompañadas de una planificación urbana más rigurosa, con acento en la recuperación de barrios y el “desarrollo hacia dentro” de las ciudades y con instrumentos que impidan verdaderamente que los intereses inmobiliarios desmedidos hagan tabla rasa del interés general y, de paso, de los propios instrumentos y reglamentaciones que existen, porque  “pagar la multa” o “judicializar la cuestión” parece ser más barato que cumplir la normativa.

Finalmente, es la mejora del transporte público la otra clave para una ciudad vivible y eficiente. Creo que ha llegado la hora de dotar al Metro de Santiago, de una capacidad gerencial directa sobre las licitaciones y operaciones del transporte en superficie. Por qué insistimos en que el Metro sea un “operador más”, cuando podría ser el “director” del sistema general.

Es la hora de decisiones políticas fundamentales para la capital. Se requiere valor, coraje, rigor profesional y sobre todo una política al servicio de las grandes mayorías ciudadanas y no de los apetitos inmobiliarios  que no parecen tener límites.

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