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Chile en la conciencia nacional del Perú

por 8 junio, 2012

La amenaza hacia el Perú no está en “el Sur”, no es “externa”, no es Chile, sino que está concentrada en la debilidad institucional estructural de su Estado, en la falta de cohesión nacional y en la lacra de la corrupción, que no solo afecta al Perú, sino que en toda Sudamérica.
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Las sorpresivas declaraciones del mandatario Ollanta Humala en cuanto a que existiría un espacio territorial en el norte de Arica en disputa entre ambos países, no solo sacaron ronchas en el Gobierno, sino que ilustran, una vez más, las tendencias contradictorias en las cuales bañan las diversas élites políticas y económicas peruanas y la sistemática utilización instrumental de Chile: A mayor debilidad política del régimen, mayor es la politización de los conflictos con Chile, menor es la confianza mutua generada entre ambas capitales. Queda, además, de manifiesto una problemática lejos más compleja: ¿Solucionaremos, algún día, las relaciones de desconfianza mutua políticas y militares entre ambos Estados?

Está anclada en la psiquis socio-política peruana, y en particular en la retórica de algunos académicos del otro lado de la frontera norte, la idea según la cual Chile debe, junto con “pedir perdón” por la Guerra del Pacífico, sus consecuencias inmediatas y efectos posteriores, “involucrarse en un proceso de reconciliación internacional con Perú” —y de paso con Bolivia—. Chile, aparece, bajo esta lógica, como la entidad agresora, cuyo accionar y actuar político y militar se realizó fuera de toda legitimidad internacional, aquella de finales del siglo XIX. Chile aparece apuntado como la fuente primigenia del trauma psicopolítico peruano que le aqueja.

La existencia de un “Trauma psicopolítico” peruano, asociado a una tendencia educacional, intelectual y política asociada a una transmisión transgeneracional del mismo, de generación en generación, cristaliza esta percepción chilena: la sociedad peruana no deja de rememorar, con la ayuda instrumentalizada de una parte de su clase política, y ahora desde sectores académicos, la perdida territorial de Arica, la Ocupación chilena de Lima y la perdida de una guerra que no hizo más que abrir heridas internas en la sociedad peruana. Heridas que dejaron entrever que las causas de la conflagración están en el interior mismo de sus fronteras, ahora nacionales, y no en Chile.

Existe un consenso en la clase política chilena, en orden a considerar que el accionar de Torre Tagle, la Cancillería peruana, se inspira en una representación geopolítica “decimonónica” de sus relaciones con  Sudamérica y en específico con Chile. El ejemplo más claro es la utilización sistemática que hace de Bolivia a fin de impedir y obstruir la conciliación de intereses bilaterales, recordemos, tan solo el triste episodio del ofrecimiento del Puerto de Ilo para la exportación del gas boliviano, justo en momentos en que Chile negociaba exitosamente dicho mismo acuerdo. Se identifica, en Chile, la existencia de una lógica sistemática peruana en orden a “competir” con Chile en todo orden y grado. ¿Cuál fue la primera frase del “camarada Artemio”, luego de su apresamiento?

En Santiago, la idea de la necesidad de inaugurar un proceso de “reconciliación internacional” con Perú y Bolivia no existe. Y no existe por la sencilla razón que se considera la guerra de 1879 como “justa”. Se considera que todas las acciones y decisiones llevadas a cabo en dicha conflagración se inscriben en la legitimidad de la época, aquella del siglo XIX, cuando la guerra interestatal era considerada mundialmente como un medio legitimo para resolver disputas territoriales y fronterizas, también las luchas por alcanzar el control político o militar sobre determinados espacios. Chile, al ocupar Lima, absorber soberanamente Arica e invadir el Perú, no hizo más que imitar la conducta natural y normal de todas las potencias de la época. Por lo anterior resulta contraproducente, idealista y utópico pensar que Chile asumirá la carga del “agresor”, cuando solo defendió y promovió intereses nacionales vitales. También lo es juzgar hechos del pasado y estudiarlos con los ojos del presente. Lo anterior no hace más que alimentar artificialmente traumas psicopolíticos y ser incapaces de mirar hacia el futuro.

La amenaza hacia el Perú no está en “el Sur”, no es “externa”, no es Chile, sino que está concentrada en la debilidad institucional estructural de su Estado, en la falta de cohesión nacional y en la lacra de la corrupción, que no solo afecta al Perú, sino que en toda Sudamérica.

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