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Felicidad e impuestos: lo que el debate en Chile ha dejado pasar

por 17 junio, 2012

Un aumento de impuestos puede ayudarnos a salvar el planeta. Hoy en día estamos ad portas de una catástrofe ecológica irreversible y necesitamos urgentemente cambiar los hábitos de consumo que han puesto al medioambiente en riesgo. Si los impuestos nos llevan a trabajar menos, o simplemente a “ganar” menos dinero, esto se traducirá en menos consumo y en menos presión por la producción de bienes que utilizan intensivamente recursos no renovables. Si es así, bienvenidos los impuestos si estos nos ayudan a proteger el clima, la biodiversidad y las aguas.
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Durante los últimos meses nuestro país ha estado discutiendo fuertemente una posible alza tributaria. Y tal como ha sucedido por siglos, han surgido voces a favor y en contra. Lamentablemente, los argumentos utilizados han caído en “más de lo mismo”, destacando la ausencia de miradas modernas e innovadoras del problema.

Los argumentos de quienes se oponen son ya bastante conocidos. Se plantea que impuestos mayores (a las empresas) desincentivarán la inversión, y por lo tanto la creación de empleo. Se sostiene también que tributos más altos (al trabajo, por ejemplo) disminuirán las motivaciones a buscar empleo y/o incrementarán el “ocio”. En resumen, colapsos en el mercado laboral.

¡Absurdo!

A las empresas inversionistas no sólo les interesan los impuestos a pagar. Les interesan también la estabilidad económica, el sistema institucional y la seguridad jurídica del país al que llegan. Chile ha demostrado ser un líder regional en estos temas y los empresarios lo saben. Además, nuestros impuestos están muy por debajo de los tributos que pagan naciones desarrolladas y eso es innegable. Por lo tanto, en Chile hay espacio suficiente para este tipo de medida.

Pero olvidémoslos por un minuto de los argumentos tradicionales a favor y en contra. ¿Hay razones adicionales para justificar un alza tributaria?

Sí. La nueva Ciencia de La Felicidad tiene mucho que decir.

Un aumento de impuestos puede ayudarnos a salvar el planeta. Hoy en día estamos ad portas de una catástrofe ecológica irreversible y necesitamos urgentemente cambiar los hábitos de consumo que han puesto al medioambiente en riesgo. Si los impuestos nos llevan a trabajar menos, o simplemente a “ganar” menos dinero, esto se traducirá en menos consumo y en menos presión por la producción de bienes que utilizan intensivamente recursos no renovables. Si es así, bienvenidos los impuestos si estos nos ayudan a proteger el clima, la biodiversidad y las aguas.

Comencemos, por tanto, con una pregunta central. ¿Cuál es nuestro principal objetivo de vida? Hoy en día hay un gran consenso de que ese objetivo (así como lo planteara Aristóteles) debiera ser la búsqueda de nuestra felicidad. Sí, nada más y nada menos que felicidad. Después de todo, ser felices es a lo que debiéramos aspirar todos los seres humanos. Pero al hablar de felicidad no estamos hablando sólo de estados de ánimo momentáneos, sino que de una felicidad que ayude a encontrarle sentido y proyección a la vida.

En este sentido, el recientemente lanzado Informe de Felicidad Mundial (IFM), editado por los famosos economistas Richard Layard, John Helliwell y Jefrey Sachs, ha ahondado en el estado de esta variable en el mundo, en sus causas y consecuencias, y en recomendaciones de políticas públicas. Los resultados son sorprendentes y debieran abrirnos la mirada en torno al debate tributario en Chile.

El informe deja entrever al menos 4 aristas en las cuales el estudio de la felicidad podría clarificar la nebulosa sobre si aumentar o no los impuestos.

Primero, el reporte (que analizó más de 150 países durante los últimos 6 años), ha demostrado que si bien el ingreso monetario es un factor importante en la felicidad humana, no es el más importante. Pero más interesante aún, la investigación ha demostrado que el ingreso genera mayor felicidad, pero a tasas decrecientes. Es decir, mientras más ingreso tengamos, cada peso extra nos dará menor y menor felicidad adicional. Desde este punto de vista, un aumento tributario es absolutamente justificable y necesario. Los más ricos no debieran sufrir con la pérdida de ingreso producto de mayores impuestos, mientras que los más pobres ganarían tremendamente a raíz de los beneficios que el Estado les otorgaría.

Segundo, ha quedado demostrado que los individuos nos preocupamos más de nuestro ingreso relativo que de nuestro ingreso absoluto. Por ejemplo, si mi ingreso y el ingreso de toda la población (o de mis amigos) aumenta al mismo tiempo, mi felicidad casi no cambia. Sin embargo, si sólo aumenta mi ingreso y el del resto permanece constante, mi felicidad se ve aumentada sustancialmente. Por lo tanto, la lección es que cada peso extra que recibo, si sólo lo recibo yo, aumenta mi satisfacción a tasas decrecientes, pero disminuye la felicidad del resto de la sociedad. Por lo tanto, en la medida que me vaya haciendo más rico, voy haciendo más infelices a mis pares. Es aquí donde surge otro argumento para un incremento de impuestos. Debiéramos lograr gravar aquel ingreso adicional que no me produce mayores beneficios, pero que sí hace infeliz a la sociedad.

En tercer lugar, Richard Layar del London School of Economics, plantea que lo que la economía tradicional ha visto como un peligro, para ciencia de la felicidad es una oportunidad. Por ejemplo, efectivamente mayores impuestos al trabajo pueden aumentar el “ocio” y disminuir las ganas de trabajar. Pero si pasa eso (hablando de personas no en la línea de pobreza, por supuesto), bienvenido sea pues aumentará nuestro tiempo libre para disfrutar la vida. Los hallazgos han demostrado que la familia y las relaciones sociales son por lejos el factor que más impacta en la felicidad individual y nacional, pero nos falta tiempo para ellas. Por lo tanto, si bien es cierto que impuestos mayores pueden llevar a los individuos a trabajar menos horas, aquí es donde precisamente radica la ventaja. Quizás el aumento de impuestos nos puede quitar dinero, pero a cambio nos dará tiempo libre para disfrutar la vida. Tiempo libre que definitivamente hubiese sido muy difícil tomar voluntariamente.

Finalmente, un aumento de impuestos puede ayudarnos a salvar el planeta. Hoy en día estamos ad portas de una catástrofe ecológica irreversible y necesitamos urgentemente cambiar los hábitos de consumo que han puesto al medioambiente en riesgo. Si los impuestos nos llevan a trabajar menos, o simplemente a “ganar” menos dinero, esto se traducirá en menos consumo y en menos presión por la producción de bienes que utilizan intensivamente recursos no renovables. Si es así, bienvenidos los impuestos si estos nos ayudan a proteger el clima, la biodiversidad y las aguas.

En fin, la nueva ciencia de la felicidad nos ha iluminado con argumentos frescos que pueden incorporarse al debate tributario. Es de esperar que sean tomados en cuenta y no pasados por alto en un Chile que pretende ser un Chile feliz. El planeta, y los más pobres lo agradecerán.

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