jueves, 21 de enero de 2021 Actualizado a las 11:37

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La metamorfosis del capitalismo

Todo lo que se ha expresado demuestra que no son incompatibles los Estados fuertes e intervencionistas con economías abiertas que reconocen derechos de propiedad y utilizan el mercado como asignador de recursos. Muy por el contrario, la metamorfosis del capitalismo a partir de la crisis en curso obligará a repensar esta materia en la que en el caso de Chile, por ataduras de la Constitución de 1980, el Estado tiene facultades limitadas que no se compadecen con las urgencias con que es necesario afrontar los problemas económicos por los gobernantes.
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La crisis económica en curso desde el año 2008, ha demostrado que como toda crisis no es sólo económica, sino que se traduce en un conjunto de procesos que afectan la institucionalidad política y social de los países afectados.

La crisis está demostrando como el llamado capitalismo se ajusta brutalmente a las nuevas realidades y con ello se da cuenta de lo que se ha sostenido reiteradamente en orden a que sus crisis son tan complejas como imprevisibles sus  resultados.

Tres grandes economías del mundo reflejan distintas maneras de enfrentar la crisis y lo que es más notable en todos los casos, el capitalismo clásico y su hijo putativo el neoliberalismo, que habían adjurado del Estado reiteradamente, ha terminado por desarrollar conductas que demuestran que en definitiva hoy se sostienen precisamente por la labor de los Estados en los casos paradigmáticos que analizamos.

Las respuestas no han sido naturalmente idénticas y por eso es bueno analizar tres ejemplos concretos.

Estados Unidos, donde se origina la crisis, reacciona de conformidad a su potente economía y aplicando clásicas doctrinas, lleva a la quiebra a muchas instituciones financieras. En otros casos el Estado adquiere acciones en forma masiva de instituciones financieras y de industrias emblemáticas del sector automotriz, entre otras. De esta forma el Estado ejecuta una gigantesca intervención y evita el colapso de su economía y mantiene su intervención en el mercado monetario ofreciendo bajas tasas de interés, sancionando drásticamente a los especuladores y delincuentes económicos y consigue equilibrar su situación. En modo alguno ajeno a esta crisis la política sufre un vuelco, elige un presidente impensado hace cinco o seis años atrás y maneja institucionalmente esta fase del capitalismo, en un estilo a la chilena de 1982 y 1983, con la diferencia que profundiza la acción estatal al adquirir el dominio por el Estado de empresas.

Todo lo que se ha expresado demuestra que no son incompatibles los Estados fuertes e intervencionistas con economías abiertas que reconocen derechos de propiedad y utilizan el mercado como asignador de recursos. Muy por el contrario, la metamorfosis del capitalismo a partir de la crisis en curso obligará a repensar esta materia en la que en el caso de Chile, por ataduras de la Constitución de 1980, el Estado tiene facultades limitadas que no se compadecen con las urgencias con que es necesario afrontar los problemas económicos por los gobernantes.

Un segundo ejemplo de esta metamorfosis del capitalismo se da claramente en Europa, donde la crisis está viviendo un proceso todavía crítico. Se observa una gigantesca intervención supra estatal, que la diferencia de Estados Unidos precisamente en que a pesar de no  ser un solo país, ni tener una autoridad económica común, de facto, los poderes estatales dominantes de Europa actuando unidos imponen sus  decisiones  en forma casi absoluta a los países con mayores problemas, por ahora. Esta intervención supra estatal se disfraza hábilmente mediante créditos que constituyen una redenominación de deudas existentes, que en gran parte se deben por los países endeudados a otros de  Europa que les prestaron dinero. De esta forma existiendo un interés mutuo  se opera en la práctica como si existiera una autoridad económica central. Los efectos políticos de la crisis en Europa ya se han mostrado, pero sin duda esta forma de operación del capitalismo supranacional no estará exenta de problemas sociales y políticos mucho más serios de los que se han visto hasta ahora.

Un tercer ejemplo  lo observamos en el caso de China, en el que a pesar de todos los pronósticos que señalaban la absoluta incompatibilidad entre un régimen dictatorial o autoritario de partido único de carácter comunista con el mercado, han coexistido.

Así se ha desarrollado sorprendentemente una política no democrática con una economía con propiedad privada y un mercado excepcionalmente abierto al comercio internacional. No escapará al lector la curiosidad de este fenómeno que representa una simbiosis entre el Estado, en una de sus expresiones más brutales, con una economía como la que opera en China. Curiosamente no se cumplieron los designios reiteradamente sostenidos por políticos y economistas en orden a que el mercado chino fracasaría como asignador de recursos si China no se abría a una democracia occidental. Aunque nadie sabe en el futuro que podrá ocurrir, la evidencia de los últimos años es demostrativa de que ha podido coexistir una economía capitalista con un Estado omnipresente, que interviene y que tiene una participación activa en las decisiones económicas  de mediano y largo plazo.

Todo lo que se ha expresado demuestra que no son incompatibles los Estados fuertes e intervencionistas con economías abiertas que reconocen derechos de propiedad y utilizan el mercado como asignador de recursos. Muy por el contrario, la metamorfosis del capitalismo a partir de la crisis en curso obligará a repensar esta materia en la que en el caso de Chile, por ataduras de la Constitución de 1980, el Estado tiene facultades limitadas que no se compadecen con las urgencias con que es necesario afrontar los problemas económicos por los gobernantes.

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